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Cuando termina de distribuir el agua, Arnaldo Garrido se dedica a la labor en el viñedo de la familia. Esposa, hijos y suegra se suman a la tarea para la elaboración de Posión, hecho con uvas Malbec

Historias de vida: de tomero a productor de vinos artesanales

Mariana Gilgil.mariana@diariouno.net.ar

Arnaldo Omar Garrido (43 años) es tomero, pero hace cuatro años decidió junto con su familia producir su propio vino artesanal, que se llama Posión y se produce de las uvas Malbec de su finca en Russell, Maipú. Su mujer, Claudia Meloni (41); los hijos de ambos, Luciano (17) y Rocío (14); la suegra, María Mercedes Irrera (74), y Roberto, trabajan a sol y sombra por estas horas para levantar la cosecha, que es la materia prima de sus botellas edición 2014.

Mercedes, la pionera en las labores de la viña de unas dos hectáreas que son de su propiedad y hace 45 años plantó con sus propias manos, comparte las tareas con sus herederos y transmite su sabiduría. Ayer, mientras hacía un descanso del trabajo en la tierra y se secaba el sudor dijo con tristeza: “No pagan nada por la uva igual que por la aceituna. Es duro y no hay gente para cosechar, así que con toda la familia hacemos esta tarea”.

En tanto, Claudia, que heredó de sus padres la pasión por la viña y la lleva en el alma, relató la historia del emprendimiento familiar: “Nací acá y tengo casi la edad de la viña, pero por el escaso valor de la producción de uva en el mercado es que decidimos con mi marido, hace cuatro años, elaborar nuestro propio vino. Arrancamos con este proyecto para tener un valor agregado a nuestro trabajo y esfuerzo”.

Y sumó con los ojos llenos de lágrimas: “Queremos desarrollar esta actividad y perdurar en el tiempo para dejarles algo a nuestros hijos para que ellos puedan continuar con el trabajo”.

Por su parte, Omar, recién llegado de su trabajo de tomero de la Hijuela 2ª Guiñazú, donde distribuye el agua para riego y a algunos barrios, y alterna con la actividad en el viñedo dijo: “Esto es una apuesta y amor a la vida. Mis suegros iniciaron el proyecto y nosotros queremos continuar algo que ellos empezaron hace muchos años. Me motiva la tierra y defender la producción. La idea es disfrutar lo que la vida a uno le da y este trabajo es un orgullo”.

Y aprovechó para dar un mensaje educativo: “Es importante que los ciudadanos sean conscientes de que vivimos en un desierto, que el agua es un recurso vital y no ensucien los cauces, ya que sin el agua no podríamos hacer el vino”.

Fruto del esfuerzoCon mucho esfuerzo, la primera barrica con vino se logró en 2009 con la intención de disfrutarla con amigos y en familia, pero el aliento de todos los impulsó a ir por más. Así surgió la iniciativa que se convirtió en un emprendimiento familiar, que poco a poco fue creciendo hasta llegar en la actualidad a las 14 barricas y miles de litros de vino.

En el camino, para lograr la meta, Omar y Clauida, se nutrieron en capacitaciones, seminarios y todo encuentro que permitiera aprender sobre el universo del vino.

Gracias al esfuerzo y al trabajo, el reconocimiento llegó en 2013 cuando la bebida fue distinguida con medalla de plata en Vinandino.

Una de las cosas que más preocupan a Claudia es que “hay muchos emprendimientos inmobiliarios en esta zona que ganan terreno y quedan pocas viñas. Es lamentable porque este lugar es óptimo para el Malbec, el riego es con agua de deshielo y el terruño es muy bueno”.

Con el sello familiar

Si bien el viñedo es añoso y de baja producción, no fue un impedimento para que ellos cosecharan el año pasado unos 7 mil kilos de uvas para elaborar su propio vino artesanal y presentarse en diferentes concursos.

La marca del producto, Posión Uvas y Amor, surgió como una forma de sintetizar el trabajo, el cariño, el esfuerzo y la unión de la familia, y simboliza todo el sentimiento del interior de la botella.

Luciano y Rocío, los hijos de Omar y Claudia, son protagonistas en esta historia. Ellos, además de estudiar en la secundaria, colaboran en el proceso de elaboración, fraccionamiento, envasado y etiquetado de las botellas para luego comercializar el vino, también por los Garrido, en Mendoza y con algunos clientes que tienen en Buenos Aires.

“Yo ayudo en la viña en lo que puedo a mi abuela y en la casa en la molienda de la uva”, contó Rocío.

Y Luciano relató su experiencia en el emprendimiento familiar: “Esto es un arma de defensa para nosotros, que nos dejó mi abuelo para el futuro de la familia. Es muy lindo empezar con una bordelesa y ahora ver todo lo que logramos. Eso nos llena de orgullo y nos alienta a seguir trabajando”.

Aunque sueña con ser ingeniero en Petróleo, Luciano, no piensa descuidar su legado familiar y también estudiará Enología.

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Con el vino propio. Arnaldo y Claudia con Posión, el vino que producen en su propia finca.
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