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La historia de Alejandro Molina, un hacedor que vende sus muñecos de gomaespuma en el Barrio Cívico. Pensar como los chicos para llegar a ellos es una clave del oficio. El artista se vale de la literatura y del cine infantil.

Su fábrica de ilusiones lo llevó del desempleo al Mundial 2014

Por Rosana Villegasvillegas.rosana@diariouno.net.ar

Hugo pretendía ser oso, pero la antojadiza gomaespuma de la que salió quiso que fuera un ogro de cresta amarilla y enormes dientes. Ayudado por el titiritero Alejandro Molina, cuenta su difícil historia de ser un ogro distinto y encima vegetariano, algo que le ha traído problemas al juntarse con el resto de los títeres carnívoros. “Sólo se trata de aceptarse”, le aconseja Alejandro, un ex vendedor de pastas que encontró en estos juguetes artesanales la salida al desempleo que le hipotecó los sueños a fines de los años ’90, y con ellos y su familia de titiriteros llegó al Mundial de Fútbol Brasil 2014.

“Me quedé sin trabajo en 1997, cuando mi hija acababa de nacer, y tenía que encontrar algo. Un hermano me entusiasmó a hacer muñecos de globos y harina, que en su momento eran novedad y se vendían mucho, y así llegué a una feria en Córdoba donde incursioné con los títeres y me enseñaron el arte de trabajar la gomaespuma. Me pareció un gran desafío, porque para que los títeres llegaran a los niños había que enseñarles a los adultos a jugar otra vez con los chicos, dejar de lado la tecnología y apostar a la imaginación”, dice Alejandro en el puesto de venta que tiene en el ingreso al Memorial de la Bandera de los Andes, frente a Casa de Gobierno.

Apostando a esa creación, Alejandro se sumó a los microemprendedores que poblaron la calle Mitre de Ciudad allá por el 2001, cuando la economía tambaleaba, y más tarde pudo encaminar su emprendimiento con capacitación y subsidios que consiguió del Ministerio de Desarrollo Social, pero el salto cualitativo lo dio cuando empezó a interactuar con docentes y a nutrirse de la literatura y del cine infantil: “Para hacer juguetes hay que pensar como los chicos. Ellos no tienen límites ni problemas, se los imponemos nosotros. Si a ellos se les presenta este tiburón de ojos raros y patas –lo muestra– para ellos es un tiburón marciano”, afirma, y su teoría se refleja en el comentario inmediato de un posible cliente que ve a un “simpático delfín” en el títere que pretendió ser tiburón.

Tan propios siente a esos “hijos” que van saliendo del baúl, que hasta los hizo parte de su familia, y de apoco se sumaron a la creación su esposa y sus dos hijas de 18 y 8 años, quienes junto con él montan cada puesto en las distintas ferias y se acomodan a esta vida de trabajar cuando el resto de la sociedad descansa o pasea.

Contra todas las especulaciones, los desopilantes títeres de Alejandro también fueron el pasaporte al Mundial de Fútbol este año en Brasil. “Nos fuimos con toda la familia, fue emocionante ver cómo los distintos públicos se enamoraban de los títeres, un juguete que es histórico y adopta formas distintas en otras culturas. Y cómo la economía social prospera en distintos lugares. En Posadas (Misiones) hay emprendimientos similares”, repasa, y asume que en estas fiestas de fin de año imagina a sus muñecos interactuando con los típicos regalos de los Reyes Magos en distintos lugares de la provincia.

De rockero a hacedor de juguetesLa pasión que le provocan estos muñecos que cobran vida en sus manos no le llegó a Alejandro sino hasta que el sistema laboral lo expulsó. Hasta ese momento, estaba en el grupo de los que veían a los artesanos “como vagos sin destino. Yo era un metalero que odiaba toda esta actividad. Estaba en el sistema, cobraba mi buen sueldo a fin de mes y pensaba que esos hippies buscaban la vida fácil. Pero el cachetón que recibí me abrió la perspectiva y me hizo creer que podía vivir de algo que yo pudiera crear con mis manos. Obviamente, mis muñecos también tiene algo de ese costado roquero”, dice este titiritero de pelo largo y vestido de negro que expuso sus muñecos en la feria de jugueteros artesanales, ecológicos y reciclados que se realizó en el espacio Le Parc y que planea con el grupo Jugarte el primer encuentro de jugueteros artesanales, que se realizará el 3, 4 y 5 de enero en el parque Estación Benegas de Godoy Cruz.

►Economía social. Frente al Memorial de la Bandera de los Andes, emprendedores locales, como Alejandro Molina, venden su producción a vecinos, habitués del Barrio Cívico, paseantes y turistas. ►Cultura. Los títeres, según la experiencia de Molina, son perfectos íconos de cada lugar donde se desarrollan y venden, ya que tienen el ADN de la idiosincracia del lugar y sus habitantes.

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