Permítanme considerar oportuno comenzar este comentario con una definición que el actual gobernador, Alfredo Cornejo, tuvo para su antecesor, el nunca bien ponderado Francisco Paco Pérez. El sancarlino que hoy ocupa el sillón de San Martín, a quien sus propios conmilitones radicales suelen tildar de "petiso maldito", ha dicho que Paco Pérez "nunca pudo ser un líder político ni tampoco un líder institucional". Es decir: no tenía con qué. No le daba el pinet.
Pero Cornejo fue por más y le lanzó otro exocet al ex mandatario: "Se trata de una persona que tuvo el cargo de gobernador y nada más. Pérez ha puesto muchas horas de trabajo y de energía pero no ha tenido la más mínima estrategia, ni fiscal ni económica, y, lo que es peor, no ha tenido estrategia en la relación con la Nación".
¿Se acuerda, lector, cuando antes las madres solían decir de sus hijos menos dotados intelectualmente aquello de "es bueno, pero no le da la cabeza para el estudio". Hoy si a una madre se le ocurriera decir algo así sería denunciada ante el Inadi por algún bienpensante.
Como el maná
Lo cierto es que suena cuasi conmovedor eso de aseverar que Pérez un día se encontró con el cargo de gobernador de Mendoza como quien se encuentra cien pesos en la calle.Un cargo para el cual, admitámoslo, no estaba preparado y que aceptó porque sin duda es un audaz. Un cargo que le cayó del cielo porque en una oficina de la Casa Rosada tres o cuatro personas decidieron que en Mendoza el candidato a gobernador del kirchnerismo debía ser este abogado gris y de humores ásperos y encabritados.
Alguien que estaba dispuesto a disciplinarse ante Cristina Fernández de Kirchner con mucho más empeño de lo que ya había hecho Celso Jaque.
Libreta de calificaciones
Es hábil también Cornejo en eso de admitir que no es que Pérez no le haya puesto pilas al trabajo o que haya sido un vago. Nada que ver. Simplemente que Paco se encontró con un puesto de CEO cuando el currículum no le justificaba tamaña aventura.
En una entrevista que Andrés Gabrielli le hizo el domingo pasado en este diario a Cornejo, el nuevo inquilino del Centro Cívico sentenció: "No me parezco en nada a Paco Pérez".
Algo muy parecido a esto último ya habían dicho a su manera los mendocinos cuando prácticamente plebiscitaron en junio pasado al candidato de Cambia Mendoza.
Solicitado para que diera una calificación sobre Pérez, de 1 a 10, el radical fue tan contundente como Polino en el "Bailando..." de Tinelli: le puso un 2.
Y revolvió aún más la herida cuando a Celso Jaque le puso una calificación de 4.
Con placa, como el doctor
Buena parte de estas cosas que leí de Cornejo el domingo pasado se me presentaron, magnificadas, cuando los mendocinos tomamos nota esta semana de un hecho que lo pinta de cuerpo entero a Pérez sin necesidad de tantas definiciones.
Antes de dejar el cargo de primer magistrado provincial hizo colocar en el estadio cubierto que se está construyendo en la Villa Olímpica, y que demorará otros dos años en terminarse, una placa relumbrona con su nombre y apellido y el de sus ministros.
Entre encofrados, hierros y maderas aparece en una pared este despropósito que, como mensaje en una botella, quiere asegurarse de que las próximas generaciones sepan quién ordenó esa obra.
Y nos lo restriega en las narices con el fin de que ningún otro funcionario de la nueva gestión vaya a querer apropiarse para la posteridad de esa obra elefantiásica -la Villa Olímpica- a la que Pérez había convertido en su berrinche y a la que intentó concluir a cualquier costo a pesar de la crisis financiera en que dejaba a la provincia.
Está fallada, che
Desde mucho antes de que en junio Cornejo ganara las elecciones, Pérez ya sabía que la provincia iba a quedar como territorio minado.
Sin embargo siguió gastando, perdido por perdido, como si estuviera en el mejor de los mundos. Como si lloviera plata de la soja. Como si no tuviera ninguna responsabilidad. Así es como ordenó ir a mil con las obras de la Villa Olímpica.
Esas decisiones son las que certifican, en efecto, que el cargo de gobernador le cayó del cielo. "Tuvo el cargo pero nada más", al decir de su sucesor.
Lo cierto es que ahora el nuevo gobierno ha descubierto que la obra tiene fallas de construcción, que terminará costando el doble de lo que se creía y que recién podrá terminarse dentro de dos años.
Hacer rostro
Cuando en 2014 Luis Solís asumió como presidente de Costa Rica decidió que había que terminar con el culto al personalismo, algo tan habitual en la política latinoamericana populista.
Como primera medida prohibió colocar su foto en los despachos oficiales y ordenó que ninguna obra pública debía exhibir placas en las que se dijera qué gobierno la había hecho.
Las placas en los trabajos públicos sólo podían decir: "Esta obra se realizó con dineros del pueblo de Costa Rica". Buena idea para tener en cuenta.


