Por Alejandro [email protected]
Néstor Oliva es el octavo desaparecido de la última dictadura militar rescatado del ya conocido Cuadro 33 del cementerio de la Capital, la fosa común que las Fuerzas Armadas de Mendoza y la policía utilizaron en la década del ’70 para sepultar sin lápida y sin exequias a los perseguidos políticos que ejecutaban en centros de detención clandestinos.
No fue un lugar elegido al azar. El Cuadro 33 había sido históricamente el sector a donde iban a parar los olvidados que morían en un hospital y nadie los reclamaba.
Así los militares enterraban a los desaparecidos en el medio de la ciudad, sin que nadie lo sospechara.
Sin embargo, ocho NN fueron recuperados desde 1986 del cuadro 33. Los últimos tres fueron hallados a partir de la investigación de Mariú Carrera e Isabel Guinchul, quienes tienen familiares desaparecidos.
Sus averiguaciones motivaron la intervención del Equipo Argentino de Antropología Forense en las excavaciones realizadas entre 2010 y 2013, que extrajo los restos de 70 personas NN de ese lugar.
“Son restos que para los antropólogos tienen signos de haber sufrido una muerte violenta y que estamos esperando, con mucha expectativa, que se comparen con los ADN de los familiares de los desaparecidos. Es una tarea lenta porque los antropólogos tienen 10 mil muestras de ADN de todo el país para cotejar”.
Así lo explicó a Diario UNO Isabel Guinchul, que en los últimos 10 años logró desentrañar el misterio del cuadro 33 y concluir, junto con Mariú Carreras, que era el vertedero de los que caídos bajo el plomo de la represión militar.
Cuando Isabel y Mariú comenzaron con la tarea ya contaban con algunas pistas. Guinchul recordó: “Allí fue enterrado Francisco Paco Urondo y de ahí lo exhumaron al poco tiempo de su muerte para entregárselo a su familia.
Luego, en 1980, familiares de Juan Bernal y Raquel Herrera, un matrimonio desaparecido, supieron de buena fuente que estaban muertos y sepultados allí. Durante años, visitaron el cuadro 33 a diario, hasta que en 1986 rescataron los restos. Después se halló a otro matrimonio de Mar del Plata; más tarde, a Ana María Moral, otra compañera desaparecida y los últimos tres, fueron Savino Rosales, Juan Antonio Molina, y Néstor Oliva. Isabel Guinchul explicó: “A partir de los primeros casos y de muchas averiguaciones que hicimos, cruzando datos, presumimos que allí había compañeros desaparecidos”.
Detalló: “Lo acontecido nos va dando la razón. A Juan Antonio Molina, por ejemplo, no se lo pudo identificar por ADN porque no tenía familiares. Se lo identificó por las heridas de los 36 balazos que recibió cuando lo mataron. Los restos de los proyectiles fueron hallados junto con sus restos”.
La investigación de Isabel y Mariú permitió, además de las excavaciones, la publicación del libro Cuadro 33, una compilación de testimonios del Equipo Argentino de Antropología Forense.

