María tiene el síndrome de Rokitansky. Integra el grupo Mayna, en el que hay 90 mujeres que comparten sus dudas, sus miedos y ayudan a otras a afrontar el problema

"Nací sin útero y me costó mucho saber quién era"

Por UNO

María L. (26) vive en Luján de Cuyo y es una de las tres mendocinas que figuran en el grupo Mayna, un espacio creado para la contención de pacientes con síndrome de Rokitansky, un trastorno congénito genital con falta de desarrollo o ausencia total de vagina y útero, pero con ovarios funcionales. Que estén sólo tres mendocinas no significa que no haya más. Y es que esta afección causa vergüenza, falta de identidad con lo femenino, y por lo tanto una baja autoestima. Por eso la gran mayoría vive en el silencio, no se expone y en algunos casos pasan años guardando su problema como un gran secreto. En Argentina fue Karina Esper (43), podóloga que vive en Buenos Aires, la que se animó a saltar a los medios y contar lo que para ella fue una mochila pesada de llevar. Nació sin vagina, sin útero y cuando vio la posibilidad de operarse, se tomó un año para pensarlo y aceptó el desafío. De este antes y después en su vida ya pasaron 20 años. La cirugía consistió en abrirle un canal vaginal y colocarle un tutor durante un año. También recubrieron el interior de su vagina con piel extraída de otra parte del cuerpo, que en su caso fue de una pierna. En 2011, junto con 5 chicas con la misma afección, formaron el grupo Mayna (madrina) para ofrecer ayuda a través de charlas, consejos y mucha contención. Un caso de Mendoza María está terminando el profesorado de Educación Física. Sus padres fallecieron y tiene a su cargo a uno de sus tres hermanos, el menor. Vive con su actual pareja, con quien está desde hace 5 años, y planean tener un hijo, por adopción o por otros métodos más complejos, ya que nació sin útero, aunque tiene vagina. "Me enteré a los 14 años cuando consulté a una ginecóloga porque no menstruaba. No vas a tener hijos me dijo fríamente. Llorando llamé a mi mamá y le conté lo que me pasaba. Me quedé sentada en el estacionamiento del centro médico y la esperé allí", comentó. Su problema no le impidió tener parejas, a las que no les ocultó nada y fue siempre comprendida. "Estaba muy enojada con lo que me pasaba. En la primaria mentía mucho, fingía tener la menstruación, hasta que fui creciendo y empecé a decirme qué bueno que no tengo dolores, ni voy a tener que usar toallitas y así fui enfrentando la situación de a poco", contó a Diario UNO.María se sintió afectada por saber que nunca iba a tener hijos en forma natural y se sentía rara, muy diferente por no menstruar al igual que sus compañeras o amigas. "Me hacía miles de preguntas, no sabía qué era realmente. Pensaba que por fuera era mujer pero no tenía útero, entonces era hombre a la vez... En fin, estaba muy confundida, pensaba si tenés menstruación sos mujer y si no la tenés sos hombre. Nací sin útero y me costó mucho saber quién era", comentó.De esta falta de identidad que sentía salió sola, nunca hizo terapia, y la ayudó mucho el haber encontrado a otras mujeres que pasaban por lo mismo. "Me di cuenta de que no era un monstruo, de que no era la única cuando conocí a otras chicas y empezamos a compartir los temores. Pero un antes y un después fue cuando me contacté con el grupo Mayna, y con Karina Esper", dijo agradecida.Ahora se ilusiona con formar una familia, tener hijos y cumplir con lo que siempre soñó. Pero para llegar a este presente feliz tuvo que atravesar una verdadera tormenta. Desde el grupo que reúne a más de 90 mujeres con el mismo problema intenta darles una mano a las que no se animan a contar lo que les pasa.

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