Enjaulado. Día 1. Me dicen: hacé de cuenta que estás en Silicom Valley y que trabajás desde la casa. Minga. Alberto Fernandez y Rodolfo Suárez ya nos hicieron subir al tren, y hoy desperté en Siberia, con nieve en pleno marzo.
Reviso mis últimas columnas en Diario UNO. Una de ellas, de hace 9 días habla de una Mendoza convertida en Babel. Gentes de todo el mundo convocadas por la Vendimia.
Restoranes y hoteles llenos. Calles repletas en la Vía Blanca y el Carrusel. Yonis, tanos, gallegos, franchutes, garotos y paulistas. Tres noches a full en el anfiteatro.
Y un par de días después, la hecatombe. Terremoto seguido de tsunami. No puedo menos que acordarme de los artistas de la Vendimia que nunca se iban del escenario e insistían en que los aplaudieran. ¿Cómo no se exigió lo de la cuarentena antes?
A veces nos quejamos de lleno. Si no fuera por el cepo al dólar de Alberto y de Martín Guzmán, se hubiera triplicado la cantidad de argentinos que desde diciembre hubieran viajado a Italia, a España, a Asia, a Estados Unidos y hubieran vuelto contagiados.
El ministro de las tres G (Ginés González García) dijo a mediados de febrero que el coranavirus iba a tardar en llegar a la Argentina. De llegar, será después del verano. Sí, Juan.
Con el verano aún a cuestas estamos con el país en cuarentena, sin clases, y con el corazón en la boca. Perdón, pero ¿ha reparado en esa imagen? Se ve a usted mismo con un corazón latiendo en su boca. Un asco.
Me acuerdo
Hurgo en mi memoria. ¿Hay alguna sensación que se parezca a ésta del coronavirus? Lo primero que me salta es la noche del 1 de abril de 1982. Estoy en la cocina de mi departamento en Luján de Cuyo. Mi mujer trata de dormir a mi hija mayor de 1 año. Y yo estoy pegado a la radio.
Estamos invadiendo las Malvinas. ¿Estamos? Siento mucha bronca. Me enerva que un general borrachín nos esté llevando a una guerra para prolongar una dictadura.
Pienso en mi hija ¿Criarla en medio de una guerra? ¿Y si me convocan? Hice el servicio militar en la infantería de Marina. ¿Nunca vamos a tener paz en este país? me pregunto mientras maldigo a esos militares y los golpes de Estado.
La parálisis
El otro recuerdo que se me activó con esto de la nueva peste es mucho más antiguo. Es de fines de los años '50 y tiene que ver con la poliomielitis, un virus que afectaba la médula espinal y que producía parálìsis en los niños.
La imagen que a mí me quedó grabada fue un debate que hubo en mi casa acerca de si a mí me tenían que vacunar o no. Gente poco informada había infundido temor con la loca idea de que la vacuna dejaba a los niños con parálisis en lugar de curarlos.
Del debate participaban parientes y vecinos. Creo que fue mi padre el que puso fin a la discusión: “acá hay que hacerle caso a lo que diga el médico”.
Por eso, por más que ahora me sienta como un deportado en Siberia por no poder salir de mi casa, agradezco aquella frase de mi viejo, trato de tomar esta pandemia con algo de humor y calma, y repito: “acá hay que hacer lo que diga la ciencia”.



