Jaime Correascorreas.jaime@diariouno.net.ar
La novela del mendocino Danilo Albero inicia un periplo fascinante en la visión de un cuadro.
Un viaje para reconstruir el pasado y descubrir el presente

Quizás no sea casual que la primera frase de Variaciones Turner, del mendocino Danilo Albero, se despliegue con un ritmo y una sintaxis muy similar a la frase inaugural de El Aleph, el cuento más famoso de Jorge Luis Borges. Porque esta curiosa novela se revela como un aleph en el cual está cifrado de algún modo el universo. Un viaje al siglo XIX se convierte en una invitación para entender la historia, pero sobre todo el tiempo, el gran tema de la literatura desde siempre.
En las primeras páginas está formulada la pregunta esencial que marca la aventura: “¿Cómo capturar el pasado?”. Porque a partir de una visión desplazada (en la tapa de un libro al que se llega por casualidad) del cuadro de William Turner El Temerario remolcado a dique seco, el narrador se lanza en una búsqueda desesperada de reconstruir la historia del gigantesco Great Eastern, un barco que fue una proeza tecnológica de su tiempo. La pasión por la creación artística se transforma en la obsesión por el detalle de lo sucedido y en la pesquisa de cada esquirla de tiempo que lleve al presente, a la vez que ayude a reconstruir ese pasado que ya no está.
Así Albero trabaja con infinidad de digresiones al texto y con caminos que se pierden y se vuelven a encontrar. Juega con pistas falsas y con invenciones para conducir al lector a una aventura similar a la de aquel descenso del personaje de Borges al sótano de la casa de la calle Garay donde se le revelan en un instante todos los secretos del universo, ante la observación de una pequeña esfera tornasolada.
El gran desafío de Albero es no sólo revelarle al lector cada fragmento de un pasado que tiene atronadores ecos en el presente sino convencerlo y hacerlo partícipe del juego para que pueda emprender el retorno al tiempo actual con algunos secretos rescatados de ese descenso al averno. Con destreza lo logra, al punto de que sobre el final del libro confiesa que “no existe lealtad más voluble y efímera que la de un lector que perdió la confianza”, como si quisiera decirle a su lector que si por incredulidad se perdió algo deberá volver a buscar el camino correcto porque allí están las pistas esperándolo.
Variaciones Turner es un libro raro, escrito contra la moda literaria actual y con una decisión estética que fascina. Albero teje, con sólida calidad lingüística, un entramado de datos, nombres, citas, informaciones, libros, cuadros, películas, historias, chismes, reflexiones, lugares, personajes, que están al servicio de construir en el lector esa confianza que él sabe necesaria. Allí la novela gana en su faz ensayística porque al transitarla se aprenden cosas, pero también se aprende cómo aprender y a dudar para revisar lo aprendido a fin de dar con las trampas de la fe. Bien lo dice Albero: “Existen otras tres clases de mentiras: las mentiras, las mentiras abominables y las mentiras sustentadas en fuentes documentales”. El lector está ante un texto que asombra, como el aleph del sótano de la calle Garay.