Quiero un cambio
Por Bernardo Stamateas*
bernardoresponde@gmail.com
*Psicólogo, sexólogo y escritor. Autor de los best sellers Gente tóxica, Quiero un cambio y Fracasos exitosos, entre otros.
La fórmula del éxito es frustración+esfuerzo= éxito.
Estar frustrados no es malo, porque nos permite ir fortaleciendo nuestro yo y porque en la vida todo es nada, no podemos tener todo. Por eso tenemos que permitirnos la frustración y efectivamente, el camino fundamental de los papás para fortalecer esa estima son los límites.
Los límites no son para que se porten bien, poner límites muchas veces les genera a los papás miedo, porque creen que si ponen límites ese chico siempre va a ser un frustrado y sobre todo hoy está pasando más que los padres son iguales que los hijos, es decir su comportamiento se asemeja al de ellos, entonces cuando la relación es cuasi de “amistad”, ¿cómo se le puede poner un límite a ese niño?.
En realidad ellos necesitan amigos y papás, ahora, si el papá es amigo el chico tiene un problema y es que le falta un papá, quedó huérfano, yo tengo que ser amigable con mi hijo, pero no amigo, porque si yo me simetrizo entonces voy a tener grandes conflictos, el límite no limita, el límite libera, el límite da seguridad, el límite da estima, por eso ha que poner límites sin temor y sin culpa porque cuando una persona pone un límite no es para que el niño se porte bien, es para que guarden adentro dos palabras: sí y no, y esas palabras el día de mañana las puedan usar porque si les falta una de esas dos palabras alguien de afuera le va a poner esos límites, el vamos y el basta, yo guardo esas palabras.
Para que haya límites tienen que estar esas dos palabras, este contraste, ya que si todo es sí y por ejemplo, si yo a mi hijo adolescente le digo a todo que sí, probablemente sea un eterno adolescente y si yo le digo a todo que el chico tampoco se va a poder conectar con el mañana, no va a poder historizarse, no va a poder construir el futuro. Entonces el límite es una forma de relacionarnos y cuando los vamos poniendo tenemos que saber que el límite les da estima a nuestros hijos, les da seguridad y los ordena, les da claridad en lo que van hacer, ahora también hay que tener en cuenta que los limites tiene que ser coherentes, apropiados para la edad y tienen que ser breves sobre todo cuando son pequeños.
La principal tarea que tenemos los padres es cuidar, no podemos mirar para otro lado y a muchos chicos lo que les sucede hoy es que no tienen la mirada de sus padres.
A los papás que trabajan muchas horas les dejo dos consejos:
-Generar espacios de calidad: separar un tiempo dentro de los horarios que tenemos y que sea un espacio de calidad, eso quiere decir que estemos con nuestros hijos sin celular, sin televisión y podamos mirarlos, oírlos y tocarlos, aunque no sea mucho en cantidad que sea bueno en calidad.
-Armar rituales familiares: por ejemplo “viernes de cine y pochoclo”, “el domingo de pastas con los abuelos”. Ese “ritual familiar” hay que construirlo, tiene que ser agradable, placentero y que el niño o adolescente, que quizá no ve mucho a sus papás, porque literalmente ellos trabajan mucho, a medida que los mantengamos en el tiempo van a generar recuerdos.
Generar esos “rituales” es fundamental para que el chico construya recuerdos dentro de la dificultad del ritmo que vivimos.
Los papás tenemos que “historizar” a nuestros hijos. Es decir, incorporarles el “mañana”. De a poco va incorporando que hay un mañana, que para lograr un título, una profesión hay que ser perseverantes y que todo lleva tiempo, que tiene que aprender a priorizar y a resignar para alcanzar ese sueño que tienen.
No tenemos que olvidar que tenemos que enseñarles a nuestros hijos que nuestras acciones tienen consecuencias, ya que si eso no se lo enseñamos esto les estamos haciendo un gravísimo daño.
Por eso es que el límite tiene que ser claro y preciso, el límite es una relación, es una herencia, es un regalo que les damos a nuestros hijos, porque cuando una persona tiene límites claros, crece con estima, crece seguro, crece con libertad.
Otra cosa muy distinta es la limitación, decirles por ejemplo: no servís, no valés, sos un tonto, etcéctera., eso jamás debe estar en nuestra boca para referirnos a ellos, porque de esa forma los limitamos para el mañana. Por ejemplo: un pintor tiene un límite, la tela en la que va a pintar, el bastidor. Y gracias a ese “límite”, dentro de la tela puede ser “ilimitado”. Por eso el límite libera.
Nuestros hijos no nos “escuchan” sino que nos “filman” las 24 horas, porque ser papás dura toda la vida y lo somos las 24 horas del día. Por eso podemos hablar, querer enseñarles, pero ellos nos van a observar, es decir el padre se convierte en un “prisionero” de los límites que quiere transmitirle a los hijos.
Pegar no es poner un límite. Porque si yo le pego a mi hijo, le estoy demostrando con esa acción que yo no tengo límites, que no puedo encontrar una solución y me enojo, o sea, que para ponerle límites al otro tenemos que primero ponernos los límites a nosotros mismos.
Los papás debemos acompañar a nuestros hijos en la individualidad, en la diferenciación, no debemos compararlos ni rotularnos, porque estamos transformándolo en una “profecía autocumplida”; cuando los hermanos se pelean es porque están buscando un lugar entre ellos como hermanos y de ellos hacia los papás.
Los límites tienen un marketing muy negativo, pero en realidad hay que encararlos desde el lado positivo, destacar lo que nuestro hijo hace bien, decirle lo que nos gustaría que hiciera, siempre desde el amor, apoyándolos y guiándolos.
Nuestros hijos son nuestra mejor creación y lamentablemente hoy muchos chicos están creciendo huérfanos afectivamente.
Los papás están ausentes, por eso hay que estar más atentos, no para culpabilizarnos, porque la culpa no sirve para nada, sino que tenemos que pararnos en la responsabilidad, ser un ejemplo, transmitirles los límites con claridad, con alegría, porque les estamos haciendo un bien.
La herencia más linda que les podemos dejar a nuestros hijos es que disfruten de la vida y que sean personas de bien y bendición para los demás.
