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Mendoza, esa provincia del fin del mundo donde, ante el ébola, está todo por hacerse

Por Paola Piquerppiquer@diariouno.net.ar

@paolapiquer

Llevarle tranquilidad a la población ante las emergencias es clave. En cambio, engañar a los ciudadanos y hacerles creer que está todo controlado, cuando no es así, puede resultar doblemente perjudicial: por un lado, porque se pierde el pacto de confianza entre quien comunica y el que recibe el mensaje, y segundo, porque el miedo que se intenta apaciguar puede acrecentarse y tornarse aún más difícil de manejar cuando la verdad salta a la luz.

Es tan básico lo que describo que llama la atención la forma en que las autoridades locales están manejando el tema del Ébola y la improbable, pero no desechable posibilidad de que ingrese a la provincia una persona infectada con el virus.

Cuando hace unos 10 días no quedaba noticiero o diario del planeta que no alertara sobre la propagación de la enfermedad a países como España o Estados Unidos, la consulta sobre cómo Mendoza se había preparado para un eventual caso no se hizo esperar.

“Tenemos los trajes de protección que recomiendan, están armados los protocolos de acción, el hospital Lencinas está acondicionado y su personal capacitado”, fue, palabras más, palabras menos, lo que aseguraron desde el Ministerio Salud.

Ni muy muy, ni tan tan, diría yo. Trajes compraron 5 (cinco): 2 para el Lencinas y 3 para el Servicio de Emergencias Coordinado (uno de los cuales deberían colocárselo al “paciente”).

A nivel mundial la demanda de esa vestimenta tipo espacial se ha disparado, mientras los expertos juegan una carrera contrarreloj para impartir cursos sobre su uso porque es un equipamiento que sólo evita el contagio si se sigue estrictamente el manual de instrucciones.

Por ejemplo, como máximo, puede usarse durante una hora y media o dos. Y si las temperaturas son altas, mucho menos tiempo. Esto no sólo dificulta la labor de los especialistas sino que también multiplica el número de escafandras necesarias para afrontar la enfermedad. En este marco: ¿Cinco equipos son pocos o muchos? ¿Alcanzaría esa cantidad para la atención sin sobresaltos de un infectado?

A eso se suma la denuncia que los gremios de la salud y el personal del Lencinas realizaron primero ante la periodista de Diario UNO Carina Luz Pérez, y luego ante la Fiscalía de Estado, respecto de las condiciones del lugar y del nulo entrenamiento del recurso humano.

“Los equipos de bioseguridad no son los adecuados ni suficientes para ninguna de las etapas de la atención de un enfermo de Ébola, desde su ingreso por guardia, análisis de laboratorio e internación en sala de aislamiento. Tampoco existe un servicio de terapia intensiva que pueda sostener al paciente mientras lucha con el virus, en caso de agravarse el cuadro. Y como broche de oro, los protocolos de actuación armados desde la Nación aún no han llegado a Mendoza”, advierten.

Aquello de que ya está definido “el plan de acción” hace agua por varios lados. De hecho, recién han convocado a una reunión en el 5º piso de Casa de Gobierno.

Es esperable que participen todos los eslabones de la cadena: desde el referente de Sanidad de Frontera, Alberto Bilbao, hasta el último ordenanza que limpia las habitaciones del Lencinas.

Bilbao confirmó que a Mendoza no han llegado los trajes prometidos por la Nación para los aeropuertos internacionales argentinos. Serán 30, pero aún no están disponibles en El Plumerillo. “En estos días, en estos días…”.

De paso, Bilbao aún no recibía hasta el lunes en la mañana el llamado de invitación al encuentro oficial. No es un detalle menor, dado que la Organización Mundial de la Salud tiene marcado en sus mapas de posibles entradas de la epidemia al aeropuerto de Mendoza.

Mendoza, esa provincia del fin del mundo donde sus funcionarios se ufanan de haber trabajado para surfear sobre el peor de los escenarios, la llegada del ébola, pero donde en realidad queda bastante por hacer.

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