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Fuente: planetajoy
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Lácteos. Si se congelan, algunos lácteos se vuelven acuosos o pierden textura. Pero hay trucos: la crema puede freezarse solo si es de alto tenor graso, a punto Chantilly y con una pizca de azúcar. La leche también se puede guardar, pero solo en su envase original. En cuanto a los quesos, sólo se conservan bien los que tienen, al menos, un 40% de grasa (y se recomienda guardarlos fraccionados). Un no rotundo a congelar quesos untables y yogures.
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Papas crudas. Si estás pensando en ahorrarte unos minutos, pelar toda la bolsa de papas de una vez y congelarlas, no es buena idea: suelen tomar un color negro poco tentador. Sí podés guardarlas fritas, en puré o en tortilla durante 4 a 6 meses.
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Huevos. Si congelás un huevo crudo, la cáscara se va a romper con facilidad y la yema se va a expandir. Si tuvieras la suerte de que permanezca intacto, cuando lo rompas vas a ver que perdió consistencia y se puso gomoso. Mejor dejalos en la heladera.
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Latas. Para conservar correctamente los alimentos, las latas contienen líquidos en su interior que, cuando se solidifican, se expanden y adquieren un volumen mayor al de la capacidad del envase. Resultado: una explosión de película que terminarás limpiando las siguientes dos horas.
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Lechuga y otras verduras. Los vegetales con un alto contenido de agua (como la lechuga, el pepino, los rábanos o cualquier otra verdura de hoja) no pertenecen al segundo compartimento de tu heladera. Al descongelarlas, seguro pierden consistencia. Si estás empecinado en guardarlos, te sugerimos que lo hagas una vez cocidos, en sopas u otros preparados.
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Alimentos sueltos. ¿Alguna vez descongelaste un bife y notaste unas manchitas marrones o grisáceas en su superficie? Son quemaduras por congelación que se producen cuando la comida no está en un recipiente bien hermético o correctamente envuelta. Aunque no son insalubres, ojo porque alteran el color, el olor, el sabor y la textura de tus alimentos.
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Alimentos calientes. Antes de guardar cualquier sobra (salsas, carnes, lo que sea), tenés que dejarlas enfriar. Si intentás congelarlas calientes van a provocar una suba de temperatura en tu freezer, lo que puede dar lugar a que se desarrollen bacterias.
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Alimentos que ya fueron congelados. Si re-congelás un alimento, aumentás su contenido bacteriano. Durante el proceso de descongelación se desarrollan ciertos microorganismos que no mueren con las bajas temperaturas: si volvés a congelar, al descongelarlo la cantidad de bacterias será muy superior a la que había durante la primera congelación.
