Es casi un pequeño milagro. Mucha gente ha empezado a discutir en Mendoza cuestiones que tienen que ver con la Justicia y con algunos de sus actores principales: los jueces, fiscales y camaristas.
Esa interesante situación ha tenido una explosión a partir de la postulación del magistrado José Valerio para que ocupe la vacante producida en el máximo tribunal: la Suprema Corte.
Una cantidad inusual de voces a favor y en contra de este candidato se ha desatado como pocas veces se había visto en Mendoza ante una situación similar.
Hay argumentaciones, acusaciones, defensas. Hay debate. No está nada mal. Sobre todo porque obliga a airear los amohosados ámbitos tribunalicios.
La moscatel
Varias razones apuntalan lo que intentamos decir.
Primero, estas cosas permiten que la ciudadanía se adentre en algunos vericuetos del Poder Judicial, el más encriptado de los poderes del Estado y el menos controlado por los contribuyentes.
Aunque anden vestidos de traje muchos de nuestros jueces suelen sentir que en realidad van envueltos en togas y con pelucas blancas. Se sienten exageradamente simbólicos.
Por otra lado están los neófitos, los recién llegados al conocimiento del entramado tribunalicio, los ciudadanos, bah, que son quienes sostienen el edificio de la Justicia aportando a través de los impuestos la "tarasca" necesaria, como le decía la ínclita Cristina Kirchner a la plata haciéndose la experta en lunfardo.
Pero estos, a los que la perinola les cae siempre en "vos poné y calláte", rara vez tienen voz.
Es que, ¿cómo discutir con un doctor en leyes, cómo hacerle preguntas si te espantan con el apolillado sonsonete que reza: "Yo hablo sólo a través de mis resoluciones?".
No responde
"Andá, usía" parecen estar contestándoles desde algunos sectores de la sociedad que están cansados de que los jueces y fiscales nunca tengan que dar explicaciones ante la ciudadanía cuando se mandan alguna macana.
Y eso que se las mandan tupido, sobre todo en la Justicia penal o en la de familia.
Es realmente importante que la ciudadanía sepa si sus jueces, fiscales y camaristas trabajan. O si son de los que se rascan la zona inguinal en los cafés de la calle Pedro Molina.
O si son de los que sólo van dos o tres horas por día a su oficina. O si son faltadores. O si dejan plantados a todos los que estaban citados a un juicio porque se les enfermó el perro.
O si se aparecen a las 10 de la mañana en un juicio que estaba previsto para las 8. Y no le dan explicación a nadie.
Durante años los mecanismos de autorregulación y control que tienen determinados los jueces han funcionado a favor de ellos. ¡Qué vamos a andar controlando a exitosos colegas! parecen decirnos desde los altares de la santa corporación.
Permítame una anécdota
¿Usted sabía, lector, que hay fiscales, jueces y camaristas que no se dejan fotografiar por la prensa? No lo consideran importante.
Mentira. Están muy cómodos en su escondite.
Ellos deciden que ningún contribuyente debe recordar sus caras y nosotros nos tenemos que quedar callados.
¿Cómo no se van a dejar fotografiar si son servidores públicos que cobran estupendos sueldos mensuales, que gozan de dos vacaciones al año, y que encima son ciudadanos de primera que no pagan Ingresos Brutos porque a ellos no se les puede tocar el sueldo.
Ellos jamás van a aceptar que son empleados del Estado.
Calificados, sí señor. Y estudiados, sí señor. Y picos de oro (como dice Sabina), sí señor.
Pero ocurre que en la democracia "todo hombre es un rey", según se cantaban durante la Revolución Francesa.
Cada persona es un voto. Y todos, desde el juez que esconde su vagancia y sus ineficacias hasta el peón de chacra tienen la misma dignidad ante la ley de la república .
Ecce homo
Perdón si me he ido un poco por las ramas. Vuelvo al asunto del juez Valerio, propuesto para ser miembro de la Corte por el gobernador Cornejo.
Cuando el jueves pasado por la noche una larga cola de ciudadanos serpenteaba frente a la Legislatura, muchos se preguntaban si esperaban para entrar a un recital dentro de la Casa de las Leyes.
Nada que ver. Era gente que aguardaba para entregar los avales o las impugnaciones a la postulación de José Valerio como integrante de la Corte.
Ese día dicha documentación se recibía hasta las doce de la noche. Y se batieron todos los récords en presentaciones similares.
El miércoles Valerio deberá enfrentar una audiencia pública que analizará su postulación y en la que se tratarán las críticas y los elogios al postulante.
Mujeres, vade retro
Ya hemos dicho en esta columna que -sin ninguna duda- esta postulación para la Corte debería recaer en una mujer, ya que todos los miembros de ese tribunal son varones.
Una corte signada sólo por miradas y opiniones de varones es una antigüedad insoportable, además de una injusticia para con la mitad de la población de Mendoza.
Sin embargo, y como ya es casi imposible una marcha atrás, digamos, para rescatar la parte positiva, que el caso Valerio va a ser una bisagra en la historia política de Mendoza.
Otras postulaciones similares para la Corte han sido tratadas en conciliábulos o en capillas de amigos, o abordadas como un toma y daca de la política.
Esta vez no sólo las redes sociales han convertido a este asunto en un tema de dura discusión, sino que ha sido un tópico que se ha tratado en las sobremesas y en los cafés.
Mano dura, mano blanda, mano legal. Valerio machista, Valerio traductor del sentir popular contra la puerta giratoria de los delincuentes. Cornejo que atrasa, Cornejo que entiende el momento. No es moco de pavo lo que esto ha generado.




