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Francesco Schettino declaró en la Justicia que el saludo marinero en los bordes de la tierra es una práctica recurrente "planificada por motivos publicitarios".

Concordia: el capitán aseguró que se acercó a la costa para publicitar la empresa

El capital del crucero Costa Concordia, Francesco Schettino, le declaró la guerra a la empresa tras el naufragio según se lee en las 135 páginas de transcripción taquigráfica de las declaraciones que hizo ante la justicia.

"Costa sabía que la 'reverencia' [el saludo marinero demasiado cercano a la costa] era una praxis recurrente en todo el mundo. En Capri, en Sorrento, en todo el mundo, se planificaban por motivos publicitarios", denunció, en una acusación muy fuerte contra su ex compañía, que a su vez lo responsabilizó por la tragedia.

En una jornada en la que se recuperó otro cadáver -lo que elevó a 13 el número de muertos- y trascendió que podría haber habido clandestinos a bordo del crucero, las durísimas acusaciones provocaron gran conmoción, señala la corresponsal del diario La Nación en Italia.

Según transcripciones que salieron en los principales diarios italianos, Schettino afirmó que siempre hubo "inchinos" (reverencias) planificados por Costa en todo el mundo. ¿Por qué? Por meros motivos publicitarios, comerciales: el gigante del mar, iluminado, que saluda tocando la sirena, es un show que puede resultar la mejor propaganda para quienes saludan desde tierra. La "reverencia" ante la isla del Giglio en la fatídica noche del 13 de enero también estaba planificada, según el comandante: "Sí, porque incluso la deberíamos haber hecho la semana anterior, pero no había sido posible por mal tiempo".

Costa Cruceros no respondió las acusaciones. "Como hay una investigación judicial en curso, no podemos dar informaciones", dijo ayer a los medios Pier Luigi Foschi, presidente de la empresa.

En el interrogatorio, Schettino también dijo que avisó a la compañía enseguida después del impacto con la roca que provocó el naufragio. De hecho, se comunicó más de una vez con el jefe de la unidad de crisis de la naviera, Roberto Ferrarini, a quien en un momento hasta le pidió que enviara un remolcador y helicópteros.

El comandante -bajo arresto domiciliario por homicidio culposo, abandono de la nave y naufragio- admitió que esa "reverencia" mortal estaba dedicada a dos amigos suyos oriundos de la isla del Giglio, el ex comandante Mario Palombo y el maître de la nave, como ya había trascendido. Además, reconoció que lanzó demasiado tarde el SOS, un error que tuvo consecuencias trágicas. "Antes de lanzar la emergencia tenemos que estar seguros, no quería crear pánico o dejar a los pasajeros en el agua", explicó.

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