ver más

Lorena es una de las mujeres que viven en el refugio de la comuna de Guaymallén debido a que era agredida por su familia. Después del drama, sueña con estudiar una carrera universitaria.

Una víctima de violencia de género contó cómo pudo salir a tiempo

Carina Pérezcperez@diariouno.net.ar

La siesta transcurre bajo un intenso sol y sólo se escuchan algunos pájaros cantar, aunque no rompen el sopor de la hora. Un añoso y gigantesco ombú sirve de resguardo para el calor en la Casa Molina Pico de Guaymallén, donde una rueda de mate empieza para dar lugar al relato de Lorena, una de las muchas mujeres que son contenidas en el Hogar y Refugio Transitorio de Víctimas de Violencia de Género del municipio.

El local fue inaugurado hace 40 días y pasan por el lugar unas 30 mujeres por semana, claro que no todas necesitan quedarse a vivir allí como Lorena.

A sus treinta años y luego de tener tres niñas ella parece mucho más joven de edad, tal vez porque es dueña de una belleza particular. Segura, emprendedora y autodidacta cuesta imaginarla en medio de la violencia doméstica que le propinaron durante varios años su madre y su hermano.

Apenas empieza la entrevista, aclara: “Yo no voy a contar ni las causas ni las consecuencias del maltrato que recibí, sólo estoy acá para decirles a otras mujeres que se puede salir de este problema”.

Lorena es epiléptica y desde chica recibe medicación para controlar los ataques. Pese a que no tiene grandes manifestaciones ni convulsiones por su enfermedad, no consigue empleo fijo y hace poco fue despedida de una empresa de limpieza por tener esa condición. Sabe trabajar porcelana fina, pintar telas y hacer bijouterie, pero no siempre le va bien como para mantener a sus niñas. Muy ajustada económicamente, se acercó a Desarrollo Social de Guaymallén a pedir mercadería.

El relato a las asistentes sociales sobre su situación familiar permitió detectar que era víctima de violencia de género y que soportaba esto por temor a perder a sus hijas.

Así empezó el proceso de acercamiento para sacarla de su entorno y darle nuevas oportunidades. En este caso, a la contención psicológica se sumó el albergue en el refugio y el descubrimiento de sus habilidades laborales, porque –como ocurre siempre con las víctimas de violencia de género– tenía anulada la voluntad y creía que no sabía hacer nada.

Además, se obligó al papá de dos de sus hijas a pagar la cuota alimentaria y tramitar la tenencia de la nena mayor, hoy en manos de su mamá, porque cuando nació, Lorena era menor de edad.

“Yo quiero que las mujeres vean que hay puertas abiertas, porque siempre están las amenazas de alguién que te dice: ‘Vos no te vas a ir de acá, no tenés nada’. Hasta la misma gente que trabaja en Desarrollo Social suele decirte cosas de este tipo. Porque yo muchas veces decía: ‘agarro a mis hijas y me voy a la calle a vivir para evitar los problemas’, pero me contestaban que no, que si me encontraban en la calle con ellas un juez me las podía quitar, y eso no es cierto. Al contrario, me tienen que ayudar. Hasta ese miedo me alimentaban, pero siempre luché sola, siempre busqué ayuda. La diferencia es que ahora encontré a las personas adecuadas”, sigue diciendo Lorena.

Y repite la crítica sobre la mala información que muchos organismos públicos suelen darles a las mujeres vulnerables. Como ejemplo comentó que “un abogado me dijo que si el tutor de mi hija se iba, automáticamente la tenencia pasaba a mis manos. Cuando la reclamé, me encontré con que no, con que un juez debía determinarlo. ¿Qué tengo que hacer, estudiar leyes para saber si se me dice la verdad? Me cansé de pasar por loca, porque repetía lo que me decían en una oficina, y después me decían que era imposible que me hubieran dicho eso”, concluye.

En poco tiempo Lorena comenzará a estudiar la tecnicatura en Economía Social en una universidad privada, y cuando termine de tramitar una pensión alquilará una casa para ella y sus hijas.

En tanto, sigue concurriendo a los talleres que ofrecen contra la violencia de género, ayuda a otras mujeres golpeadas y participa en las ferias de artesanías de la comuna. Sin embargo, su mayor desafío es reconquistar a su hija mayor, que está muy acostumbrada a ver como mamá a su abuela.

