Mendoza Domingo, 15 de julio de 2018

Rubén Lépez, el loco de los trenes y del Ferroclub

Es tunuyanino y, aunque en su tierra no hay actividad ferroviaria, las locomotoras y los vagones lo apasionan. Con otros 30 que tienen el mismo hobby formaron una asociación que funciona en el parque Benegas

De la caja de cartón olvidada en un escaparate que costaba 45.000 australes y que tenía guardado un tren eléctrico muy simple, a ser presidente de un club que reúne a fanáticos del tren. Así es la historia de Rubén Lépez (49), que tiene muchos puntos en común con los adoradores del ferrocarril, como la treintena de socios que tiene el Ferroclub Trasandino, una de las muchas pequeñas organizaciones que reúnen a estos nostálgicos, que siguen sosteniendo que el tren es todavía hoy la mejor forma de transporte de cargas y una alternativa muy válida para viajar.

El club deambuló muchos años sin un espacio físico propio, consolidado, hasta que en 2015 y bajo acuerdo con la Municipalidad de Godoy Cruz, restauró completamente la estación Benegas, ubicada en el parque homónimo, y allí instaló un museo con piezas maravillosas, que antes había sido un museo itinerante.Rubén nació en Tunuyán, "un departamento donde los trenes no son emblemáticos, pero aún así siempre me interesaron", dice este hombre que se define "como el más loco de todos, porque jamás trabajé en el ferrocarril y no tengo familiares ni ancestros que lo hayan hecho".

Recuerda que siendo niño a uno de sus mejores amigos "le regalaron un tren Lima, y pasábamos horas jugando con él".

A los 20 "cuando comencé a ganar mi primeros pesos", Rubén iba caminando un día por la calle Roca y pasó frente a una tienda. "Entre los rollos de tela de la vidriera había, paradita, una caja que tenía un tren. Entré y le pregunté al dueño cuánto salía. Me dijo que no sabía y la fuimos a ver. Todavía tenía marcado el precio en australes, salía 45.000 australes. El dueño de la tienda me dijo que me lo dejaba en $50, que vendría a ser más o menos lo que hoy serían $500... y me lo llevé".

Lépez sostiene que todos los de su clase "padecemos el síndrome: soy-el-único-boludo-en-el-mundo-al-que-le-gustan-los-trenes-en-el-mundo".

Pero al tiempo se dan cuenta que hay muchos como ellos, que incluso viven cerca.

"Hace unos 14 años, una Navidad, le dije a mi mujer que en las vacaciones quería hacer el recorrido que hacía el Trasandino y también tratar de encontrar algunos locos como yo que le gustaran los trenes". Fue así. Cumplió el recorrido por las estaciones del trasandino y luego fue hasta la estación del Belgrano, en Mitre y Godoy Cruz, en Guaymallén.

Mientras Rubén miraba todo y sacaba fotos, "se me acercó un chico que me dijo que era parte de un grupito de 4 o 5 que le gustaban los trenes y que se juntaban los domingos ahí".

Fue el comienzo de Rubén Lépez en el Ferroclub. Esta entidad era desprendimiento de un grupo parecido que había sabido juntarse años atrás en la estación Mendoza.

Con el empuje de Rubén y las ganas de los demás, el club comenzó a consolidarse y a reunir material ferroviario, gracias a que establecieron una buena relación con los responsables de los depósitos de la estación de Guaymallén. Y comenzaron a hacer exposiciones.

Más noticias