El bebé tiene 8 meses y pasará “entre 1 y 2 años” como NN, sin poder quedar inscripto como ciudadano argentino nacido en Mendoza.

Tiene 14 años, la violó su padrastro y “los tiempos de la Justicia” le impiden darle un apellido digno a su bebé

Por UNO
@paolapiquer

José Luis Verderico, Alejandro Gamero y Catherina Gibilaro son periodistas de Diario UNO y radio Nihuil que desde hace años caminan los pasillos de Tribunales husmeando aquí y allá sobre los casos que se siguen en las oficinas, sobre la labor de funcionarios y empleados, sobre las decisiones que toma la Corte.

Los admiro porque, creánme, encontrar primicias, noticias e historias dentro de ese monstruo que es el Palacio Judicial no es tarea sencilla. En general, los jueces, los fiscales y los abogados no son profesionales a los que les guste andar dando explicaciones sobre las causas que les toca asumir y mucho menos rendir cuentas sobre “su” propio cumplimiento o incumplimiento de tareas.

Tampoco es fácil lidiar con los ciudadanos que por esos pasillos transitan. Se trata de víctimas del delito, de personas que tienen pleitos graves que resolver, de todos aquellos que buscan en un mediador la respuesta a sus problemas, y de los propios delincuentes, imputados o acusados por diversas faltas.

Será de tanto estudiar e interiorizarse sobre las leyes y sobre el funcionamiento de este poder del Estado, que estos tres profesionales suelen tener gran temple a la hora de analizar ciertas decisiones que toma la Justicia a diario, desde dejar libre a un hombre o a una mujer que para el imaginario colectivo tenía todas las de perder o postergar por meses ciertas actuaciones, lo que a cualquier mortal le parece aberrante. “No había pruebas” o “deben correr los plazos”, me explican mis colegas con paciencia oriental.

Para el hecho que quiero plantear, entiendo que aplica la segunda frase. Me refiero al caso de un bebé de 8 meses que pasará “entre 1 y 2 años” como NN, sin poder quedar inscripto como ciudadano argentino nacido en Mendoza, consecuencia de que llegó al mundo producto de una violación a una menor de 14 años cometida por su padrastro.

El problema es que la adolescente lleva el apellido de su agresor, quien tras un ardid consiguió inscribirla como hija propia, un mes antes de que se conociera el embarazo. Como es lógico, quien actualmente tiene la guarda de la jovencita (se trata de una tía) presentó un recurso legal para evitar que el bebé lleve el patronímico del violador. Lo hizo en marzo, apenas ocurrió el nacimiento, ante la Octava Asesoría de Menores de Godoy Cruz. Primero debe conseguir “quitarle” el apellido que lleva la menor abusada, restituirle el anterior (que es de su madre y abuela del bebé) y recién ahí poder inscribir al varoncito, que está próximo a cumplir 9 meses.

Los miembros de esa familia viven un drama en carne en viva. A saber: el ADN dio positivo (el agresor es, sin lugar a dudas, el padre de la criatura indocumentada); a pesar de esto, el hombre sigue en libertad, trabajando incluso, porque ha demostrado ante el tribunal que lo juzgará que no tiene intenciones de fugarse; por lo mismo, el inicio del juicio va demorarse hasta bien entrado el 2015 (“se les da prioridad a los expedientes en los que hay detenidos”, me ilustra Gamero); la esposa del violador sigue a su lado, por lo que no está en condiciones de ayudar ni a su hija ni a su nieto.

¿Qué más haría falta para que la Octava Asesoría de Menores o la Suprema Corte de Justicia –de ser necesario – (ya sé, los que entienden me retarán y dirán que el máximo tribunal no tiene injerencia en esta instancia) tomaran la decisión de acelerar determinados procesos y paliar, aunque sea un poco, tan duro suplicio? No mientan. Si hubiera voluntad ¿no sería posible inscribir en lo inmediato a ese bebé? Hoy, o mañana a lo sumo. 

Entiendo que existen normas y pasos procesales que cumplir, pero nada de esto puede transformarse en una excusa para dejar de aplicar el sentido común. Ese que indica que la chica violada, su bebé y su tutora ya tienen suficiente con lo que les toca como para tener que lidiar también con lo que algunos califican como “los tiempos de la Justicia”. No basta con blandir un código en una mano y una ley en la otra. Hay situaciones extremas que ameritan contemplar el contexto.

Sin haberlos consultado, confío en que Catherina, José Luis y Alejandro coincidirían conmigo esta vez.