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Harrison Okene, un cocinero de barco de 29 años, logró sobrevivir dos días atrapado bajo el agua congelada del Atlántico. Lo salvó una inmensa burbuja de aire que se formó bajo un barco remolcador.

Todavía existen los milagros: sobrevivió dos días bajo el agua respirando en una burbuja de aire

Por UNO

Harrison Okene, un cocinero de barco de 29 años, logró sobrevivir dos días atrapado bajo el agua congelada del Atlántico. Lo salvó una inmensa burbuja de aire que se formó bajo un barco remolcador. Estaba seguro de que iba a morir cuando su embarcación naufragó por el fuerte oleaje a unos 30 km de la costa de Nigeria, publica abc.es

De las 12 personas a bordo, los buzos recuperaron 10 cadáveres, mientras que Okene fue declarado en paradero desconocido. Se mantenía vivo respirando en una burbuja de aire de poco más de un metro mientras se hundía lentamente. Fue su refugió hasta que dos buceadores sudafricanos le rescataron.

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"Estaba allí en el agua en total oscuridad pensando que era el final. Pensaba que el agua iba a llenar la habitación, pero no lo hizo", explica Okene. Además, algunas partes de piel se le estaban pelando por el agua salada. "Tenía mucha hambre, pero sobre todo sed", explica recordando su lucha por la supervivencia.

Estaba en el bañoEran las 4:50 de la madrugada del 26 de mayo. Okene estaba en el baño cuando se dio cuenta de que el barco se hundía. A medida que entraba el agua la embarcación se iba dando la vuelta. "Cuando salía del baño traté de buscar la salida a través de una escotilla de agua",explica Okene a Reuters desde Warri.

"Había tres tipos delante de mí y de repente entró el agua con gran fuerza. Vi cómo el agua se llevaba al primero, al segundo y al tercero. Sabía que estaban muertos", recuerda.

Lo que no sabía es que pasaría los siguientes dos días y medio atrapado bajo el mar, rezando para que lo encontraran. Alejándose de la única salida, Okene fue arrastrado a lo largo de un estrecho pasillo a otro baño, esta vez junto a la cabina de los oficiales del barco, mientras el barco volcado se estrellaba contra el suelo del océano. Para su sorpresa, seguía respirando.

Okene, que estaba en ropa interior, sobrevivió un día en el baño, sujeto a un lava manos volcado para mantener la cabeza fuera del agua.

Luego reunió coraje para abrir la puerta y nadar hacia el dormitorio del oficial, usando un panel a modo de pequeña balsa para salir del agua congelada.

Lo que Okene no sabía es que un equipo de buzos enviados por Chevron y el propietario del barco, West African Ventures, estaban buscando a los tripulantes, a los que creían muertos.

“Escuché el ruido de un martillo contra la embarcación. Boom, boom, boom. Nadé hacia el fondo y encontré un grifo. Quité el filtro de agua y golpeé el interior del barco con la esperanza de que alguien me escuchara. Entonces un buzo debió escuchar un sonido.

Los buzos entraron en el barco y le rescataron. Llegó a la superficie a las 19.32, más de 60 horas después de que el barco naufragara, explica el mismo portal.

Okene dice que pasó otras 60 horas en una cámara de descompresión donde su presión corporal recuperó la normalidad. Si se hubiera expuesto inmediatamente al aire exterior habría muerto.

Fuente: ABC.es