Por Juliana Argañaraz
Cuando el calor se hace insoportable y no hay una pileta cerca, el río se convierte en una excelente opción para paliar las altas temperaturas. Así lo consideran los miles de mendocinos que todos los fines de semana llegan desde temprano a la playita más conocida del río Mendoza, a la altura de Blanco Encalada.
Sombrilla en mano (factor fundamental, ya que no hay árboles que conviden sombra) familias enteras y grupos de jóvenes se instalan a la orilla del río, a veces con cuatriciclos, motos y bicicletas para amenizar el paseo. Es por eso que desde hace una semana y como todos los veranos, personal de Tránsito de la Municipalidad de Luján realiza controles en las principales bajadas al río.
“El domingo pasado pasaron hacia Blanco Encalada y Cacheuta unos 10.000 autos, y hoy (por ayer) ya llevamos un 70 por ciento de esa cantidad”, dijo a Diario UNO Javier Soria, supervisor a cargo de los controles.
Los operativos de Tránsito se montan todos los domingos del verano en los dos ingresos principales al río a partir de las 13 y el personal se retira cuando la mayoría de la gente comienza a irse.
“La semana pasada estuvimos hasta las 23.30 porque hasta esa hora hubo congestión de tránsito.
Mientras tanto, como resultado de esos controles, un solo accidente leve se registró en la zona la semana pasada. “Nosotros hacemos controles de alcoholemia a los conductores y lo que pase en la calle es nuestra jurisdicción”, aclaró Soria, “pero si pasa algo abajo ya es problema de la policía”.
Gasoleros
Si bien algunos tienen planeadas las vacaciones para más adelante, la mayoría de quienes eligieron escaparse al río el domingo aseguraron que se debe a lo barato de la opción.
“Nos traemos de todo, el almuerzo, cosas para merendar, el mate y sobre todo bebidas frescas y hielo. Y líquidos para los mosquitos cuando baja el sol. Es mucho más económico que ir a pasar el día a un complejo y pileta no tenemos”, dijeron Fernando y Camila, una pareja que acostumbra pasar los domingos a la orilla del río.
Oportunistas
Cuentan los habitué del lugar que nunca falta un avivado que llega temprano al río e intenta cobrar entrada a los desafortunados que van llegando atrás. Teniendo en cuenta la cantidad de gente que ingresa todos los fines de semana, la empresa parece bastante rentable.
Sin embargo estas situaciones nunca llegan a mayores ya que todos los que visitan la zona están al tanto de que se trata de un paseo gratuito y masivamente se niegan a pagar por mojar los pies en el río.


