La jefa de la DGE tuvo una semana movidita por la resolución que permitía acceder a la Bandera a alumnos repetidores e indisciplinados, y que Paco Pérez vetó a causa de la alta repercusión negativa. La directora quiere que los docentes aprovechen los r

"No den más clases aburridas", les pidió Vollmer a los docentes

Por UNO

Vestida con un trajecito y peinada impecablemente, como siempre, a pesar de que hace un rato, este viernes, tuvo alguna descompensación y debió consultar a su médico y relajarse un instante. Pero ahora ya está allí, en su despacho, sentada a la cabecera de una enorme mesa de reuniones y donde ya le han dejado preparadas una jarra térmica con agua fresca y otra con café. Como toda directora de escuela, usa los apellido de soltera y de casada, como si las mujeres de su generación hubieran tenido que certificar que le pertenecen a alguien. “En mi caso es porque quiero mucho a mi marido, que me acompaña siempre en todo, pero… ¡es cierto!, no me había dado cuenta de ese detalle. Ahora, la mujer de la sociedad moderna tiende a conservar su identidad de soltera”, dice María Inés Abrile de Vollmer, titular de la Dirección de Escuelas.

En la hora y media que durará la entrevista hablará en tono suave, con pequeños y moderados matices para resaltar algún concepto. Sólo en un momento levantará la voz y resaltará cada palabra con golpes en la mesa, con la mano abierta. “¡No dé clases aburridas!”, dice que le pedirá en este último año de gestión a cada uno de los 55.000 docentes mendocinos. “¡Cuando usted vea que (los chicos) se están tirando papelitos, mandándose mensajitos y hablando entre ellos es porque su clase es aburrida! ¡Aprenda a manejar la computadora, haga que los chicos se diviertan estudiando geografía con el Google Earth y no les pida más mapas! ¡Tienen una maravilla disponible y pueden ver hasta su casa! ¡No haga más ejercicios de Química en el pizarrón y use el simulador de las netbook! Claro, no se lo vamos a decir así (ríe) pero vamos a tener que decirle: “Usted tiene que ser un profesor activo, pensando en los chicos, en los intereses que tienen los pibes, ¡porque así se aprende con gusto hasta el teorema de Pitágoras! A eso yo le llamo hacer un plan de una muy buena complementación didáctica pedagógica y tener respeto por los intereses de los alumnos”.

Esta semana, esta mujer, nacida en Hernando, Córdoba, y llegada a Mendoza a los 12 años, estuvo en medio de una fuerte polémica por una resolución dictada por la DGE que permitía que los alumnos de primaria que hubieran repetido algún año también pudieran aspirar a ser abanderados u escoltas.

La pieza 2.087 fue dictada el 19 de noviembre y apenas tomó estado público fue vetada por el gobernador. Y este viernes, antes de que la titular de la DGE accediera a la entrevista con UNO, fue rectificada por la resolución 2.172.

El eje de la polémica era el contenido del artículo 14, que decía que los alumnos repetidores debían ser contemplados para esas designaciones. En realidad no hubo una modificación en el concepto, pero sí en la forma de expresarlo y también se fue más específico. “No hubo un cambio sustantivo, pero de la otra forma se entendió mal”, dijo Abrile de Vollmer, y explica: “Ser abanderado es, primero, un honor, pero también es un derecho del alumno”, y dijo que debía ampliarse el criterio de designación de abanderados y escoltas, que hasta ahora sólo contemplaba a los que tenían los promedios más altos y buena conducta. “Si el chico está enfermo, sometido a un tratamiento prolongado, ha fallecido un integrante de su familia o sus padres se han separado, no se puede esperar que tenga un desempeño destacado en la escuela ese tiempo. Va a estar cargado de angustia, tristeza, miedo al abandono y hasta miedo a morirse. ¿Por qué esos chicos, por haber tenido que recursar un año, no pueden ser abanderados? Lo que la resolución dice es que, en esos casos, se debe contemplar las notas que han tenido en ese año que han recursado. Esos casos son muy distintos a los alumnos que recursan por malas notas y mala conducta”. El artículo 14 dice, ahora, que la contemplación para ser candidatos a abanderados y escoltas también corre “para los alumnos que por razones de tratamiento prolongado de salud mental o física hayan tenido que recursar algún grado, y se considerarán las notas del año en que aprobó el grado”.

Inclusión y permanencia A esta mujer de 70 años, madre de tres varones ya profesionales y que trabajan en empresas privadas y esposa de Carlos Vollmer, que estuvo detenido durante la dictadura, y con una gran experiencia en gestión educativa, lo que más le enorgullece de sus tres años de gestión es la política de inclusión y permanencia dentro del sistema educativo que se logró implementar en Mendoza, aunque reconoce que la mejora en la calidad será un proceso lento y para ello las políticas implementadas deben sostenerse en el tiempo. Y enumera: “Hoy, el 97% de los niños de 4 y 5 años de Mendoza están inscriptos en el Nivel Inicial y cuando comencemos las clases en 2015 vamos a estar muy cerca del 100 %. Eso significa que el Estado puso los recursos necesarios. Eso lo nota mucho un maestro de primer grado, que recibe a un niño que ha tenido una etapa previa de socialización, formación de hábitos y un inicio prealfabetizador. En tres años de gestión vamos notando el cambio”.

Y acota: “Ya llevamos varios años en que el 98% de los chicos que salen de 7º grado se inscriben en 1º de la secundaria. Antes sólo ingresaba a la secundaria el 50%, que eran chicos de clases alta, media e hijos de trabajadores con un sentido claro de futuro. Hoy la continuidad es un logro importantísimo”.

También destaca que de ese 50% que antes ingresaba a la secundaria, sólo la completaba menos de la mitad de los alumnos. Hoy se recibe el 72% de los jóvenes. “El 90% de los niños y jóvenes está dentro del sistema educativo. Mendoza logra un cumplimiento muy alto de las políticas de inclusión y más moderado en las políticas de calidad”, dice.

Sin embargo hay un cuestionamiento ciudadano superficial pero frecuente, que dice que los alumnos pasan de año y se reciben porque los docentes son menos exigentes y más permisivos. “No es tan así. El principal problema era que el alumno no abandonara la escuela y hemos aprendido a generar alternativas educativas que acompañen a los alumnos con mayores dificultades de aprendizaje y de conducta, creando aulas de recuperación, tutores, profesores de apoyo, centros de actividades juveniles…”.

Abrile de Vollmer dice que el gran desafío es que el docente y los programas educativos evolucionen al ritmo de los tiempos que corren y que el alumno se interese y aprenda. Que desee tener esas herramientas que la escuela le puede ofrecer. Ella sabe que es un proceso, lento y difícil, que no hay resultados inmediatos pero sí muchos factores que atentan contra el objetivo. Pero en definitiva hay un camino trazado y un plan: “Hay que provocar al docente y darle una guía para responder a estos nuevos tiempos”.