Análisis y opinión

Cristina Kirchner lo hizo de nuevo: ahora su avance incluye un "operativo clamor"

¿Cuántos políticos de los que despiertan adhesiones y rechazos pueden decir, además, que generan temor, como ocurre con Cristina Kirchner?

Cuando Cristina Kirchner habla, y habla bastante, suele cerrar algunas de sus potentes frases apelando a términos cancheros del habla popular. Ahora usa el ¡Mamita!, palabra que ella adorna con esas inflexiones de voz y esos gestos sobre el cabello que son su marca registrada. Pero no se contenta con decirlo una vez. Conocedora del impacto que producen, suele repetir el ¡Mamita! dos o tres veces. En el acto del sábado pasado (2/7) en homenaje a Perón dijo además ¡caracho! para demostrar enojo, y pidió "acercar el bochín".

¡Mamita!, dicho por Cristina, genera cosas anexas. Ella afirma, por ejemplo, "Si Evita los viera...¡Mamita!; con todo lo que hizo Evita...¡Mamita!" reitera para que se entienda que algunos sectores del ámbito piquetero y planero que responden a Alberto están usando el nombre de Eva Duarte en vano.

Ahora, cada vez que Cristina habla, cae un ministro de los de Alberto. Y también ahora son muchísimos los argentinos que han empezado a decir ¡Mamita! para referirse a la chirriante interna en vivo del Gobierno nacional.

La cuestión es que ella habla cada vez más seguido, o genera información sobre sí misma, como si estuviera aún en alguna de sus dos presidencias formales, aquellas en las que nos sofocaba con sus espiches en la cadena nacional de radio y TV. En la actual gestión del Frente de Todos su cargo formal es el de vicepresidenta, pero su cargo real, es otro. Y cada vez es más notorio.

A esta altura ¿qué ministro de Alberto puede durar tras las embestidas de Cristina? Con Alberto débil como nunca y con la vicepresidenta dispuesta a volver a pelear por la presidencia de la Nación en 2023, es imposible. Todo tiene que tener su okey. Ella tiene la última palabra.

La devoción de Cristina

Lo confirmó el propio ministro Martin Guzmán cuando el sábado 2 de julio anunció su renuncia justo en el mismo momento en el que Cristina, desbordaba de palabrerío y de verdades reveladas y declaraba su supuesta devoción por Juan Domingo Pérón a 48 años de la muerte del creador del peronismo.

El poder real en la Argentina se ha ubicado del lado de la vicepresidenta. Cada vez que ella sube a un escenario o da a conocer una de sus cartas al país, marca agenda y fija temarios. Sus apariciones son para decirle al Presidente de la Nación cómo debe gobernar o para sugerirle a quien debe echar por no funcionar.

Alberto que en anteriores ocasiones había amenazado (más bien, soñado) con pelearle de igual a igual a su socia política, es hoy un hombre desprovisto de lapicera y del poder de convencimiento.

Desde hace varios meses Cristina viene cumpliendo un llamativo número de encuentros (algunos reservados) con dirigentes locales, economistas, gobernadores del peronismo feudal, intendentes del Conurbano e incluso con funcionarios del propio Alberto Fernández a los que la Vice está convenciendo de que vuelvan a su lado. En esos encuentros figuran hasta funcionarios de los Estados Unidos.

Cristina versión Heidi

El acto recordatorio de Perón, en Ensenada, le sirvió también a la Vice para exhibir algunos tonos de moderación en su discurso, algo típico del político que quiere lanzarse otra vez a buscar el voto popular. Si alguien busca volver a la Presidencia debe moderar su lengua.Empero, nunca debemos olvidar que lo de ella es el show, es mostrarse, dar cátedra.

¿Cuántos políticos de los que despiertan adhesiones y rechazos pueden decir, además, que generan temor?, como ocurre con Cristina incluso dentro del peronismo no kirchnerista. Maquievelo sigue vigente.

El otro dato a tener en cuenta es que para consolidar su vuelta presidencial, Cristina debe apelar al apoyo de todo el aparato del Partido Justicialista. Con el favor del camporismo y del kirchnerismo no va a ningún lado. Es la misma Cristina que en numerosas ocasiones no dudó en bajarle el precio a esa estructura partidaria.

El pejotismo

¿Cómo olvidar cuando Cristina y su extinto esposo Néstor Kirchner se mofaban del "pejotismo?". Querían hacernos creer que ellos habían venido a superar esa cosa. Hablaban de movimientos transversales y decían que el PJ era una antigüedad. De la misma manera, y durante mucho tiempo, Cristina habló muy críticamente del papel que había cumplido Perón en la década del '70 del siglo pasado cuando echó de la Plaza de Mayo a la "juventud maravillosa" referenciada en los Montoneros.

En las redes sociales el camporismo bate el parche con la idea de que "Cristina es la única salida", lo cual ha sido leído como una especie de "operativo clamor" como se dice desde las superestructuras partidarias cuando se quiere imponer un candidato a como dé lugar.Sin embargo todo indica que tanto Alberto como Cristina son hoy dirigencia devaluada cuyas desavenencias son parte de los "disparadores de intranquilidad social".

Cada vez que las papas queman, Alberto Fernández tira señales para conformar nuevamente a Cristina, pero eso siempre le ha dado resultados adversos, porque la dama invariablemente quiere nuevas señales. El viernes pasado el Presidente protagonizó uno de los actos más inesperados de su gestión. Canceló toda su actividad oficial para viajar a Jujuy y visitar a la condenada por la Justicia MIlagro Sala. El gesto, un triste manotón de ahogado, no le sirvió de nada. Cristina continuó riéndose de él en público por sus equivocaciones del tipo "Garganta profunda" en lugar de "Garganta poderosa".

Si todo esto es de película, debe admitirse que no se trata de una de amor.

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