Hernán Rodríguez es un suboficial de la Armada oriundo de Real del Padre que contó a UNO de San Rafael su experiencia en la Base Orcadas. Días gélidos, inviernos casi sin sol y veranos sin noche
 

Un militar sanrafaelino se prepara para pasar las Fiestas en la Antártida

Por UNO

La base argentina en las islas Orcadas del Sur es el emplazamiento permanente más antiguo de la Antártida, con más de un siglo. Allí se encuentra Hernán Ramón Rodríguez, un suboficial segundo maquinista oriundo de Real del Padre.

Este sanrafaelino de 38 años, con dos décadas en la Armada Argentina, se prepara para pasar sus primeras fiestas de fin de año en esta parte de la Antártida, ya que se arribó en febrero pasado y partirá en el mismo mes del año próximo. Llegó con el contingente actual en un buque polar ruso contratado por la Argentina porque aún está en reparación el rompehielos Almirante Irízar, dañado por un incendio.

Hernán comentó a UNO de San Rafael a través de correos electrónicos que su tarea es de “mantenimiento y puesta en función de los diferentes equipos que mantienen los servicios esenciales para la subsistencia del personal en la base, como la generación de la energía eléctrica, la calefacción, el suministro de agua, el tratamiento de los residuos, mantenimiento de botes y motores fuera de borda, cámara frigorífica de víveres, entre otras actividades; aparte se cubren guardias que supervisan el funcionamiento de todos estos equipos”.

El buen funcionamiento de los soportes de vida de la base es importantísimo para poder permanecer en un territorio muy hostil para el ser humano, con temperaturas de hasta 44 grados bajo cero.

Rodríguez explicó que “los días en invierno proporcionan como máximo tres horas de luz solar, en contraposición con los días de verano, donde en el mes de diciembre prácticamente no tenemos noche. El día más corto del año es el 21 de junio, donde en otros lugares más al sur de nuestra posición es completamente de noche las 24 horas”. El 21 de diciembre fue el día más largo del año, donde no hubo noche plena, sólo una penumbra de dos horas.

Para ello “realizamos un curso de un año de duración en el Ejército Argentino, donde nos preparamos para soportar el aislamiento y las diferentes inclemencias climáticas” y les practicaron “exhaustivos exámenes físicos y psicológicos, eso nos ayuda a hacer más llevadera la convivencia entre las personas y a desarrollar tareas en grupo”.

Por eso, “vivir en este lugar es más que todo una experiencia de vida que aporta valores que en otro lugar y momento pueden pasar desapercibidos”.

Además, “se da mucha importancia a la familia y todo su entorno, se extraña mucho a nuestros seres queridos”, lo que se mitiga con el contacto permanente a través del servicio de internet y telefonía con el que cuenta el complejo antártico.

Todo ese sacrificio que se realiza en las bases antárticas tiene como fin no sólo el desarrollo científico y cuidado ambiental del continente blanco, también sirve para sostener la soberanía que reclama Argentina, lo que vuelve a tomar relevancia en estos días ante la pretensión británica de colocar el nombre de Tierra de la Reina Isabel al área antártica comprendida en gran parte por los sectores argentino y chileno.

En la Fragata y submarinos

Hernán Rodríguez se fue de su Real del Padre natal en febrero de 1993 para cursar tres años en la Escuela de Mecánica de la Armada, en Buenos Aires, donde se recibió de maquinista y lo destinaron a la Base Mar del Plata.

Allí realizó un curso de un año de submarinista, lo que le permitió navegar durante dos años en el submarino San Juan y ocho años en el Santa Cruz, en el cual vivió la experiencia de permanecer 30 días sin salir a superficie.

También recorrió los mares en la Fragata Libertad en 2001, lo que describió como “algo hermoso” por el hecho de “poder conocer países de todo el mundo y navegar en esa hermosa nave”.

No obstante, siempre recuerda al “pueblo que me vio nacer y crecer, que es Real del Padre, y esa hermosa gente que uno no se olvida nunca por más lejos que esté”.

La base antártica más antigua

La base donde se encuentra Hernán Rodríguez está en la isla Laurie, una de las Orcadas del Sur, dentro del Sector Antártico Argentino, 1.501 kilómetros al sudeste de la ciudad de Ushuaia. Data de 22 de febrero de 1904, momento en el cual el emplazamiento inicial pasó a depender del Gobierno nacional, y es la base en funcionamiento más antigua en toda la Antártida.

Hernán comentó que “su esencia y creación fueron siempre la investigación de los fenómenos atmosféricos y con el tiempo se empezaron a desarrollar tareas científicas relacionadas con la flora y fauna del lugar”.

Detalló que la dotación del complejo está compuesta por 17 personas, de los cuales 14 son militares (11 pertenecen a la Armada Argentina y 3 meteorólogos de Fuerza Aérea), un técnico y 2 guardaparques, “estos últimos desarrollan tareas afines a los requerimientos solicitados por la Dirección Nacional del Antártico”.

El martes 11 de este mes la gente de la Base Orcadas habló por teleconferencia con alumnos de la escuela primaria Argentinos Uruguayos de Villa Atuel, por iniciativa de las docentes Marcela Moyano y Mariela Miranda, para que los niños conocieran las actividades que desarrollan en el continente blanco.

Sobre esta experiencia, Rodríguez comentó que “la difusión de las actividades antárticas nos deja una excelente impresión que nos permite observar el entusiasmo que expresan los chicos y docentes” y “lo más satisfactorio de todo es que dejamos un camino abierto para que cualquiera de los chicos pueda seguir y, quien dice si alguna vez, tengamos por acá a alguno de ellos”. 

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En la nieve. El salteño Elio Chauqui y el sanrafaelino Hernán Rodríguez.
En la nieve. El salteño Elio Chauqui y el sanrafaelino Hernán Rodríguez.
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