Tiene 28 años y padece esclerosis múltiple. Esta semana anunció que en febrero hará una expedición al Aconcagua a la que irá acompañado por su ritmo preferido, el blues.

Rodrigo Navarro, el joven maravilla que a los problemas los enfrenta con música y desafíos

Por UNO

Por Enrique [email protected]

Rodrigo Navarro descubrió el blues. Por las noches, cuando vuelve al departamento que comparte con un amigo en pleno microcentro de Mendoza, busca en su computadora algo de Stevie Ray Vaughan. Hay algo en la guitarra de ese hombre nacido en Dallas y que partió demasiado joven, cuando apenas tenía 35 años. Algo mágico. “Cuando uno acepta que la muerte es la única certeza, sólo se comienza a preocupar por cómo vive”, dice Rodrigo.

El blues es su banda sonora para esta etapa, esta versión del muchacho sonriente e inquieto que todavía conserva vestigios adolescentes en sus 28 años. Será la música que subirá con él a la cumbre del Aconcagua el próximo febrero, cuando demuestre que la esclerosis múltiple que le detectaron hace cuatro años no es una carga, sino un camino.

El bufet del Hospital Italiano tiene aire acondicionado y hace olvidar el calor y las urgencias. Rodrigo no está aquí por su salud. Acaba de nacer Emma, su primera sobrina, la hija de María Betania, su hermana mayor. Pesó 2,750, y “la peque está sanita y no necesitó estar en neo, como suponíamos”.

Mientras Rodrigo pide un café chico, en la habitación maternal están los flamantes abuelos, Ricardo y Mónica. “Lo bueno de tener nietos es que uno sólo se debe dedicar a malcriarlos”, dirá en un rato el nono, cuando baje a comprar una botellita de agua.

Los padres de Rodrigo son de Rivadavia. También María Betania. Después se mudaron a El Challao, donde todavía viven. El menor de los Navarro nació cuando ya estaban instalados allí. “Mi domingo ideal es salir trotando de mi departamento del centro, llegar a lo de mis viejos en El Challao, darme un baño y ponerme a cocinar para la familia. Disfruto mucho eso”.

Hizo la primaria en el colegio de los Hermanos Maristas y después ingreso al Liceo. “Sólo iba a casa los fines de semana, siempre que no estuviera castigado con arresto. Quedarse un fin de semana sin salir era una depresión tremenda”.

Después del Liceo vino la montaña. Una primera temporada como instructor de esquí en Penitentes en 2005 y al invierno siguiente trabó a amistad con un catalán que le ofreció ir a trabajar al invierno español. “Quería hacer el curso de instructor internacional”, dice. Pero la experiencia fracasó por una razón impensada: casi no hubo nieve en Europa. “Estuve un tiempo en Andorra y, sin nieve, sin trabajar, sin hacer el curso y sin poder juntar algo de dinero era absurdo regresar. Entonces me quedé un año, conociendo, trabajando de todo un poco…, hasta que necesité volver con mi familia”.

En el invierno de 2008 hizo su última temporada en Penitentes y después se sumó al negocio familiar, una joyería, y fue la peor elección para un joven acostumbrado al aire libre. En 2010, en medio de un pico de estrés, se le declaró hipotiroidismo. “En dos meses y medio engordé 22 kilos, se me cayó todo el bello, tenía insomnio y una terrible depresión. Para colmo ahí, al toque, me diagnostican la esclerosis múltiple”.

A pesar de que “con una pastillita, en ayunas lo tengo controlado” al hipotiroidismo, esa dolencia afectó el ánimo de Rodrigo mucho más que la esclerosis múltiple, una enfermedad mucho más compleja de controlar. “Los efectos del hipotiroidismo son tremendos. No poder manejar tus estados de ánimo, tu cabeza, la depresión y los ataques de pánico es muy feo. La primera vez que tuve un ataque de pánico estaba en el cine y tuve que salir corriendo. Esa noche tuve que dormir abrazado a mi mamá a pesar que ya tenía 24 años. Es la sensación de vivir la muerte”.

No tiene la seguridad de que una afección haya desencadenado la otra. En cambio está convencido de que el estrés jugó un su contra. “El cuerpo y la mente son uno solo”, dice.

Recuerda el primer síntoma de la esclerosis múltiple. “Estaba con mi novia y, de un momento para otro, sentí que se me paralizaba la mitad exacta del cuerpo. ¡Boluda, no puedo mover la cara!, le decía. No era así, la movía pero yo no sentía absolutamente nada”. El lado izquierdo estaba totalmente adormecido.

Lo más difícil fue la incertidumbre y la espera que vino después y que duró varios meses, hasta tener un diagnóstico. “Cuando me dijeron lo que tenía, fue casi un alivio. Al menos a partir de ahí supe a qué iba a tener que enfrentarme”.

Después se fue a la montaña. Fue una especie de retiro espiritual. “La gente de montaña es muy linda. Es otra onda, hay otra energía en el lugar. Sólo importa el día a día. No se necesita mucho para estar bien. Unos matecitos y charla es suficiente. A los dos meses bajé sintiéndome muy bien”. Para el montañista “bajar” no es solo un verbo, un sinónimo de “descender”. Tiene un sentido de regreso a la civilización y también de despedida del lugar ideal, natural. Bajar significa que necesariamente habrá que volver a subir.

