Lo que iba a ser una jornada de festejos por el Día de los Jardines de Infantes en Guaymallén terminó con diez niños intoxicados por haber ingerido alimentos contaminados con veneno para ratas y alertó sobre la facilidad con que los chicos pueden resultar envenenados: cada dos o tres días se reporta un caso en alguna guardia de algún centro de salud u hospital, de un niño que consumió raticida. Pero más graves aún son los casos de menores de seis años que se intoxican por ingerir desengrasantes de venta suelta: uno por semana en Mendoza termina con quemaduras graves de boca y esófago.
Los datos surgen del Centro de Toxicología del Ministerio de Salud que dirige el especialista Sergio Saracco. El médico explicó que en los casos de intoxicación por estos desengrasantes que se venden sueltos, los niños tienen graves secuelas por las quemaduras alcalinas que les producen los químicos, tanto en la boca como en el esófago. "Hay por lo menos un caso por semana por quemadura grave en esófago", advirtió.
"Es muy triste el daño que tienen en boca y en esófago. Eso deja cicatrices y retracciones que son tratamientos muy traumáticos. Hay que controlar la venta de estos productos. Casi un caso por semana tenemos de niños con quemaduras graves en boca y esófago, que son asistidos en el Notti. Esto podría ser solucionado partiendo del hecho del control y el envasado", explicó el médico.
De acuerdo a una investigación específica que dirigió Saracco sobre las intoxicaciones con desengrasantes de venta suelta, concluyó que el 60% de las muestras analizadas presentaban un pH por fuera del límite establecido, que eran comercializadas de forma no convencional y en envases ilegales. Si se coloca este líquido en una botella de gaseosa, es prácticamente una trampa para un niño, que lo confundirá con una bebida apta para el consumo.
Con raticidas, cada dos días
El caso de la abuela que con toda buena intención realizó las magdalenas para que su nieto llevara al jardín y que terminó intoxicando a los amiguitos es uno de los tantos que se ven en las guardias de los hospitales. "Tenemos consultas por ingesta accidental cada dos o tres días, en promedio", contó Saracco. El 76% de las exposiciones a raticidas suelen ser involuntarias y el 93% de las consultas es de menores de 6 años.
"El efecto es sólo por comerlo. Cuando lo ingiere el roedor o una persona, inhiben la producción de cuatro factores de coagulación que se producen a nivel hepático. Al interferir en esta producción, empiezan a aparecer fenómenos de sangrado y eso mata al animal", explicó Saracco.
Por lo general, la dosis promedio que suele comer un niño es entre 12 y 15 granitos de veneno. La sintomatología aparece entre los 3 y 5 días, y la gravedad es que las hemorragias pueden ocurrir en cualquier parte del cuerpo: desde hematomas hasta una hemorragia cerebral.
"Generalmente, los padres encuentran al niño ingiriendo esto. El tema es que dejan los cebos en platitos, tapas de dulces y encuentran al nene con restos de granitos en la mano o en la boca", comentó el especialista, quien agregó que aunque los encuentren rápidamente, "siempre es tarde cuando ya lo ingirió".
El médico explicó que lo ideal es tratar de que no se absorba el veneno dentro de la hora o dos horas de haberlo consumido. "Tiene un antídoto que es la vitamina K1. Se da en los recién nacidos, que también tienen déficit de factores de coagulación, por eso todos los hospitales cuentan con esta vitamina", agregó.



