Salvo admirables excepciones, como en el caso del tenis, los uniformes que lucen las deportistas no se caracterizan por ser demasiado bonitos. De hecho, la mayoría de deportistas están mejor sin el uniforme que con él.
Curiosamente, los trajes más feos suelen ser aquellos que se intentan hacer bonitos a propósito, como los maillots de las chicas de gimnasia rítmica, las trajes de baños de las chicas nado sincronizado o los inexplicables atuendos de las sufridas patinadoras sobre hielo.
Por ese motivo, nadie se fijó en Anna Semenovich en los campeonatos del mundo de patinaje sobre hielo de 1998 y 2000, aunque debajo de su indescriptible maillot rojo con transparencias se escondía una espectacular figura.
Por eso nadie reparó en que, debajo de aquel uniforme que despertaba de todo menos morbo, había una portada de FHM, de Maxim y de otras revistas masculinas y un esplendoroso futuro como modelo.
¿Querés ver qué hay detrás de ese traje?



