A diferencia del 2013, el trabajo actoral en el guión del espectáculo de la Vendimia para todos fue un fino hilo conductor que hilvanó una sucesión de cuadros coreográficos en los que se lucieron diferentes estilos de danza, llamativos vestuarios y una dinámica selección musical. El escenario planteado por Luque y Prado mostraba a Los Eternos, unos personajes ficticios y estrambóticos –en su mayoría representados por los más célebres drag queens de la provincia– cuya misión era recorrer nueve destinos para hallar el tesoro del vino nuevo, el vino de la abundancia.
Fue la noche de los Eternos en la Vendimia para todos

Así, el viaje fluyó desde Ciudad del Cabo, con una apertura de enérgica danza afro y acrobacias aéreas, pasando luego por Melbourne (Australia), Florencia (Italia), Hessen (Alemania), Porto (Portugal) y Burdeos (Francia), entre otros rincones. Cada nueva parada renovaba el color y la técnica de baile empleada. Destacaron los cuadros de Rioja (España), con el bailarín flamenco Pablo Garay en el rol principal, y el de Napa Valley (Estados Unidos), en el que el talentoso Menelik Cambiaso atrajo todas las miradas con su excelente técnica y presencia en una coreo de danza jazz al son de Crazy little thing called love, de Queen, interpretada por Michael Bublé.
Después llegó el momento de Mendoza. Allí se hizo hincapié en el departamento Maipú como cuna del vino, destino final de los Eternos en su búsqueda. Primero sonó música del altiplano, con Jaime Torres, y luego, al ritmo de Cactus, de Gustavo Cerati, se vivió otro punto alto que supo amalgamar en el escenario danza clásica, contemporánea y folclórica con un malambo con boleadoras lumínicas que, como todos los malambos, siempre conquista y produce ese efecto mágico de la ovación instantánea. Esa mixtura antecedió un tango final que empezó a cerrar un show con una fuerte apuesta estética y de impacto visual, apoyada por tres pantallas LED y una pantalla gigante central.