Laura Sanz (31) es una de las dueñas de Umara, la cadena local de salones de belleza que se extiende al país. Trabajo y familia, las dos mitades de su vida.

Una empresaria sin maquillaje

Por UNO

Por Luciana Morán [email protected]

Tiene 31 años y es una de las dueñas de Umara, empresa mendocina dedicada a la belleza de pies y manos que se ha expandido a varios puntos del país. La familia y el trabajo son en la vida de Laura Sanz dos caras de la misma moneda.

Ella no está acostumbrada a la exposición, tampoco le gusta. Dice que eso “es de familia”. Con su madre, Mónica Casabene, a su lado, se siente más contenida y, sonriente, y relata el camino que hasta hoy ha recorrido en lo personal y laboral.

-¿Cuándo comenzó Umara?-Umara es un emprendimiento que arranca en Mendoza. La mayoría de la gente te dice en un principio: “¿De dónde son?”. Hace cinco años y medio más o menos abrimos el primer local, que fue en calle Hipólito Yrigoyen y 9 de Julio; al año abrimos el segundo, en calle España, y ahora hay cerca de 19 locales.

-¿En qué otras provincias están?-En Neuquén, San Juan, Córdoba... Y ahora estamos por abrir uno en Buenos Aires. En San Rafael también hay un local. Estamos con la idea de exportar a Chile y Perú también.

-¿Cómo se les ocurrió armar esta empresa familiar?-Los cuatro socios somos mi papá Oscar, Mónica, mi marido, Sebastián, y yo. Surgió por la necesidad que vimos de este tipo de servicios que no existían en Mendoza pero sí en otras partes del mundo. La idea principal era dar un servicio que no estaba. Mis padres lo vieron en Chile, donde vivieron varios años. Es un servicio que se adapta a todas las mujeres, desde los diez años hasta los 100. Mi mamá vino con esa idea de Chile y después vino todo lo que es productos. Mi marido creyó mucho en el proyecto. Es una empresa que ha crecido bastante. Por ahí ni nosotros nos lo creemos, lo vemos muy normal. Venimos creciendo con mucho esfuerzo.

-¿Cómo es la dinámica de trabajar en familia?-Tenemos como muy divididas las áreas. Mi mamá está en la parte técnica, mi papá en la de franquicias, mi hermana Agustina está a cargo de los centros y recursos humanos, mi marido se ocupa de la parte de desarrollo de productos y yo de la parte administrativa y comercial. Entonces no nos molestamos en las funciones, cada uno tiene la suya. Hablamos entre nosotros, cada uno confía en el otro. Siempre hemos sido muy unidos como familia. Cuando tenemos que hablar algo lo hablamos.

-Sos muy joven...-(risas) Sí. Empecé a desarrollar más mi carrera en Umara.

-¿Desde chica te gustaba este tipo de actividad?-Sí. En realidad es un trabajo sumamente divertido. Trabajás en desarrollo de productos, franquicias... Es algo que me encanta.

-¿Cómo incorporaron a tu marido en la empresa?-De a poco, porque él se dedicaba a otra cosa pero también hemos crecido tanto en tan poco tiempo que hemos ido necesitando de todos. En realidad somos pocos en el trabajo.

-¿Cómo es un almuerzo en familia?-Hablamos sólo de Umara (risas), que se torna el centro de la charla. Mis hijos ya saben todos los colores… Tenemos más de 100 colores de esmaltes y ellos saben los nombres, se pintan.

-¿Cómo se llaman tus hijos?-Tengo una nena de cinco años, Juana, y un nene de tres, Benjamín.

-Juana se vuelve loca, imaginamos…-Es fanática, se sabe todo. Las amiguitas quieren ir a mi casa porque las llevo a Umara.

-¿Y más allá de la empresa, qué hay en tu vida?-En realidad trato de estar medio día con la empresa y medio día abocada a las actividades de mis hijos. Trato. Nos hemos peleado por eso (risas).

-Una empresa en expansión te demanda mucho, se supone...-Sí, pero también son muy chiquitos ellos. Cuando empezamos Juanita era muy chiquita, así que trato de ir combinando las dos cosas.

-¿Te solés maquillar, usar productos?-No soy de maquillarme (risas). Hoy me pinté las uñas porque venías vos. Siempre hago papelones. Mis amigas me dicen que me pinte, pero no lo hago.

-¿Te juntás con tus amigas?-Sí, llegan a mi casa y me dicen: “Traete las cosas, que nos hacemos las manos”, y les digo: “No tengo nada chicas, ni quitaesmalte” (risas).

-¿Habías probado en otro trabajo antes de arrancar con la empresa?-No, un trabajo en serio no. Es que empecé muy chica, a los 25, recién me recibía.

-¿Has sentido que es más difícil siendo mujer llegar a ser empresaria?-Sí, pero justo en este rubro no, porque es el de la estética. Entonces es más fácil relacionarte siendo mujer. Además, muchas de las que estamos somos mujeres.

