Nació en San Carlos y se formó en Buenos Aires y en España. La sala de lectura central de la biblioteca San Martín lleva su nombre. Reflexiva y controvertida. Obras y premios.

Quien fue Manuela Mur

Por UNO

Por Luciana Morá[email protected]

Usaba el cabello corto y tenía unos ojos celestes maravillosos. No era amiga de la moda y trataba de alejarse de las que ella consideraba “frivolidades” cotidianas.

Manuela no reía mucho. Leía y escribía durante horas, tendida en el pasto, libre, en el campo de Pareditas. San Carlos la acunó pero su destino estaba en la gran ciudad: Buenos Aires primero y Madrid, después. Fue la cuarta de nueve hermanos, nació en 1914. Su padre, David Mur, era enólogo. Su madre se llamaba Celina Delfino y falleció cuando ella tenía 20 años. Luego, David se casó con Orfilia Videla, con quien tuvo dos hijos.

“Era una mujer de temperamento muy fuerte y muy atrapante, te eclipsaba. Donde estaba Manuela se producía un estallido de luz porque, si bien era una persona muy introspectiva, era tan potente su presencia que lograba atrapar a todo el mundo con sus anécdotas, con su estilo de vida tan personal”, contó a Diario UNO su sobrina y ahijada, Susana Mur.

Enamorada del conocimientoA Manuela no le conocieron pareja. Tampoco tuvo hijos. Al parecer, su energía y realización estaban en sus amadas letras. En Buenos Aires fue donde obtuvo su título universitario al egresar de la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA. Luego cursó el doctorado en Filosofía en Madrid. Allí y en otras ciudades de España vivió y desarrolló su carrera dictando cursos y conferencias.

“Cuando editaron su primer libro, Imán sin tiempo, llegó a casa y se lo presentó a mi padre: ‘Papá, este es mi hijo’, dijo”, aseguró su media hermana Orfilia Pocha Mur, tía del periodista de Canal 7, Ricardo Mur.

“Era una mujer a la que le gustaba mucho la soledad, era muy bohemia, muy pensante. Valoraba mucho el conocimiento y se rodeó de intelectuales valiosos”, agregó Pocha.

Manuela publicó la mayoría de sus libros con ilustraciones de Norah Borges, hermana de Jorge Luis, ambos muy amigos de la escritora sancarlina, al igual que Ernesto Sabato.

Fue profesora en varias escuelas de Mendoza y en Buenos Aires dictó clases de Antropología Filosófica. Integró también el cuerpo docente de la Universidad del Sur. Publicó escritos en numerosas revistas literarias y diarios, tanto locales como extranjeros. Fue directora de la revista Versión en Mendoza. Integró la Sociedad Argentina de Escritores (SADE), el PEN club y la Asociación de Escritoras Católicas.

Su ahijada contó: “La tía Manuela era la ‘tía lejana’ que nosotros, sus sobrinos, esperábamos cuando llegaba de España. Sin embargo, siempre se mantuvo cerca (...). Si venía en épocas de examen nos tomaba las lecciones antes de que fuéramos a rendir (...). También le gustaba enseñarnos los significados de las palabras. Una vez nos hizo oler una flor y nos preguntó: ‘¿Sintieron el aroma?’, entonces escondió la flor y nos preguntó otra vez: ‘¿Sienten ahora el aroma?’. Le dijimos que sí. ‘Eso es la trascendencia’, respondió”.

Su potente legado

En 1962, cuando asumió como directora de la biblioteca General San Martín –cargo que ocupó hasta 1966– realizó la primera Feria del Libro del país y lo hizo en Mendoza. Fue a cielo abierto, en la Alameda, durante cinco años seguidos.

“Recibí ayuda del Fondo Nacional de las Artes, que entonces presidía Victoria Ocampo (...) Yo traía la imagen de la feria del libro de Madrid, muy pobre entonces (...). La feria incluía todo el movimiento artístico en vivo: ballet, artes plásticas, música, títeres”, rememoró Manuela en una nota periodística de 1992.

“Todo un personaje”La familia recuerda también a Manuela como una persona muy interesante y controvertida.

La soledad, la angustia y los conflictos esenciales del hombre contemporáneo fueron temas que inundaron su obra. “Era parca y muy asceta en su vestimenta y forma de vida”, dijo Susana.

La simpleza acompañaba a Manuela en su imagen y alimentación. Pocha afirmó: “Cuando volvió a Mendoza para ser directora de la biblioteca, vivió con nosotros un tiempo –en la Quinta Sección de Capital, donde estaba la casa de su padre–. Ella comía muy sano, era delgada. Recuerdo que solía preparar una sopa con alcachofas y papas. Le encantaba la manteca”.

A pesar de sus palabras contundentes, Manuela tenía una sensibilidad especial y sus versos más dulces iban dirigidos a los animales y las plantas.

Susana narró: “Cuando veía a una hormiga en la casa, le hablaba, le pedía que se retirara porque no la quería matar. Respetaba mucho la naturaleza. También hablaba con las tortugas y les ponía nombres de personajes importantes, de próceres. Estaba convencida de que ejercía autoridad sobre los animales, era todo un personaje”.

La única ahijada de Manuela adelantó que a principios de 2013 inaugurará un pequeño auditorio al que le pondrá el nombre de su madrina. La sala estará ubicada en el centro cultural Casa Abierta para el Aprendizaje Orgánico, que ella fundó hace ocho años y está ubicado en el barrio Los Parrales, de Godoy Cruz.

Una mujer inquieta, emprendedoraReconocimientos

1970. Fue nombrada Mujer del Año por el Consejo de Entidades Femeninas de Mendoza (Cefem).

1970. La Secretaría de Cultura de la Nación, juntamente con la Cámara de Editores, la autorizó a realizar una Feria Itinerante del Libro de Edición Argentina. La feria recorrió distintas provincias, entre ellas, Salta, Jujuy, Tucumán, Catamarca y La Rioja.

1979. Fue elegida para ser directora del Departamento de Artes de la Universidad Nacional de Tucumán.

1993. Enfermó y falleció en Buenos Aires, donde vivió sus últimos años en un departamento en Santa Fe y Callao. Murió al poco tiempo de haber recibido un homenaje en Mendoza, donde bautizaron con su nombre a una de las salas de la biblioteca San Martín.

Obras y premios

-Imán sin tiempo, 1958.

-Luz entre sueños, 1966. Seleccionada en Concurso del Fondo Nacional de las Artes. Faja de Honor de la SADE 1967.

-Canto y acequia, 1969. Cinta bienal de Asesca 1970.

-Quintín o Memorias de un gorrión, 1973. Faja de Honor de la SADE. Premio Nacional Regional de Cuyo de Literatura 1977.

-El huerto, 1974

-Gansos y Pericotes, 1975. Premio Nacional de Literatura 1981. (Ella misma la consideró como su mejor escrito. Tiene un marcado contenido político).

-Feliz morada, 1982.

-Los hijos de gansos y pericotes, 1993 póstumo.