En tiempos inauditos, “inexperimentados”, conviene más que nunca echar la vista atrás, hasta uno de los pocos precedentes en los que podemos encontrar algo de luz sobre los efectos económicos de una pandemia: la mal llamada gripe española de 1918.
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La pandemia de gripe de principios del siglo XX, que se extendió entre enero de 1918 y diciembre de 1920 y que llegó a medio mundo, infectando a 500 millones de personas (la tercera parte de la población mundial de la época) y matando a 50 millones, provocó una reducción media del 18% en la producción industrial a escala estatal. Las zonas más expuestas sufrieron también un mayor volumen de quiebras de empresas y hogares. “Ese patrón”, destaca el estudio —titulado de forma contundente: Las pandemias deprimen la economía, las intervenciones de salud pública no—.
Y que “las intervenciones no farmacológicas [entre ellas, el cierre de colegios, teatros e iglesias; la prohibición de reuniones públicas y funerales; la puesta en cuarentena de los casos sospechosos y la restricción en los horarios de apertura de negocios] no solo redujeron la mortalidad: también mitigaron las consecuencias económicas adversas de la pandemia”, cierran los investigadores, los dos primeros de la Reserva Federal de EE UU y de la Reserva Federal de Nueva York y el tercero, del Massachusetts Institute of Technology (MIT).
“Las intervenciones no farmacológicas pueden tener réditos económicos, más allá de la reducción en la mortalidad”, concluyen los tres investigadores en el estudio, publicado el jueves pasado y del que primero se ha hecho eco Bloomberg. La experiencia “sugiere” que las urbes que aplicaron mayores medidas de distanciamiento social “también crecieron más en el medio plazo”, lo que les lleva a concluir que la pandemia “deprimió la economía, pero las intervenciones de salud pública no”.
Con todo, el estudio subraya las diferencias a la hora de trazar paralelismos entre aquel episodio de gripe y el coronavirus: el entorno económico estaba marcado por el final de la Primera Guerra Mundial y aquella enfermedad resultó ser mucho más mortal que la Covid-19, especialmente para los trabajadores jóvenes, lo que da pie a pensar en un choque económico mayor en aquella ocasión que hoy.
Por otro lado, la economía está hoy infinitamente más interconectada, con cadenas de suministro transnacionales y un peso mucho mayor del sector servicios y de las tecnologías de la información, “factores que no se pueden capturar en el análisis”, como reconocen sus autores.




