Cuando era apenas una joven de 19 años, y con una bebé encaramada en la cintura, la actual titular de la Dirección de Género y Diversidad de Mendoza, Silvina Anfuso (35), comenzó a caminar los barrios de la mano del trab

“Los femicidios, antes llamados crímenes pasionales, hoy tienen gran visibilidad”

Por UNO

Paola Alé[email protected]

Cuando era apenas una joven de 19 años, y con una bebé encaramada en la cintura, la actual titular de la Dirección de Género y Diversidad de Mendoza, Silvina Anfuso (35), comenzó a caminar los barrios de la mano del trabajo social. Fueron sus primeros pasos de lo que después se convertiría en una pasión: la militancia en el feminismo y en la política. Su labor fue inicialmente la de alfabetizar a mujeres pobres. Mientras, ellas le enseñaron el valor de la perseverancia.

Aunque con el tiempo se convirtió en una referente y dirigente política,  luego de pasar por diferentes agrupaciones progresistas, Anfuso sigue siendo aquella misma persona con espíritu emprendedor, con los ideales intactos y un claro objetivo: empoderar al género.

En este sentido, quiere trabajar para lograr el objetivo de fomentar políticas de equidad. En esta entrevista, la directora cuenta cuál es la idea que tiene para subirle el perfil a la dirección que le toca gestionar.

–¿Cuándo y cómo comenzaste a hacer política y a militar el feminismo?

–En el feminismo comencé a militar más tarde, lo primero que hice fue ir a alfabetizar. Recuerdo los  meses de enero en los que iba al barrio La Favorita, hacía un calor terrible, tomaba dos micros, eran las tres de la tarde… pero me encantó hacerlo.

–¿Eran tus épocas de estudiante?

– Sí, iba a la facultad; tenía 20 años.

Pero un año antes trabajé con mujeres adolescentes embarazadas. Fue antes de la crisis. Habíamos conseguido una máquina para hacer pañales descartables.

–¿Por qué se te ocurrió esa idea siendo casi una niña?

–Lo hice desde mi propia experiencia, a los 19 yo ya era mamá, por eso salí a buscar trabajo y empecé con estos proyectos comunitarios. Lo de alfabetización lo hice en forma voluntaria. Después cuando terminó quedé relacionada con la gente de los barrios. Me di cuenta de lo útil que era ese tipo de trabajo. Me vinculé a la agrupación  Barrios de Pie. Al mismo tiempo cursaba Sociología. Hasta que tuve que dejar un tiempo el estudio, porque me aboqué mucho a la militancia.

–¿Para qué te sirvieron esos años de caminar los barrios?

–Comencé a notar la restricción de la participación social de las mujeres, producto de la violencia doméstica. Pero con el estudio y el aprendizaje notaba que las mujeres se iban poniendo cada vez más lindas y seguras, algunas querían leer y escribir porque querían leer la Biblia. Otras querían aprenderse las letras de los colectivos para no perderse. Pero cada una desde su lugar y sus intereses buscaba superarse.  Fue una experiencia sumamente enriquecedora.

–En cuanto a la gestión, ¿con qué realidad te encontraste cuando llegaste a la Dirección de Género?

–La dirección (antes Instituto de la Mujer) nació con objetivos que tenían más que ver con el empoderamiento de las mujeres, la transversalidad de la perspectiva de género, de la incorporación y participación social de las mujeres en los distintos ámbitos. A medida de que el tema se ha ido instalando, ha tomado mayor fuerza la problemática de la violencia doméstica y los femicidios (antes se los denominaba “crímenes pasionales”), hoy tienen una alta visibilidad, al igual que las distintas formas sutiles y explícitas que hacen a la dominación patriarcal y también se ha ido poniendo en evidencia la necesidad de autonomía y el derecho de decidir sobre sus cuerpos, el acceso a los métodos anticonceptivos.

–¿Cuáles son tus principales objetivos de gestión?

