Por Enrique [email protected]
Los equipos de radiología están viejos y rotos, y el nuevo, que cuesta unos $2,5 millones, llegará en diciembre. Cuatro mujeres llevan una espera, que va de 50 días a tres meses y medio, para someterse a una intervención.
En Neurocirugía del Hospital Central no operan desde hace dos meses
Le dicen Lucy. Se llama Lucía Gómez (36) y hace tres meses y medio que está tendida en la cama 2, de la sala 415, en el cuarto piso del Hospital Central. Apenas le queda un murmullo. Se está debilitando lentamente y ese lugar, a donde llegó para que ayudaran a sanar su columna vertebral dañada, irónicamente la está llevando a la muerte.
“Tuve un accidente en moto y no puedo mover las piernas”, susurra Lucy. “Estoy internada hace tres meses y medio. Dicen que la máquina está rota y por eso no me pueden operar. Todos los días me dicen lo mismo”, cuenta. Lucy está muy débil. El daño en su columna la obliga a estar totalmente acostada y no se puede ni siquiera cambiar de posición en la cama por sí sola. Eso le ha significado que le cueste alimentarse y beber, y también que se le produjeran escaras y una necrosis en la zona dañada. Familiares de los otros pacientes la cuidan y también los enfermeros, pero son los únicos. Hace tanto tiempo que Lucy está así. Su familia es de San Carlos y les es imposible llegar hasta el Central. “Vienen una vez cada dos semanas, por ahí, si es que pueden”, narra. “Nunca, en todo este tiempo, ha venido a verla ningún asistente social ni del hospital ni de San Carlos”, dice la familiar de otra paciente.
Lo preocupante es que Lucy espera algo que no se ha asomado ni siquiera en el horizonte del presupuesto del Central: un equipo de radioscopía nuevo, ya que los dos que están en el tercer piso son obsoletos para este tipo de intervenciones quirúrgicas. “No tienen la definición necesaria que requiere este tipo de cirugías”, explicó el jefe de servicio de Neurocirugía, Raúl Alfredo Hidalgo.
Lucy es el caso más grave, pero no es el único. Natalia Vonkunoskis (31) lleva dos meses y 15 días internada esperando una operación que le repare la octava y la novena vértebra. Al menos ella tiene a su madre, Fany, que la cuida. María Estela Ormeño (21) también espera hace tres meses. La eterna internación la ha llevado a la depresión y su madre Graciela dice que “la tuvieron que sacar de la cama en donde estaba, junto a la ventana, porque un día quiso tirarse por ahí”.
Esa cama junto a la ventana es la número 4 y ahora está vacía. Hasta hace un rato estaba acostada allí Ana Laura Villegas (25) que, cansada de esperar durante 50 días, inmersa también en un cuadro depresivo debido a la internación, decidió irse a su casa, ya que los médicos le habrían dicho que no había esperanzas de que se pudiera operarla en el futuro, por su cuadro de neurofibromatosis y poder extirparle los dos fibromas que tiene por delante de las cervicales. “Trataré de llevarla al Hospital de Clínicas, en Buenos Aires”, dijo su madre, Patricia Cabrera. “Yo quizás tengo algunas otras posibilidades, pero me angustia mucho pensar en pacientes como Lucy ”, dijo Patricia, que irónicamente trabaja en el área de Acción Social del hospital Perrupato, de San Martín.
Todos, familiares, pacientes y profesionales, coinciden en que el equipo de especialistas del Central es uno de los mejores del país. El problema es que no pueden operar porque no tienen el equipamiento adecuado.
Hoy la vida de estas cuatro pacientes, sin contar las que esperan una cama, vale dos millones y medio de pesos. Eso es lo sale un equipo de radioscopía Phillips como el que se necesita.
El Lagomaggiore y el NottiDesde el Ministerio de Salud el ingeniero Gastón Jaren, director de Recursos Físicos, indicó que la compra del nuevo equipo “ya ha sido autorizada por el gobernador y seguramente estará en el Central en diciembre”. Sin embargo, indicó que ese equipamiento “está disponible en el Lagomaggiore y en el Notti, y pueden ser trasladados al Central para realizar esas cirugías, o el equipo médico puede realizarlas en esos hospitales”, y reconoció: “No sé por qué esos cuatro pacientes no han sido operados teniendo estas posibilidades”.
“Yo traigo mi propio instrumental para operar”“Yo traigo mi propio instrumental para operar”, dice el jefe de servicio del área, Raúl Hidalgo, ejemplificando la crisis de materiales e insumos que hay en el Central. “Si no se puede operar al paciente por falta de equipo, tendrían que cerrar el servicio, no podemos tener al paciente internado indefinidamente”, dice.
Hidalgo reconoce que “el servicio de Neurocirugía del Hospital Central no puede operar desde hace dos meses porque los equipos de radiología están rotos. El aparato se corta a mitad de las cirugías, es un desastre. Las cirugías de columna de alta complejidad no las podemos realizar”, comenta. “Además, hemos reclamado una sala de recuperación de neurocirugía y un equipo de instrumentación, y todavía no aparece nada de todo eso. Demasiada voluntad estamos poniendo”, dijo el neurocirujano.
Mucho tiempo►No todos esperan. Una de las pacientes no soportó la demora y dejó el hospital luego de estar 50 días internada y caer en un profundo estado depresivo. Igual, necesita ser operada.
►Preocupante. La depresión que causa la falta de soluciones se suma a la patología de los pacientes. Una de ellos tuvo un intento de suicidio y debieron ubicarla en una cama lejos de las ventanas.Voces►“Hay un solo juego de sábanas por cama y no dejan que los pacientes traigan su propia ropa blanca. Mantenemos la asepsia a base de desinfectantes” (familiar)
►“Increíblemente, debido a que no pueden hacer nada, los médicos autorizan a los pacientes a que se vayan a sus casas los fines de semana, como para que puedan despejarse” (familiar)
►“Si no pueden operar, que cierren. Es increíble que tengamos gente internada indefinidamente, no sólo por el paciente, sino por lo que significa el gasto de hotelería” (médico)


