La convención política más elemental en una democracia republicana enseña que cuando los representantes de una nación viajan en misión oficial a otro país, deben incluir a miembros de la oposición. Es una forma de demostrar a los anfitriones que esa delegación representa a todo un país.
Cómo entender el ninguneo de la Casa Rosada a la "institución Gobernador de Mendoza"
La institución "gobernador de Mendoza" (y no el apellido circunstancial de quien la encarne) ha vuelto a ser castigada por la Casa Rosada. La ignoraron, a sabiendas, a la hora de armar la comitiva oficial argentina que viajó a la asunción del nuevo presidente de Chile, Gabriel Boric. En cambio, esa delegación incluyó a personajes tan poco representativos para las relaciones de Argentina y Chile como Victoria Donda.
No hubo opositores en la delegación argentina a Chile pese a que Juntos por el Cambio acababa de apoyar con su voto en la Cámara de Diputados el acuerdo del Gobierno de Alberto Fernández con el FMI.
Ese pacto con los acreedores, tan necesario para el Gobierno y el país, no fue, sin embargo, avalado ni por el kirchnerismo ultra ni por La Cámpora, pese a ser éstos parte del Ejecutivo. El entorno de Cristina mina de manera constante la autoridad de Alberto Fernández y parece no haber drama.
Sin embargo, el Presidente no ha podido superar que Mendoza haya discrepado de posiciones del Ejecutivo nacional y que los postulantes del kirchnerismo peronista no hayan tenido ningún éxito en las elecciones de los últimos años en esta provincia.
¿Qué protocolo?
Mendoza es, sin duda, la provincia argentina que guarda más lazos históricos con Chile. Aquí San Martín formó el Ejército Libertador que liberó a Chile del poder español. Por el paso internacional ubicado en esta provincia, que es el cruce más importante de todo el oeste argentino, discurre la mayor parte del comercio y del turismo terrestre con la patria de Neruda.
Los nombres de Chile y del prócer trasandino O'Higgins se repiten en calles y paseos de Mendoza, algo que se replica del otro lado de la cordillera con San Martín y Mendoza.
Es decir, que es casi imposible -para cualquier protocolo de la Nación- no tener en cuenta a esta provincia al momento de armar una comitiva para asistir a un traspaso presidencial en La Moneda. Pero no es la primera vez que ocurre esto en la gestión de Alberto Fernández.
En enero de 2021, cuando la pandemia había amainado un poco, hubo una visita oficial de dos días a Chile, donde Alberto Fernández se reunió con su par Sebastián Piñera. Ya en esa ocasión Mendoza había sido obviada. En cambio, sí fueron incluídos los gobernadores de San Juan, La Rioja, Catamarca y Salta, todos del oficialismo nacional.
Ese mismo modo de actuar contra un gobernador de un signo distinto al de la Casa Rosada, se vivió en enero pasado cuando Alberto Fernández hizo una visita a la provincia de San Juan y junto al gobernador Sergio Uñac tuvieron un muy comentado destrato hacia la delegación mendocina encabezada por el vicegobernador Mario Abed, quien suplantaba al gobernador Rodolfo Suarez, de vacaciones.
Dinamita
Como contrapartida, y a diferencia de lo que vivimos en nuestro país con Cristina Kirchner que se negó a entregar los atributos presidenciales a Mauricio Macri, en Chile un presidente de derecha es el que ha abrazado al nuevo mandatario de izquierda y entregado el bastón de mando con una sonrisa porque eso es lo que había dispuesto el pueblo chileno.
Ese mismo gobierno de derecha de Sebastián Piñera es el que terminó propiciando, claro que obligado por la eclosión social que arrancó en octubre de 2019, el llamado a una Convención Constituyente para dictar la nueva Constitución de Chile que reemplazará la que el dictador Augusto Pinochet impuso durante su tiranía.
Lo concreto es que este ninguneo a Mendoza habrá que incluirlo en la seguidilla de dislates de un Ejecutivo nacional que toma muchas de sus decisiones presidenciales pensando en dejar conforme a Cristina y La Cámpora y no en el interés de la Nación.
Algunas sonoras torpezas que se cometen en la política suelen esconder el pecado de la estupidez. La maldad, que es un defecto más complejo, tiende a traducirse en acciones injustas hechas a propósito. Juntas, la estupidez y la maldad, son dinamita.



