El Gato Marcelo Araya y tres integrantes de su banda fueron finalmente imputadosayer por el doble crimen de los albañiles del Rengo Daniel Aguilera, perpetrado el 15
de enero pasado en una casa en construcción de su propiedad, en un barrio semicerradode El Carrizal.
Con las pruebas recolectadas por las intervenciones telefónicas de la Justiciafederal el fiscal especial Daniel Carniello los acusó por el delito de doblehomicidio agravado por el concurso real de dos o más personas, que en caso de condenaprevé la pena única de prisión perpetua. Darío Echeverría y Ceferino José Escudero fueron las inesperadas víctimas deaquella sangrienta tarde que tiñó la jornada con un ataque mafioso propio de laspelículas. Los mataron a golpes con un pico y a puñaladas. El crimen era un aviso de lo que se venía y tenía como objetivo central en elmediano plazo al mismísimo líder de la barra brava del Tomba o a los integrantes de sufamilia. Por cuerda separada, estos mismos acusados seguirán imputados junto con otrossiete detenidos en la causa de la banda que integraban, la que se dedicaba al tráficode drogas y al contrabando, expediente que tramita en los juzgados federales. Ricardo Andrés Ferreyra Hervidia, alias el Grandote; el Hueso Héctor RaúlMorales, el Colo Juan Carlos Solar y por supuesto, el jefe de la banda, Marcelo JavierAraya, alias el Gato, señalado como instigador, son los cuatro acusados del dobleasesinato. La escucha reveladora Ricardo Ferreyra: –Jefe, ya está listo. Gato Araya: –¿Qué pasó? Ricardo Ferreyra: –¿Sabe qué, jefe? Le di con el pico, le partí la cabeza (cuentaentre risas). Esta fracción de un diálogo mucho más largo es la más escalofriante y crucial delas escuchas que colocaron a los cuatro acusados al borde de la condena. Las intervenciones telefónicas detectaron el diálogo entre Ferreyra y sujefe, el Gato Araya, a quien trataba de usted. Allí, Ferreyra, según lo han identificado los investigadores federales, letransmitía la novedad a Araya de que la criminal faena estaba cumplida como él lohabía pedido. Es más, ante el pedido de detalles Ferreyra se lo confirma a su jefe con otrafrase no menos contundente: "Hay dos perros muertos". Diálogos capturados minutos antes del ataque anticipan los preparativos paraingresar al barrio con claras intenciones de matar, aun a riesgo de ser vistos. El Gato Araya dialoga con el Hueso Morales y le pregunta: GA: –¿Cómo es el lugar, hay otras casas allí, hay movimiento, los ven a ustedes? HM: –Sííí, es un barrio y hay gente por acá y nos mira. Y me parece que hay máspersonas en la casa. GA: –Bueno, ponganse una capucha, tapense con algo porque si no los van a ver y vana tener que matar a todos. HM: –¡De una! Aseguran los investigadores que ya con el crimen consumado los involucradosnos mostraron ni pena ni arrepentimiento. Salvo por el comentario de que el HuesoMorales se había descompuesto mientras mataban a los obreros. Ferreyra se lo confirmóal Gato Araya: "Sí, se puso a vomitar, es un espamentoso". En estos diálogos también se menciona al Colo, a quien se identifica como JuanCarlos Solar, que al parecer el día del asesinato se quedó afuera esperando. Sin dudarlo, tras el crimen Araya empezó a repartir órdenes. Le dijo a Ferreyraque se fueran de ahí a lugares públicos con cámaras de seguridad para ser filmados ytener una coartada. El crimen que hundió a la banda Hasta esa tarde del 15 de enero, los investigadores de la Justicia federalhabían empezado a cercar de a poco a la banda del Gato, secuestrándole algunoscamiones con mercadería de contrabando, pero aún no habían decidido desbaratar labanda por completo. En las escuchas se siguió atentamente la situación del jefe de la barra brava delTomba, porque ya se habían hecho comentarios anteriores sobre una orden frustrada dematar a uno de los hermanos de Daniel Aguilera o una afirmación del Gato Arayadiciéndole a uno de sus soldados: "Hay que limpiarse al Rengo". El doble crimen fue la prueba de que el Gato y sus maleantes habían pasadodefinitivamente a la acción en la guerra ya declarada contra los Aguilera. Situación que además quedó plasmada con otro mensaje mafioso un par de horasdespués: una decena de coronas de flores que le enviaron a la familia Aguilera a sudomicilio. El megaoperativo para desguazar a la banda del Gato no esperó más y el domingo ala madrugada 32 allanamientos, la mayoría en el barrio La Gloria, terminaron concinco integrantes de la banda detenidos. Otros cuatro cayeron horas después hastallegar a 11, incluido el propio líder de la asociación ilícita.



