Por Ignacio Zavala [email protected]
Es uno de los pocos heladeros artesanales tradicionales que queda en Mendoza. Humberto Italiani lleva elaborando cremas heladas 45 años y desde hace 29 instaló su icónica heladería en una esquina de Villa Nueva. Allí formó su familia y un emprendimiento que incluye su propia fábrica.
No todos entienden que detrás de esa bocha de crema helada, empotrada en un cucurucho, hay horas de trabajo y dedicación, quizás la fórmula que arrastran generaciones de italianos en Mendoza para perdurar en el negocio.
“Yo tenía 17 años cuando ingresé en el mercado del helado artesanal, a principios de la década del '80”, cuenta Italiani. Así, este maipucino de sangre italiana fue un pionero en el negocio: le encontró una vuelta de tuerca y lo adaptó. “Fui el primero en vender helado artesanal en cucurucho dentro de los grandes supermercados. Ponía una máquina y lo atendíamos en familia. Era increíble ver las colas de 40 metros de gente que, cuando salía de hacer las compras, se daba el gusto de tomar un helado”, recuerda.
“Después, los supermercados empezaron a abrir grandes cadenas. Entonces tuve que cambiar y poner una fábrica que alimentara las bocas de expendio y un punto de venta. Por eso en 1982 ingresé en esta esquina”, cuenta mientras su mente desanda el camino recorrido hasta llegar al cruce de Bandera de los Andes y Arenales. El sitio es visitado por estudiantes, deportistas y turistas que, al transitar por esa importante vía de Guaymallén, se hacen unos minutos para degustar los famosos helados.
“La heladería artesanal resiste a las grandes cadenas por los beneficios que ofrece: elaboramos diariamente, utilizamos productos naturales y damos atención personalizada", detalla orgulloso.
Pero sabe que no puede detenerse y quedarse con esa historia de éxitos. “El gran desafío es ir creando sabores y helados premium. Eso nos va destacando de la heladería industrializada”, apunta Italiani.
Y concluye, convencido: “El heladero artesanal le pone horas y cariño a lo que hace. No es una máquina que aprieta un botón y ve salir el helado. Lo nuestro es de familia, es una artesanía. No se puede comparar”.
►Herencia italiana Nació en Maipú hace 62 años. Hijo de tanos, incursionó en el oficio a los 17. ►Su esposa, Cristina, y dos de sus cuatro hijos lo ayudan en el negocio y en la fábrica, que tiene pegada a su casa, a tres cuadras de la esquina donde tiene la heladería.



