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Vacaciones no son sinónimo de sexo

“Descanso temporal de una actividad habitual, principalmente del trabajo remunerado o de los estudios. Tiempo que dura la cesación del trabajo”. Así define el Diccionario de la Real Academia Española a las vacaciones. En criollo, es un momento para desenchufarse, escaparle a la rutina y darse “permitidos” de todo tipo. Y en la redada cae el sexo. Sin embargo, no todo lo que brilla es oro. Lo que para algunos es la instancia ideal para relajarse y dar rienda suelta a las pasiones –como los jóvenes y las parejas de novios que vacacionan solos–, para otros se vuelve una extensión de la vida cotidiana que, en vez de generar placer, hace sacar chispas.“Frecuentemente, mucha gente la pasa mal en las vacaciones por el cambio de ritmo y de hábitos. Se intensifica la convivencia, sobre todo en familias con chicos pequeños o adolescentes, y esto suele ser motivo de dificultades. Si son buenas vacaciones, es decir que todos pueden desconectarse de la actividad diaria y cotidiana, está todo bien. Ahora, no todos pueden lograr esto porque siguen atados a horarios y rutinas. Si hay una ambiente favorable, puede ser que la sexualidad alcance una mayor satisfacción, pero el tema del sexo en las vacaciones tiene más de mito que de realidad”, analizó en un primer pantallazo Juan Carlos D’Innocenzo, psicólogo especialista en trastornos de ansiedad.Es que muchas veces hombres y mujeres fantasean con que un mejor sexo puede obtenerse al cambiar el lugar donde normalmente se tienen las relaciones sexuales. Nada más lejos de la realidad.El especialista explica que, en general, la manera de vacacionar que tenemos los mendocinos, no hace más que trasladar la forma de vida de una ciudad a otra. “Normalmente, la familia alquila un departamento o una casa en la costa o en otras provincias. Eso conlleva a que las tareas cotidianas de limpiar, cocinar, atender a los chicos, sigan presentes, casi intactas. Cuando salgo de vacaciones con mi mujer y mis hijas, siempre digo que hay que recordar que los cuatro estamos de vacaciones”, ejemplificó.La cosa, encima, parece complicarse cuando hay adolescentes en el grupo familiar porque “a los jóvenes les resulta muy denso convivir con adultos, porque se está mucho tiempo juntos y eso suele producir roces y dificultades. Habría que buscar válvulas de escape para los chicos, como, si la situación económica lo permite, llevarles un amigo para que puedan andar y ensayar esa cuota de libertad que andan buscando. Los adolescentes generalmente buscan trasnochar y dormir hasta el mediodía, mientras que los adultos a lo mejor disfrutan más de las caminatas por la mañana”.Y agregó: “Algo similar ocurre cuando se va de vacaciones todo el clan, es decir la familia con los padres, los hijos casados, los nietos. Si están compartiendo el mismo espacio físico suele ser motivo de muchas dificultades”, aunque en esta opción a veces los abuelos se comportan –más aún– como niñeras y permiten que la pareja tenga momentos de intimidad.Otra de las posibilidades que propone D’Innocenzo es vacacionar donde haya otros grupos de amigos, “cosa de que las mujeres vayan de shopping para aprovechar las liquidaciones, algo sumamente fastidioso para los hombres, y que los hombres aprovechen para ir al puerto a comprar pescado para cocinar”, dijo entre risas.Parejas jóvenesLa cosa cambia radicalmente cuando hablamos de una pareja de jóvenes solteros (o casados pero sin niños). “Ahí sí las vacaciones pueden ser un buen momento para experimentar, para encontrarse, para dar rienda suelta a las pasiones. Sin embargo, también hay que decir que unas vacaciones no son la solución a nada. Si la vida cotidiana viene complicada, el verano no va a solucionar nada. En cambio, si las cosas vienen bien, las vacaciones tienen mejor perspectiva”, concluyó.