“Es un proceso que llevará tiempo, pero sé que lo voy a lograr. Por eso, a las mujeres que están pasando por esto y no se animan a pedir ayuda les digo que no bajen los brazos. Hay que seguir golpeando puertas, y ponerse en la cabeza la idea fija de que van a poder, de que van a salir. Pero lo primero es quererse uno mismo. Cuando uno se quiere a sí mismo demuestra que tiene la fortaleza y el espíritu para querer a los demás. Porque hay muchas mujeres que dicen querer a sus hijos, pero ellas están mal, no se quieren a sí mismas y no pueden querer a nadie así”.

A esta altura, el mate ya viene con pan dulce. Y se suma la compañía de otras víctimas de violencia de género, que ahora no están más solas, sino que son parte de una organización social para combatirla.

El 0800 sigue en espera En octubre pasado el Senado de la Provincia convirtió en ley el proyecto de la diputada justicialista Sonia Carmona para crear un 0800 para que las mujeres víctimas de violencia de género, o cualquier testigo, pueda hacer la denuncia sobre el caso y pedir ayuda e intervención del Estado, en cumplimiento de la Ley 26.485.

Sin embargo, desde ese momento hasta ahora no avanzó la medida porque no existe la estructura necesaria, es decir, no hay personal capacitado para recepcionar las llamadas y derivarlas a los diversos organismos involucrados.

Por otra parte, el refugio provincial para la contención de víctimas, que no pueden seguir conviviendo con los agresores en tanto llega la orden judicial de exclusión del hogar es otra de las medidas dispuestas por la ley marco. En este caso, tampoco se ha podido concretar el proyecto.

Según informaron desde el Ministerio de Desarrollo Social, el edificio de la calle Montecaseros y Buenos Aires debe ser acondicionado. El dinero para la obra está, pero será acreeditado a partir de enero, con lo cual podrían empezarse las obras en febrero o marzo del 2013.

El camino de los cambios Según la experiencia de Guaymallén, las víctimas de violencia de género suelen ponerse en contacto con la municipalidad por varias vías. A veces es la Justicia la que las deriva, y otras son ellas mismas las que van a pedir ayuda económica o sanitaria. En casi todos los casos la violencia que sufren tiene varias aristas: física, psicológica, económica y sexual al mismo tiempo. Tal vez empieza por una de ellas, pero nunca es sólo una clase de agresión la que ejercen los varones contra sus parejas, madres o hermanas.

Gabriela Perrota, coordinadora del Programa de Lucha contra la Violencia de Género, explicó que “el primer acercamiento a una mujer víctima de violencia es a través del amor, de buscar empatía con ella, de hacerle saber que hay otra vida. Luego, trabajar mucho la autoestima y ver cuáles son sus habilidades.

Ellas son las Heroínas de la Esperanza Entre las estrategias que utilizan en Guaymallén para recuperar la autoestima de las mujeres que son víctimas de violencia de género están los talleres dictados por psicólogos y otros especialistas. Allí se conocieron varias de las integrantes de la organización civil Heroínas de la Esperanza, que luego de superar su drama personal, y recuperarse bien, ahora trabajan para difundir de qué se trata este flagelo de la violencia contra las mujeres y cómo pueden sus víctimas salir de semejante dolor.

Mónica, una de las primeras participantes de los talleres, contó que “una va aprendiendo muchas cosas. Lo primero es saber qué es la autoestima, y una vez que lo internalizás te das cuenta de que en realidad no sólo vivías violencia respecto de tu pareja, sino que también aceptabas la violencia de tu mamá, de tu jefe, de tus hijos. Entonces los talleres en realidad nos ayudan a todos, a toda la sociedad porque uno empieza a poder ver este tipo de cosas, de entender que no debe ser así”.

Rosana, por su parte, agrega que “el click interno debe hacerlo cada una, porque a veces te dicen que está mal, y aunque te traigan de la mano al taller, si no querés, no hay forma de que te ayuden”.

En este sentido, Gabriela Perrota la coordinadora de todos los programas de captación y ayuda de las víctimas, aclara que el reconocimiento de un problema de esta naturaleza tiene su proceso. Y a veces suele pasar que “la mujer vuelve con su marido porque cree que va a cambiar, porque tiene un conflicto interno con denunciarlo porque es el padre de sus hijos. Entonces, no hay que enojarse sino entender que se trata de un problema muy complejo, de un proceso que tiene estas etapas”.

Mónica agregó que “es que el hombre golpeador es un tipo encantador, que te invita a cenar, te regala bombones y después en el supermercado te vigila para ver si hablás con un tipo. Pero nunca cambia”.

Actualmente los hombres denunciados deben cumplir con un tratamiento psicológico pero no hay un control estricto de sus resultados. En un futuro está previsto profundizar este seguimiento para evitar que agredan a otra mujer.

MÁS LEÍDAS