-¿Qué has aprendido de tus padres en esta tarea?-Muchísimo. En realidad me costó un montón, porque mi mamá llevaba mucho tiempo trabajando y principalmente entré ocupándome de los locales. Ella me pedía más carácter, que retara a algunas personas... Yo le decía: “Sos muy mala, mamá”. Ella me contestaba: “Vos, porque recién empezás, vas a ver”. Y en realidad, ahora me doy cuenta, con el tiempo, de que es verdad. Como que todo lo dejaba pasar, no lo decía, era muy jovencita, y llegaba mi mamá y hasta me daba vergüenza, decía “pobres chicas”. Pero te vas dando cuenta de que la firmeza, tus convicciones, la perseverancia, son muy necesarias. Mis papás son personas que han trabajado muchísimo y he aprendido de ellos un montón de cosas. Sin ellos no hubiésemos podido hacer nada. Hacemos un buen equipo de trabajo.

-¿Desde cuándo te sentís más segura?-En realidad, cuando salí del local y me vine a la oficina me gustó más. Porque es lo mío, lo comercial, y también puedo demostrar más, me gusta más acá.

-¿Cuándo conociste a tu marido?-Estuvimos ocho años de novios y llevamos 7 casados, un montón. Lo conozco desde el último año de la secundaria… Y rebien.

-¿Cómo lo conociste?-Él era amigo de un grupo de mi hermana, yo estaba de novia, en otra cosa. Él estaba encima de mí. Como al año de conocernos empezamos a salir, y ahí estuvimos ocho años de novios. En ese trayecto mis papás se fueron a vivir a Chile, por lo que tuvimos un noviazgo difícil pues yo estaba mitad del tiempo acá y mitad del tiempo en Chile, 20 y 20 o 15 y 15 días. Entonces, como que era difícil, éramos jóvenes. Yo ahí dije “peleémonos” y él dijo “no, sigamos”, y así estuvimos como seis años a la distancia.

-¿Cuánto tiempo estuvieron viviendo en Chile?-Diez años. Mi mamá vio el proyecto en Santiago.

-¿Te quedaste sola?-No, con mi hermana más grande, Belén, estudiando acá. Íbamos y veníamos. Las dos como que cursábamos libre y estábamos 15 días acá y 15 días allá.

-¿Y se organizaron las dos solas?-Al principio viví con mis abuelos y después nos fuimos a vivir las dos juntas. Rebien.

-¿Y cómo fue esa experiencia, la primera de vivir casi sola?-A mí no me gusta. No soy para vivir sola, somos muy familieros. Por ejemplo, mi hermana se casó seis meses antes que yo, y sufrí ir a almorzar y cenar sola. Hay gente a la que le encanta pero yo no sirvo para eso. Nos extrañábamos un montón las dos, más mi hermana, porque éramos las dos muy unidas y quieras o no, te aleja un poco el no convivir cotidianamente.

-¿Te gusta ir a reuniones, qué te gusta hacer en tu tiempo libre, si es que lo tenés?-Nos gusta ir a reuniones, somos bastante sociables; con los niños, sobre todo por los amigos. Tenemos muchas actividades con las madres.En realidad estoy muy abocada el resto de los días que no estoy en la oficina a las actividades de ellos. Pero igual somos muy sociables, con Seba salimos, tenemos muchos amigos.

-¿Si pensás en vos cinco años atrás y te ves hoy, imaginabas que tu vida sería así?-No, creo que no, nadie lo imaginaba. La parte familiar es lo más importante. Si eso no estuviera bien el éxito en los negocios no importaría.

-¿Hay alguna lección que te haya dado la vida?-Que debés priorizar a la familia, los hijos. Al más chiquito de los míos lo tuve en terapia intensiva con bronquiolitis –era muy chiquito, tenía 40 días, se le complicó con una neumonía– y vos decís, por más de que te vaya bien, que en ese momento es la salud de tus hijos lo importante, priorizás un montón de valores. A veces le digo a mi marido que bajemos un poco, que disfrutemos esto, la familia, porque él es más hiperquinético que yo, vive a full, entonces como que eso lo tengo superpresente. El disfrutar con mi familia, mis hijos eso es lo que más vale, no le doy mucha importancia a otras cosas. Cuando me pasó lo que me pasó con mi hijo todo el mundo me llamaba, me mandaba estampitas...

 

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Le sienta bien. A Laura Sanz le gusta estar en su oficina más que en los locales porque puede dedicarse a la administración.
Le sienta bien. A Laura Sanz le gusta estar en su oficina más que en los locales porque puede dedicarse a la administración.
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En Bariloche. Laura prefirió no traer fotos de sus hijos a la entrevista. En cambio, presentó a su marido, Sebastián Sottano.
En Bariloche. Laura prefirió no traer fotos de sus hijos a la entrevista. En cambio, presentó a su marido, Sebastián Sottano.
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Casamiento. Hace siete años dieron el “sí”. En la foto: Oscar, Laura, Sebastián y Mónica.
Casamiento. Hace siete años dieron el “sí”. En la foto: Oscar, Laura, Sebastián y Mónica.