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Fueron informantes y ahora los deportarían

Los hermanos mendocinos Emilio y Analía Maya viven en Estados Unidos de manera ilegal desde hace 12años y en marzo serían deportados. Hasta aquí podría tratarse de una crónica como tantas otras,

aunque no lo es. Sucede que ambos cuentan una historia asombrosa, digna de una película que no

aburre. Es que operaron cinco años como informantes del Servicio de Inmigración y Control de

Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés) a cambio de una visa para trabajar de forma ilegal. Las "

misiones" comenzaron siendo simples pero luego se volvieron más riesgosas y, según la versión

brindada por Emilio a Diario UNO, cuando quisieron salirse les dieron la espalda y ahora quieren

deportarlos.

Desde Tango Café, en el pintoresco pueblo de Saugerties, en Nueva York, Emilio aclaró ayer

que él y su hermana no "buchoneaban" a indocumentados como ellos, sino que en un principio estaban

detrás de empleadores de inmigrantes ilegales y de quienes vendían documentos falsos, aunque luego

el ICE les encomendó misiones más arriesgadas donde debieron informar sobre operaciones con drogas

y armas. "Tuve miedo y eso me llevó a salirme. Además, veía que esto era como una calesita: nunca

me daban nada. Sólo nos dieron permisos de trabajo válidos por un año", contó Emilio.

El acuerdo que habían sellado con dos agentes del Servicio de Inmigración consistía en ser

informantes a cambio de otorgarles la residencia permanente a través de las visas S, un tipo de

documentación poco común que se concede a personas que ayudan a las autoridades. "Ellos no

cumplieron, me metieron preso por 15 días y ahora nos quieren deportar. Tenemos mucha

incertidumbre, aunque el Congreso discute nuestro caso y este viernes podría llegar una solución",

planteó el mendocino, que se instaló en Estados Unidos a finales de los '90 junto con su hermana.

Una historia asombrosa

El trabajo como espías del Servicio de Inmigración comenzó cuando el policía Sidney Mills,

quien recibía ayuda de los hermanos para resolver casos que involucraban a hispanos, les arregló en

2005 un encuentro con dos agentes del ICE. Allí llegaron al arreglo de ser informantes a cambio de

dos visas S. Emilio y Analía dicen que cumplieron durante cinco años con su parte del trato, aunque

luego aquella agencia se volvió en su contra e intenta deportarlos.

Al principio las misiones fueron sencillas, pero luego se volvieron más arriesgadas. Por

ejemplo, debían recabar información a partir de sus relaciones diarias, datos que luego hacían

llegar a los dos agentes. Ellos estaban a punto de abrir un café y los atormentaba ser ilegales,

por ello siguieron adelante.

En 2006 les encomendaron misiones en donde debían colocarse micrófonos ocultos e infiltrarse

en distintos sitios. Así, se adentraron en un prostíbulo, en una fábrica de cosméticos y debieron

comprar documentos falsos en peligrosos barrios. Además, brindaron información sobre pandillas y

sobre una operación de contrabando.

A esa altura ambos creían que ya habían dado bastante y los agentes nada aún, salvo un

permiso provisorio de trabajo. Cuando les plantearon el asunto les dijeron que si dejaban de actuar

como informantes serían deportados.

En 2008 les pidieron que informasen sobre terrorismo y venta de armas, aunque no consiguieron

nada sobre estos asuntos y no fueron usados nuevamente en operaciones encubiertas. Si bien eso fue

un alivio para ellos, en mayo del año pasado los agentes los amenazaron con deportarlos si no

aportaban datos sobre terrorismo y venta de armas.

Furiosa, Analía apeló a un congresista, quien comenzó a investigar el caso; lejos de obtener

su parte del trato, en noviembre Emilio fue detenido por agentes del ICE y estuvo preso 15 días.

Allí le dijeron que sería deportado en tres meses, plazo que vence el 2 de marzo. "Cuando comenzás

a trabajar para ellos quieren que siempre estés. Quisimos salirnos y no pudimos. Hablamos y se

pudrió todo. Quiero que me den los papeles", se quejó Emilio en su charla con

UNO, esperanzado en que la repercusión del caso juegue a su favor.

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Fabián y Analía: No somos buchones, le dijeron a UNO.
Fabián y Analía: No somos buchones, le dijeron a UNO.
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Fabián y Analía: No somos buchones, le dijeron a UNO.
Fabián y Analía: No somos buchones, le dijeron a UNO.
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El pueblo donde viven los hermanos mendocinos, Saugerties, en Nueva York.
El pueblo donde viven los hermanos mendocinos, Saugerties, en Nueva York.