Al mejor estilo de una novela de Jonh Le Carré, Anna Chapman, una joven rusa, está en la lista de presuntos infiltrados en contactos de poder de Estados Unidos.

Espías que parecen modelos

Por UNO

WASHINGTON– John Le Carré no lo hubiera imaginado mejor. Contactos clandestinos en un banco a laentrada de Central Park en Nueva York, entregas de dinero en un sobre escondido dentro de un

periódico doblado que se deja caer en una papelera de Arlington, cerca de Washington; intercambio

de información entre espías rusos y agentes encubiertos del FBI a pocos metros de la Casa Blanca;

dos agentes rusos que, sin cruzar palabra, canjean maletines naranjas idénticos en un paso de

cebra.

Los supuestos espías lo mismo participaban en asociaciones comunales que asistían a cursos en

la universidad o dirigían negocios de bienes raíces, todo dentro de la más absoluta "normalidad",

en correspondencia con lo que la prensa califica de "vida estadounidense corriente". Si por algo

destacaban era por su carácter "ordinario", que los hacía "mimetizarse" perfectamente con su

entorno, de acuerdo con los perfiles de la mayoría de los detenidos que publican los medios de

comunicación.

"No podían haber sido espías porque no hay nada más que fijarse cómo ella cuidaba las

hortensias", comentó a los periodistas una joven de Nueva Jersey al enterarse de las acusaciones

que pesan sobre sus vecinos Richard y Cynthia Murphy.

Ellos, junto con otras nueve personas, eran parte de una red que presuntamente trataba de

infiltrarse en círculos políticos, universidades y grupos de cabildeo para recopilar información

sobre temas como el arsenal nuclear, Irán y el espionaje estadounidense a cambio de dinero del

Kremlin.

Uno de los acusados que más llama la atención de los medios periodísticos es Anna Chapman,

una mujer rusa de 28 años, quien declaró ser propietaria de una empresa especializada en

tecnología, internet, medios de comunicación y entretenimiento.

El FBI sostiene que Chapman se encargó de obtener información de un empresario estadounidense

y la transfirió a un funcionario ruso, con quien se reunía en una librería de Nueva York.

Entre los acusados también figura Christopher Metsos, de 54 años, quien alega tener

nacionalidad canadiense, y según funcionarios de EE.UU. recibió dinero ruso y trató de esconderlo

en un parque en el estado de Virginia. Metsos fue detenido en Chipre.

Mientras, una pareja –Michael Zottoli y Patricia Mills, administradores de negocios– fue

arrestada en su casa de Arlington.

Chapman se instaló en Nueva York en febrero de este año tras haber abandonado Moscú justo

después de su divorcio, informó el New York Post.

Por otro lado, en una entrevista publicada en el sitio de videos Youtube, Anya Chapman cuenta

que es una especialista en cazatalentos y que quiere desarrollar una red de reclutamiento de

jóvenes profesionales en las "dos ciudades del mundo donde hay más talentos, Moscú y Nueva York".

En el video, que forma parte de una serie titulada "Escuela en línea para start-up", la joven

cuenta haber vivido y trabajado durante varios años en Londres en una empresa de inversiones.

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La joven rusa Anna Chapman llamaba la atención de todos.
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