El Titanic, el barco de lujo que en la madrugada del 15 de abril de 1912 se hundió para siempre en las heladas aguas del Atlántico Norte, está a punto de cumplir su siglo de descanso en el mar. Más trágico no podía ser memorable su recuerdo con el siniestro sufrido en los últimos días por el crucero Costa Concordia, encallado frente a las costas de la isla italiana de Giglio y que ya dejó como saldo seis muertos y alrededor de 14 desaparecidos.
En abril de este año se cumplirá un siglo del catastrófico naufragio del Titanic. La tragedia vuelve a golpear a otro crucero de lujo, el Costa Concordia. En los dos casos, los capitanes de las embarcaciones estuvieron en la mira.
Cien años después

Y otra vez, como hace 100 años, el capitán de un lujoso navío está en el centro de todas las miradas, acusado de ser responsable del accidente. En el caso del Titanic, Edward John Smith, en el instante del choque del iceberg con el casco de la nave se encontraba descansando en su camarote y, según testigos, se mostró errático e irrelevante en el momento de la evacuación.
Lo mismo aseguran los pasajeros del Concordia, que acusan de irresponsable al capitán Franchesco Schettino, no sólo por su conducta indecorosa durante sus labores (algunos turistas afirmaron que durante el accidente estaba ebrio y "enfiestado" con mujeres) sino también por la desidia que significa pasar muy cerca de un litoral rocoso. Y así terminó su buque lujoso esa noche del viernes 13 de enero: semihundido a pocos metros de la costa de Giglio.
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La Justicia italiana lo detuvo al acusarlo de “homicidio culposo” y “abandono de pasajeros”. Es que Schettino incluso fue uno de los primeros de abandonar su embarcación, desoyendo el código ético que para este tipo de emergencias reza "las mujeres y los niños primero".
Eso sí, en casi cien años la tecnología ha evolucionado y el saldo de las dos tragedias, comparativamente hablando, es diametralmente opuesto. En el barco cuyo nombre recordaba a los Titanes que osaron disputarle poder a los dioses del Olimpo, viajaban 2.224 personas, de las cuales sólo sobrevivieron 705.
El Corcordia en cambio albergaba a 4.200 personas, entre tripulantes y pasajeros, casi el doble del coloso del siglo pasado, arrojando hasta el momento seis muertos y al menos 14 desaparecidos. Estas cifras hablan a las claras del cambio rotundo en la manera contemporánea de navegar por los mares.
Sin embargo hay algo que con el paso de los años no se modifica, y es la conducta humana, falible y fatídica. Tanto en la tragedia de 1912 como esta en el siglo XXI, los botes salvavidas fueron escasos con respecto a la cantidad de turistas que navegaban, según testimonios de los siniestrados del barco italiano.
Producción Periodística: Fabricio Panella Vidal