Sara Gonzálezgonzalez.sara@diariouno.net.ar
Jorge Sanchís es el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción de Mendoza. Docente universitario y constructor dedicado sobre todo a la obra privada, asumió hace pocas semanas en remplazo de Fernando Porreta.
“La obra privada está muerta, no hay inversión sin confianza”

Jorge Sanchís es el nuevo presidente de la Cámara de la Construcción de Mendoza. Docente universitario y constructor dedicado sobre todo a la obra privada, asumió hace pocas semanas en remplazo de Fernando Porreta.
Es el titular de Sanco SA, una empresa constructora que se volcó sobre todo al sector empresario, donde se ha destacado en la construcción de sucursales bancarias y supermercados.
Justamente por eso el empresario advierte en carne propia el parate que ha sufrido la actividad en el último año.
Recién en los últimos tiempos y a fuerza de tratar de remar en la crisis, se presentó a licitaciones públicas y así ganó la obra de remodelación de los portones del parque General San Martín y, actualmente, está a cargo de la remodelación de la mansión Stoppel, en la calle Emilio Civit de Ciudad, una casona de 1912 que el Gobierno quiere poner en valor y convertir en un museo para atraer visitantes. Una obra de $23 millones. También construye viviendas a través del IPV.
En el sector privado, hizo un local de la cadena de origen chileno Falabella, en San Juan; una sucursal de Changomás –perteneciente a la cadena Walmart–, en Maipú. También levantó bodegas, el hotel-spa Entre Cielos y Cavas Wine Lodge.
“Este tipo de obras no se ha vuelto a hacer”, se lamentó en relación a los emprendimientos turísticos de élite.
–¿Cómo ve la situación actual de la construcción?–El sector privado está totalmente muerto en cuanto a obras. Nadie invierte con el actual escenario. Había un rubro que se movió mucho en los últimos años y que fue la construcción de sucursales bancarias. Hicimos muchas sucursales del banco Río. Hemos trabajado luego cuando cambió por Santander, también con el Supervielle. Este rubro es lo único que se mueve un poco. Y lo que realmente genera es la parte privada, la obra pública sólo ayuda un poco.
–Pese al parate existente, ¿qué proyectos privados hay para los próximos meses?–Están el edificio de departamentos que construye Cioffi sobre Boulogne Sur Mer, la ampliación de Palmares, del Grupo Presidente, y el shopping que se hará en el antiguo pozo de Maristas, en el centro de la ciudad. Fuera de eso, todo lo demás se ha paralizado. Las bodegas son uno de los sectores que están en esta situación, las inversiones extranjeras no existen. En el sector minero, ni hablar.
–¿Usted cree que es un sector que podría dinamizar la economía de Mendoza?–Mendoza no puede darse el lujo de desperdiciar inversiones. Es una barbaridad que se mande a archivo en la Legislatura una propuesta para extraer hierro, que en esta etapa lo único que hará será ver si hay material suficiente para extraer en el futuro. Mendoza sigue creciendo y hay que darle trabajo a la gente, y no podemos seguir trabajando con lo que teníamos hace 50 años. Apoyémonos en las universidades, todas tienen profesionales que pueden hacer estudios serios. Hagamos estudios y si se prueba que efectivamente no hay riesgo de contaminación, sigamos conversando, pero no metamos el proyecto debajo de la alfombra.
–¿Qué hace falta para que se reactive la actividad en el sector?–Básicamente, hace falta inversión extranjera. Desgraciadamente, en los procesos inflacionarios, lo llamen como lo llamen, lo primero que se paraliza es la construcción y cuando empieza a funcionar de nuevo la economía, lo último que se reactiva es la construcción.
– Para que haya inversiones, tiene que haber confianza...–Claro. Es imprescindible. Hay acciones que corren a la gente. Lo que ha pasado con la minería es un ejemplo de ello. Los inversores no vienen cuando las reglas no son claras. Esto no es un problema económico, es político. Yo creo que hay que bajar el nivel de conflictividad, dejar de pasar facturas y empezar a pensar en que somos 43 millones de argentinos que tenemos que salir adelante.
