Jesús Nazareno ya tiene biblioteca nueva y un gran desafío por delante

Por UNO

José Luis Verderico

[email protected]

@jlverderico

Mi condición de vecino interesado en el desarrollo cultural me llevó a acercarme a la inauguración de una de las flamantes bibliotecas públicas provinciales: la de Jesús Nazareno, en Guaymallén. Es una maravilla. Por fuera y  por dentro. Ya está en funcionamiento y el trabajo recién comienza, está claro, y ojalá que los responsables de la seguridad pública admitan lo que mi condición de periodista me reveló a pocos minutos de pisar las  nuevísimas instalaciones: hay que preservar tamaña inversión del cada vez más largo brazo de la delincuencia.

Capítulo I

Sabía que ese espacio estaba por abrir sus puertas, así que el lunes salí a caminar por la zona y de paso a curiosear el avance de las obras. La realidad me dio una grata sorpresa: estaba todo listo para el corte de cintas, la  calle El Carrizal estaba cortada para el acto público, el intendente Lobos y parte de su equipo recorrían las dependencias, el amigo Miguel García Urbani estaba entre satisfecho y algo nervioso por lo inminente, la ministra  Marizul Ibáñez se saludaba con todos y la concurrencia esperaba al gobernador Pérez, mientras la gente de Protocolo acomodaba una veintena de sillas para los invitados. Y en derredor, los chicos. Los verdaderos  destinatarios de semejante obra, de superlativa inversión.

La biblioteca de Jesús Nazareno ya está disponible para saciar el apetito de conocimientos y aprendizaje de los habitantes de 17 barrios de ese distrito enclavado entre la calle Gabrielli (al oeste), los carriles Ponce (al este) y  Rodríguez Peña (al sur), y calle Elpidio González (al norte), que lenta y sostenidamente se va poblando de nuevas familias de diversas clases sociales que le van ganando terreno al pasado reciente, repleto de viñedos,  olivares y de generaciones de contratistas y cosechadores. Había pasado por la puerta del edificio hace dos meses y la transformación que vi este lunes es fenomenal: paneles solares para alimentar de energía las  instalaciones, el mobiliario nuevito, las computadoras inmaculadas, el predio limpio y lustroso, y varios millones de mundos y de historias, y de misterios que esperan a los chicos, adolescentes y adultos entre las tapas de libros, manuales y otros volúmenes prolijamente ordenados.

Estado de situación

Dicen que la felicidad nunca es completa. Y es cierto. Y también en este caso. La zona donde se enclava la Biblioteca Pública Jesús Nazareno no es Chicago, claro está, pero durante los últimos cinco años muchos de sus  buenos vecinos (la gran mayoría) han sido víctimas de diversos delitos a toda hora del día.

La desaparición de cubiertas de autos estacionados y el robo muchas veces armado y siempre preciso de celulares y zapatillas y mochilas y carteras en las paradas de colectivos aledañas son, entre otros, algunos de los  problemas que conforman el menú indigerible de la delincuencia sin coto a la vista. ¿Casas desvalijadas? También.

Por estas horas, varias familias de la zona analizan, como debe estar pasando en gran parte del país, si contratan algún servicio privado de seguridad o de alarma comunitaria o piden autorización para vallar algunas calles.  Esta también es parte de la realidad de Jesús Nazareno.

Ojalá ningún funcionario interprete, como ya pasó meses atrás, que me valgo de este espacio que me brinda el diario donde trabajo desde 1995 para quejarme de la inseguridad a viva voz. Aprovecho estas líneas para  refrescar la idea de que semejante inversión pública como la biblioteca de Jesús Nazareno debe ser cuidada porque el dinero (de todos) invertido allí es muchísimo. Y no sólo les hablo a los gobernantes y a sus funcionarios  encargados de diagramar las estrategias antidelito, sino al resto de la sociedad: a los chicos y a sus mayores, muchos de los cuales estudiarán y/o aprenderán en esas instalaciones.

Compromiso se necesita. Ojalá estemos a la altura. Todos.