–Hoy estamos parados en un lugar y en un momento en el que queremos que la dirección sea  útil para otros temas y no sólo para atender la contingencia. Tenemos que ir camino a eso, pero sin desatender la demanda actual. Vamos a hacer una transición en este sentido. Pero en cuanto a las acciones concretas, territorializaremos el acompañamiento a mujeres en situación de violencia a través de los departamentos públicos, como lo son las áreas de la  Mujer de los municipios, para que sea más accesible la atención.

–Es una falencia del Estado muy notable que no exista  un área que reúna datos, ayuda y atención.

–Esa tiene que ser parte de la línea de acción de la dirección: dirigir y proponer  políticas públicas, pero que tiendan a la descentralización y al acompañamiento territorial. Esta primera etapa tiene que ser un contenedor de estos dispositivos

–¿A través de qué instituciones se realizará?

–Además de los que ya he mencionado, podemos contar con los centros de salud, para llegar a la población rural.  Esto porque las medidas contra la violencia de género están pensadas para la población urbana, como la prohibición de acercamiento y la exclusión del hogar. En una ciudad puede ser útil. Pero cuando la familia es contratista de viña, si  se aparta al trabajador todos pierden el sustento, teniendo que abandonar el lugar en el que viven y trabajan. En estas circunstancias hay que pensar otras formas de asistir y acompañar.

–¿Cómo será en la práctica?

–Hay que sectorizar y jerarquizar. Hay un nivel de atención primaria, orientación y consejerías, en esto trabajaremos con los centros de salud y con las áreas Mujer municipales. Cuando toma otro tipo de complejidad, es decir cuando está en riesgo la vida de manera inminente –no sólo hostigamiento y violencia psicológica– y es necesario activar otros dispositivos, vamos a poner a los abogados que indica la ley de patrocinio gratuito para estos casos de mayor complejidad. Tenemos que empezar a ordenar, a organizar de una manera distinta.

–¿Ya tienen pensada una modalidad de organización y trabajo?

–En primer lugar, con el personal que está, dividiéndonos en áreas específicas,  unas que van a trabajar en lo que hace a la asistencia, de manera que se especialicen en la contingencia. En esto se puede destacar el tema de los refugios , tenemos que abocarnos en la construcción de estos albergues. Vamos a presentar un proyecto para que exista un fondo de garantías de alquileres en los casos de violencia de género para poder sostener en el tiempo algunas medidas. Otro grupo se encargará de la capacitación en relación con las áreas de salud, y abarcativamente a temas de salud sexual y reproductiva, sin dejar de lado la atención de la salud mental con perspectiva de género. También habrá un equipo para encarar lo jurídico y el acceso a la Justicia donde hay riesgo de vida, esto para acompañar los procesos penales.

–¿Sobre la base de qué datos se manejarán?

–Ese es otro aspecto a recuperar,  habrá especialistas en estadísticas trabajando para sistematizar datos y constituir el observatorio. Porque hasta el momento este punto no puede cumplirse, ya que no existe información sistematizada. Vamos a trabajar junto con la DEIE (Dirección de Estadísticas e Informaciones Económicas)  y con la Disime (Dirección de Sistemas, Monitoreo y Evaluación).

–¿Qué medidas se van a tomar para fomentar la independencia económica de las mujeres que han sufrido violencia?

–Vamos a abrir una línea de fortalecimiento económico, vinculando las cooperativas a los CEDEIF (Centros de Desarrollo Integral y Familiar); es una forma de aprovechar su distribución y función territorializada.

–¿Cuáles son los objetivos a largo plazo que buscan lograr?

–Lo que buscamos es que una vez superado este nivel de urgencia podamos poner el foco en otros aspectos más profundos, como lo es el de la corresponsabilidad de los vínculos parentales. Para que la sociedad entienda que no debe recaer sólo en las mujeres el cuidado de los hijos y de las hijas, entre otros aspectos importantes.

–Para finalizar, ¿cómo ves y vivís la política desde una militancia sumamente territorial?

–La política para mí es la posibilidad de transformar. Lo otro es politiquería barata, y eso a mí no me gusta, me desilusiona y casi que me aleja de la función pública.