Profesa el Tao Te Ching“Mi familia es muy católica. Yo hoy no lo soy ni tampoco lo fui cuando me detectaron la enfermedad. En realidad me incliné por el Tao Te Ching, que es más una filosofía de vida. Aprendí a buscar la felicidad. Para eso, lo primero es aceptar la mortalidad que es la única verdad absoluta, todo el resto es aleatorio. En ese aspecto se puede decir que agradezco la enfermedad, porque eso me permitió lograr una mayor conexión conmigo, madurar en todo sentido, aceptar los momentos tal como son. Y también logré perderle el miedo a la enfermedad. Quizás el día de mañana esté en silla de ruedas, pero eso será el día de mañana”, dice Rodrigo.

Pero ese momento no ha llegado y quizás no llegue jamás. No es tiempo para preocuparse. Es el momento de Rodrigo para trabajar en una productora audiovisual y sentir que descubrió su vocación. Y también “para estar cada vez más con mi familia, porque es algo que necesito. Pensar que en el futuro también quiero formar la mía…” Y también para planear el ascenso al Aconcagua en febrero, para llevar a la cumbre su propia lucha, “para mojarle la oreja a la enfermedad”.

Rodrigo Navarro ha descubierto el blues. La guitarra de Stevie Ray Vaughan se deshace en lamentos y lo hace sonreír, sin miedos.

La enfermedad no tiene cura, aunque existe una medicación eficazLa esclerosis múltiple es una enfermedad consistente en la aparición de lesiones desmielinizantes, neurodegenerativas y crónicas del sistema nervioso central. Actualmente, se desconocen las causas que la producen, aunque se sabe que hay diversos mecanismos autoinmunes involucrados.

Por el momento, se considera que no tiene cura, ya que, aunque existe una medicación eficaz, las causas exactas que la producen son desconocidas. Puede presentar una serie de síntomas que aparecen en brotes o que progresan lentamente a lo largo del tiempo. Se cree que en su génesis actúan mecanismos autoinmunes.

Se distinguen varios subtipos de esclerosis múltiple y muchos afectados presentan formas diferentes de la enfermedad con el paso del tiempo.

A causa de sus efectos sobre el sistema nervioso central, puede tener como consecuencia una movilidad reducida e invalidez en los casos más severos. Quince años tras la aparición de los primeros síntomas, si no es tratada, al menos el 50% de los pacientes conservan un elevado grado de movilidad. Menos del 10% de los enfermos mueren a causa de las consecuencias de la esclerosis múltiple o de sus complicaciones.

Afecta más a personas de 20 a 40 añosLos primeros síntomas suelen aparecer en personas de 20 a 40 años, rara vez por debajo de los 15 o por encima de los 60, aunque en las personas mayores no suele detectarse. Como en el caso de muchas enfermedades autoinmunes, es dos veces más común entre mujeres.

La consigna de la misión montañista será “La salud en lo más alto”Bajo el lema “La salud en lo más alto”, el Ministerio de Salud de nuestra provincia, directores de los hospitales Militar, Lagomaggiore y Lencinas, integrantes del Ejército argentino y de la empresa Inca Expediciones, y de Vallecitos acompañarán a Rodrigo en la expedición.

Está coordinada por Javier Nieto, experimentado proveedor de logística para alta montaña, y el guía Pablo Tapia, acompañado por varias empresas que colaboran con la cruzada cuyo costo ronda los $30 mil, el Ministerio de Salud y el Hospital Militar, donde Rodrigo entrena y es monitoreado por especialistas en medicina de altura. Además de recibir un tratamiento médico y hacer una dieta especial, Rodrigo entrena casi todos los días.

“Descubrí que hay mucha gente con esclerosis múltiple que corre maratones, escala cerros, hace triatlones y eso da esperanza, genera algo muy bueno. Alguien que le pone pilas a su problema te da mucha esperanza. Tratar de hacer cumbre en el Aconcagua, además de un reto personal, es decir: ‘Acá estoy, me estoy esforzando’”, dice Rodrigo Navarro, cuyo nombre se hizo muy conocido esta semana cuando se supo de la travesía que encarará en unos tres meses más rumbo al Aconcagua.

El niño que batió al Techo de América con sólo 9 años El cerro Aconcagua ha sido y seguirá siendo el gran objetivo en la vida de muchos.

Deportistas, aficionados y algunas personas comunes lo toman como un desafío a superar. El caso de Rodrigo Navarro está cargado de una alta dosis de valentía. Pero no es el único.

El Coloso de América registra antecedentes de intrépidos seres humanos que decidieron provocarlo para anotarse en la historia.

Tyler Armstrong, estadounidense de nacimiento, llegó a Mendoza hace casi un año con la imperturbable y curiosa decisión de escalar el Aconcagua a sus nueve años.

Vino con el padre, quien confirmó la decisión familiar de apoyarlo en esta travesía y dio a conocer la motivación del pequeño: difundir, para que el mundo entero lo sepa, que existe una enfermedad llamada Mal de Duchenne que afecta no sólo a tres de sus amigos, sino a miles de personas en el mundo.

La aventura resultó exitosa, el niño no sufrió daño alguno y quedó inscripto como el ser humano más joven en ganar la cima de casi 7 mil metros de altura.

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Contento. Quiere demostrar que la esclerosis no es una carga, sino un camino.
Contento. Quiere demostrar que la esclerosis no es una carga, sino un camino.
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Otro valiente. Tyler Armstrong.
Otro valiente. Tyler Armstrong.
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