–¿ Pero usted cree que se pueden mejorar las condiciones para que se atraigan inversiones en el corto plazo o habrá que esperar al próximo gobierno?–Será difícil. Escuchando a la Presidenta en el cierre de la convención, creo que será muy difícil. Pensar que habrá un cambio rotundo en el rumbo es casi imposible. No creo que después de diez años de gobierno hagan un cambio de timón en el último año. Por ejemplo, en materia de subsidios, es difícil que ahora den marcha atrás con esa política. Aunque claramente es imposible sostenerla en el tiempo. Estoy de acuerdo con la asignación universal por hijo, con los planes Trabajar para gente que lo necesita. Incluso, desde la Cámara apoyamos mucho la capacitación para el trabajo, pero no se puede seguir largando subsidios. Eso lo pagamos entre todos. Este festival lo pagamos entre todos.
–Como contracara, ¿el Estado cada vez ejerce más presión tributaria?–Es una presión fiscal terrible, que está ahogando a todos los sectores. Incluso, ha salido un fallo de una empresa de Buenos Aires que pudo demostrar que la carga impositiva que tenía era confiscatoria y superaba el 50% de sus ingresos. No hay racionalidad, se marca al contribuyente de manera asfixiante. Aún para cobrar los certificados de obras vencidos de muchos meses que el Estado les tiene que pagar a las constructoras les exigen el formulario 931 para comprobar el pago de las cargas sociales. Es decir, exigen que estés al día con tus impuestos, para ellos pagar las deudas que están atrasadas. Ahora son implacables. La presión tributaria es altísima. En un momento dado, la AFIP daba planes de pago para pagar el IVA en seis cuotas, ahora no. Esto ha ido haciendo que las empresas estén todas endeudadas.
–¿Qué herramientas debería tener en cuenta el Estado para mejorar la actividad económica en general y de la construcción en particular?–Si nos referimos a la provincia de Mendoza, en relación a la obra pública, el panorama es bueno sobre todo en lo que respecta a vivienda y de acuerdo a lo que se ve en el presupuesto. Después de la provincia de Buenos Aires, la que más plata tiene para vivienda es Mendoza. Es una muy buena noticia para Mendoza. Lo que hace falta es la contraparte provincial para hacer esto.
–¿Cómo se garantiza esto? –Lo que queremos conseguir es que la provincia haga un fideicomiso con los fondos destinados a obra pública. Tenemos que convencer a los legisladores. No estamos pidiendo endeudamiento, simplemente queremos que esa plata quede a cubierto de las contingencias presupuestarias que pueda tener la provincia, para garantizar que se use sólo para obra pública. Esta es la única forma de que luego no se ocupe para otros fines.–Esto no se ha hecho antes...–Exacto. Sólo algunos planes de vivienda que se manejaron así, pero nada más. El Procrear se maneja así, pero en ese caso son fondos nacionales. Mendoza tiene capacidad de infraestructura para ejecutar un buen caudal de obras de vivienda. También tenemos mano de obra, entonces lo que tenemos que lograr es tener certeza en el cobro. Necesitamos que los $450 millones que el gobernador ha dicho que va a destinar para vivienda lo pongan en un fideicomiso, en el que quieran. Ahora no estamos pidiendo que se endeuden, sólo pedimos que los fondos que se asigne en el presupuesto lo pongan en un fideicomiso.
–¿Cómo está el nivel del empleo en el rubro de la construcción ?–Hoy, hay 11.000 obreros en la construcción y los 11.000 están ocupados. Creo que eso se va a mantener durante el próximo año, porque esperamos que la obra pública se mueva a buen ritmo, sobre todo teniendo en cuenta que será un año electoral.