Por Carina Luz Pé[email protected]
La casi total parálisis de los medios de transporte y el cierre de muchas estaciones de servicio marcaron el ritmo de la medida. Reinó el descontento entre los trabajadores que perdieron dinero. En el centro mendocino, las calles lucieron desérticas. <
Las historias que dejó el paro nacional que paralizó a Mendoza y al País
Esperé el 54 desde la cinco de la mañana y nunca pasó, así es que me vine en bicicleta para ir a comprar el café al bar y pasar por la panadería. Yo vivo al día, es así, y no puedo perderme 24 horas sin ventas. Ningún sindicato ni nadie me ampara. Este paro es una medida egoísta y falaz, porque el que tiene mucho quiere más, y no es cierto lo que dice Hugo Moyano de que están mirando las necesidades de los trabajadores, esto no es por los trabajadores”, sentencia Eliana Pelliza, la cafetera que para en la puerta del Banco Nación de San Martín y Gutiérrez, en Ciudad.
Como ella, miles de mendocinos vieron frustradas sus intenciones de cumplir con su día laboral por el paro del 100% de camioneros, el 80% del trasporte urbano de pasajeros y otro 70% de los expendedores de nafta, que paralizaron las actividades en Mendoza.
El malestar se pudo percibir también en quienes esperaron durante horas un micro en la terminal de ómnibus, como Pedro Patti, de Godoy Cruz, un chofer de camión repartidor que no pudo llegar a su lugar de partida.
“Perdí el día, y lo que no trabajo no lo cobro. Este paro está mal, que se saquen ellos la plata del bolsillo, pero no del pueblo, que dejen trabajar”, explicó.
Un poco más allá, sobre la parada del 10, Oscar Omar agrega: “Yo no tengo modo de ir a la panadería donde trabajo, hace dos horas que estoy acá. Este paro es político porque vienen las elecciones pronto, la gente que labura siempre está cagada”.
El enojo se repitió entre los comerciantes que abrieron sus puertas en el centro, pero no vendieron casi nada a pesar de que el piquete del nudo vial de Vicente Zapata funcionó de forma parcial porque los laterales estaban liberados al paso.
Además, la lluvia persistente ayudó para desalentar a los posibles compradores.
Por supuesto que también hubo mendocinos que sortearon la medida de fuerza, como los taxistas que sostuvieron el servicio hasta donde la provisión de combustible se los permitió; los maleteros de la terminal, los empleados de los informadores turísticos, o los ciudadanos comunes que tenían la obligación de hacer trámites, como Celeste Arabel, de Rodeo del Medio, quien se presentó temprano a una audiencia en la Justicia y esperó más de una hora la llegada del micro de Nueva Generación.
“Yo creo que el paro nacional está bien, es cierto que es un poco engorroso pero es la única forma que los trabajadores tienen para hacerse oír, para que las cosas cambien, no puede seguir todo igual”, indicó Celeste.Mientras tanto, los bancos mostraron salones vacíos de público, por lo que los pocos clientes que asistieron a esas entidades celebraron la rapidez con las que terminaban su papeleo.
En cuanto a los cajeros automáticos, no se registraron mayores faltantes de dinero por la ausencia del traslado de caudales.
Tampoco hubo incidentes, según datos del Ministerio de Seguridad, que repartió al 50% de la fuerza policial en los controles de los micros de corta distancia y en la terminal. Al cierre de esta edición sólo se había reportado una rotura de una luneta en una unidad del Grupo 6.
Los servicios de media distancia cumplieron la frecuencia comprometida, el 20% .
En cambio, los choferes de larga distancia adhirieron al 100% y sólo permitieron la entrada de micros que ya habían salido de otras provincias para no dejarlos varados en el camino.

