Los excesos siempre son malos y vaya paradoja, tumban hasta al mismísimo vino, cuya fama de tumbador bien se ha ganado. Lo ideal para andar derecho y de pie es el equilibrio, y esa es hoy la principal carencia de la industria vitivinícola mendocina y argentina. Hace dos años, el vino estaba por el piso, sobraba y no valía nada. La actividad, presa de un ataque de nervios, hacía uno de los tractorazos más grandes que se recuerde. Liberaron el dólar, el Estado compró el vino excedente y dos malas cosechas (la anterior y la de este año) levantaron el valor del vino, pero para mal, porque ahora está caro y con la recesión reinante, hace rato que no se vende en el mercado interno y tampoco en el externo porque el precio del dólar no acompaña. Esa es la foto que quedó reflejada en las cifras de enero de 2017: la venta de vinos fraccionados (botella y todas sus variantes) se desplomó el 13,4% y desató la polémica sobre la importación. Desde el Centro de Viñateros y Bodegueros del Este, con su presidenta Gabriela Lizana al frente, despotricaron ayer contra la compra de vinos en el exterior mientras el mercado local está paralizado y también fueron contra los excedentes que el Gobierno compró y tiene guardados.Las quejas son contra los grandes de la industria, que están trayendo vino tinto desde Chile porque lo consiguen a $11 el litro, mientras que en Mendoza cuesta entre $13 y $14. El derrumbeEl informe presentado por el Instituto Nacional de Vitivinicultura reflejó que el despacho o la venta de vinos en el país cayó el 13,4% respecto de enero de 2016. Lo que más alarmó fue que los tintos, que son los más consumidos (75% contra 25% de los blancos), se fueron a pique el 18,5%. Para que se tenga una dimensión de las cifras, en épocas normales, cuando las ventas caen el 3% se encienden las alarmas de la industria. Similar es la tendencia para los que exportan. Siguen perdiendo mercados y bajando las ventas. Cerraron enero con una caída del 13,8%. Hay mercados de los que la Argentina directamente desapareció porque no tiene forma de competir.
La voz del EsteAnte tan oscuro panorama, Gabriela Lizana, referente de los productores del Este provincial, tiró la bronca ayer contra la importación desde Chile de casi 40 millones de litros en el último año: "Durante cuatro años se nos pagó a muy bajo precio el vino porque el argumento era que había sobrestock, lo que bajaba los precios. Ahora que no hay excedente, empiezan a importarlo vino en vez de comprar a nivel local. Y para colmo nos enteramos de que hay mucho más vino en existencia mercado".Se refirió a los "7 millones de litros que el Gobierno provincial tiene llamativamente guardados (son los excedentes que se compraron 2016 para que subieran los precios) mientras acá se sigue importando"."No hay consumo"El dato y las declaraciones hicieron ruido en la industria y la repercusión contra el planteo no tardó en llegar. Sergio Villanueva, de la UVA, señaló: "Esos 7 millones de litros son de vino blanco escurrido y lo que se está importando es vino tinto por lo que no tiene relación ni influencia". Explicó: "La importación obedece a que no hay vino tinto, estamos por abajo del stock por las malas cosechas y para cumplir con sus clientes las bodegas lo buscan afuera".Destacó: "El vino está caro y en Chile se consigue a mejor precio" recalcando que el problema es que "no se vende ni adentro ni afuera, el consumo ha caído incluso en las franjas medias y altas".Villanueva graficó: "Es la tormenta perfecta. Por un lado, el mercado interno recesivo, con precios y costos muy altos y por el otro, un mercado externo en el que no competimos porque el dólar está atrasado". Carlos Iannizzotto, de Fecovita, disintió parcialmente y señaló que "no de falta, lo que tenemos es un problema de precios. El mercado interno no consume porque el vino está caro, y con el atraso del dólar, tenemos el vino más caro del mundo".Expresó: "Las bodegas compran afuera no porque falte sino porque lo consiguen mucho más barato". Y minimizó la influencia de los 7 millones de litros de vino blanco guardados. "Es poco, no sabemos si está en buen estado e inyectarlo al mercado no frenaría el ingreso de vino extranjero a Mendoza".



