Por Cecilia Osoriocosorio@diariouno.net.ar
Dos trafics pasaron mercadería desde Chile eludiendo el control y fueron detectadas por un policía solitario. Los conductores de las camionetas tenían el “apoyo” de un suboficial del Ejército.
Un policía solitario detuvo un contrabando de U$S 500.000 y evidenció fallas de control aduanero
Un hecho de contrabando vuelve a poner sobre el tapete la compleja situación que se vive en la llamada “zona gris” (entre Uspallata y el Complejo Fronterizo de Horcones), sobre la que no existe un claro control y las acciones ilegales están a la orden del día.
Dos trafics blancas Mercedes Benz fueron interceptadas en la ruta 7 de regreso de Chile con un cargamento valuado en U$S511.793. Las camionetas habían salteado el Complejo Aduanero de Horcones –allí no había una barrera de seguridad que desvíe el tránsito– y estaban abarrotadas de bultos que contenían productos de indumentaria de diverso tipo, hasta relojes y un desfibrilador.
Fue un policía en solitario del Destacamento de Puente de Inca quien detectó la maniobra cuando los dos vehículos que circulaban por la ruta nacional hacia Punta de Vacas le hicieron cambio de luces a un automóvil Toyota Corolla, al mando de un suboficial del Ejército, que estaba detenido en la playa de estacionamiento de un hotel de Penitentes y que al parecer actuaba como campana.
El cabo abandonó al suboficial y tras una persecución logró interceptar a los contrabandistas.
El hecho ocurrió en la madrugada del sábado y está en manos del Juzgado Federal Nº3 Secretaría Penal E, en tanto la Aduana procedió al secuestro de la mercadería.
Si bien Gendarmería había detectado un hecho similar el día anterior, en esta oportunidad esa fuerza de seguridad no se encontraba en la zona. Casualmente –quizás porque tenía alguna información al respecto– el efectivo policial había instalado un puesto preventivo en Penitentes cerca de las 23 y fue desde allí que observó lo que después se constató como un caso de contrabando (ver aparte).
Diario UNO hizo conocido el tema de esa “franja liberada” a raíz de las quejas de mendocinos que venían desde Chile y que se encontraban con una segunda barrera ejercida por Gendarmería Nacional después de la Aduana. De la situación se desprendió la superposición de tareas entre ambas dependencias y luego se concluyó que ante la falta de acuerdo entre Gendarmería y la Aduana, los oficiales de verde mantenían el puesto en Punta de Vacas para vigilar parte de ese territorio liberado.
Esas crónicas y el episodio del sábado destaparon problemas institucionales. Según versiones de fuentes involucradas que prefirieron el anonimato, ya hubo reuniones entre los responsables regionales aduaneros y de la citada fuerza de seguridad por la polémica existente por el control de la “zona gris”.
Un problema no resuelto
Osvaldo Gutiérrez, coordinador del paso Cristo Redentor por el Gobierno, ya había expuesto lo frecuentes que eran estas artimañas para pasar hacia este territorio mercadería sin declarar. En una nota publicada el 25 de octubre dijo que “en este tramo de 100 kilómetros hay tránsito interno e internacional conviviendo con un solo punto de control para vehículos livianos y micros (Horcones) y uno para camiones (Uspallata)”.
Consultado por el episodio del sábado, el que Gutiérrez dijo desconocer, este funcionario reafirmó: “Te diría que lo de los viajeros es un tema particular y si se quiere secundario. Los gendarmes están en Punta de Vacas porque se hace necesaria una barrera en el medio de esa franja, si bien puede cuestionárseles qué facultades les corresponden y cuáles no. Pero el problema es más grave. No es una zona chica. Lo que falta aquí es resolver y ver qué se hace”. Después retomó la alternativa planteada en la última reunión binacional para poner un parate a la ilegalidad: “En esa oportunidad se sugirió que los gendarmes estuvieran en la barrera de acceso para los que van de Chile a Horcones. Eso serviría para que no se puedan sortear la Aduana y Migraciones”.
“Este hecho confirma la hipótesis de los problemas que estamos teniendo en la frontera. Ya no es la queja de un particular por el doble control. Vuelve a plantearse la necesidad de definir qué funciones cumplen los gendarmes en Punta de Vacas a mitad de camino de la zona donde se detectó el contrabando”, dijo una fuente de la investigación.
Este diario intentó comunicarse con referentes de Gendarmería y del Ministerio de Seguridad de la Nación, pero no hubo respuestas.
El periplo entre las señas de luces y el secuestro
El lector ajeno a los desacuerdos institucionales sobre el control de la “zona gris” se preguntará cómo es que dos trafics Mercedes Benz repletas de sospechosos paquetes circulaban en la madrugada del sábado por una ruta internacional con tanta liviandad, seguros sus conductores de que así como pasaron el control aduanero podían saltear la barrera de Punta de Vacas.
Hasta el momento sólo el procedimiento manifestado en la Comisaría 23 de Uspallata por el cabo que intervino en Puente de Inca, y el acta de Aduana, son los datos objetivos.
Lo que se les secuestró a las trafics blancas –una Mercedes Benz dominio JVL 926 y otra Mercedes Benz Sprinter dominio HGO 304– ascendería a U$S511. 793.
Todo comenzó a las 0.45 del sábado cuando el cabo policial observó que un automóvil Toyota Corolla color champán estaba estacionado en la playa de un conocido hotel en Penitentes, mirando hacia la Ruta 7, mientras intercambiaba señales de luces con dos trafics que se veían a lo lejos y se dirigían a Punta de Vacas. El policía se acercó al vehículo y detectó que su conductor era un suboficial del Ejército, quien no pudo responder más allá de su identificación, dado que en ese preciso momento las camionetas pasaban delante de ellos, una de las cuales había apagado sus luces.
Atento a no perder las pruebas del ilícito, el policía abandonó al suboficial y alcanzó a una de las Mercedes Benz. Según consta en el acta, el conductor de la misma reconoció que había salteado la Aduana.
El periplo siguió camino al Destacamento de Puente de Inca, hasta donde el aventurado policía escoltó al hombre al mando de la trafic. Lo ingresó esposado al móvil policial porque “no contaba con calabozo”.
Inmediatamente el efectivo salió tras las pistas de la segunda camioneta, que había perdido camino al destacamento. Detuvo a su ocupante “cerca de la vieja estación de ferrocarriles de Puente de Inca, donde permanecía con las luces apagadas”, y lo llevó también a la dependencia donde aguardaba su secuaz.
El uniformado no actuó en solitario esta vez. Pidió la ayuda del personal militar de la Compañía de Cazadores de Montaña para custodiar el perímetro del destacamento.
Con los dos conductores aprehendidos, comunicó la novedad a la Comisaría de Uspallata, en tanto un soldado le informó que el Toyota Corolla y otros dos autos merodeaban la zona, aunque sobre éstos no hubo más pistas.
Una vez en Uspallata dieron aviso al Juzgado Federal Nº3, a cargo de Ivana Aramendi, quien pidió las fichas dactilares de los detenidos, encargó el secuestro de la mercadería a la Aduana y requirió que de no encontrarse antecedentes se los liberara, citándolos para hoy a la respectiva dependencia judicial.