Mendoza Domingo, 17 de junio de 2018

El reloj de Rodeo del Medio se está por quedar sin operario

Es el que pertenece a la torre de la iglesia María Auxiliadora. Quien le da cuerda todos los días se jubila en breve. Funciona desde agosto de 1909. Allí también está el campanario que, cada vez que suena avisa a todos qué hora es

En noviembre cumplirá 65 años y llegará el momento de que se jubile. Desde el año '86 y hasta ahora, una vez por semana, ha subido hasta lo más alto de la torre, aún más allá del campanario, para darle cuerda al reloj.

"Por ahora no hay nadie que me remplace. Por eso ofrecí seguir subiendo ad honórem, hasta que le pueda enseñar esta tarea a alguien", dice José Torres.

Desde el 15 de agosto de 1909, semana tras semana, siempre ha subido alguien hasta lo más alto de la torre para darle cuerda. Alguien ha girado, una vez por semana desde hace 109 años, dos palancas. Una para darle cuerda a la máquina y la otra para que suene la campana, una vez a la media hora y tantas veces como corresponda a la hora en punto.

Y la máquina, después de 109 años, atrasa un minuto cada dos semanas. Sólo un minuto.

El reloj de la torre, la torre de la iglesia, la iglesia de este pueblo con una de las historias más ricas de la provincia, parece estar por quedarse sin su relojero.

Es la iglesia María Auxiliadora, de Rodeo del Medio, mandada a construir en 1898 por Lucila Barrionuevo de Bombal y los sacerdotes salesianos que ya estaban haciendo base en la zona y creando el colegio y la escuela vitivinícola Don Bosco.

En 1909 el reloj fue colocado en casi lo más alto de la torre. Fue comprado en Inglaterra, en W. Potts & Sons Makers, uno de los fabricantes más importantes de relojes para edificios públicos, fábrica fundada en 1833 en la ciudad de Leeds, en el condado de West Yorkshire.

Y en la misma torre, un metro más abajo, fueron colocadas estratégicamente siete campanas. Todas fueron fundidas en la fábrica Poli, en Udine, Italia. Una le corresponde al reloj y es la que suena anunciando media hora y hora completa. Las otras 6 tiene su propia historia.

La primera campana, que da la nota Fa, está dedicada al Sagrado Corazón. La segunda da la nota Sol y está dedicada a María Auxiliadora. La tercera campana es la nota La y recuerda a San José. La cuarta es la nota Si Bemol y está dedicada a San Luis Gonzaga. La quinta es el Do y rinde homenaje a San Isidro Labrador. La sexta corresponde al Re y rinde memoria a San Juan Bosco.

Cada uno de los badajos de las seis campanas tienen una cuerda que, un nivel más abajo, están sujetos cada uno a una palanca. El movimiento de ellos permite realizar melodías simples.

Pero originalmente también las campanas sonaban al vuelo, atronaban el pueblo los días de fiesta, especialmente los 24 de mayo, día de María Auxiliadora. Pero cierta vez un fuerte sismo fracturó la torre, que hasta ese momento estaba construida sólo con ladrillos trabados. "Hubo un desplazamiento de la parte superior de unos 2 centímetros", contó José. La torre se reforzó, pero ya las campanas no replicaron más al vuelo, por temor a que los fuertes movimientos fracturaran más la torre. Ahora sólo los badajos las golpean.

Pero el sonar de las campanas todavía sigue siendo característico en Rodeo del Medio. "Yo vivo a cuatro cuadras de acá y todavía sigo sin mirar el reloj, guiándome por las campanas", dijo José.Cada media hora suena una vez, salvo a las 12.30, "para que esa media hora no se confunda con la de las 13, la una del mediodía", explicó el relojero.

Entonces, sin siquiera mirar, cada quién sabe a qué hora vive.

José espera su remplazo para enseñarle y si no, seguirá él por un tiempo

José Torres está a meses de jubilarse y aún no tiene quién lo remplace. Nació en Palmira en el '53 y su familia de origen es de Ingeniero Giagnoni, pero cuando se casó, en el '81, se radicó el Rodeo del Medio y no se fue más.

Trabajaba en una empresa en Godoy Cruz, hasta que en 1986 comenzó a trabajar en la congregación de los salesianos como encargado de mantenimiento.

Ahora tiene dos hijos y cuatro nietos. La última ha nacido hace unos días. Se llama Evangelina Luz y es las babas del abuelo.

Contó que se hizo cargo del mantenimiento de reloj apenas comenzó a trabajar en el colegio. Tuvo que aprender y las primeras clases de mantenimiento se las dio Antonio Américo Fortte, un histórico relojero de San Martín, que fue el único experto en mantener estas maquinarias en la zona. Incluso cuando se jubiló la máquina del reloj del edificio de la Municipalidad San Martín dejó de funcionar y ya no hubo quién lo pudiera volver a poner en marcha.

"Estoy muy viejo para subirme por esa escalerita de hierro hasta el lugar donde está el reloj y poder repararlo", le dijo don Fortte a este periodista en junio de 2013, cuando el relojero tenía 81 años. Hoy don Fortte no está.

"Vino a enseñarme a mantenerlo y repararlo. Ya era un hombre grande, pero se subió conmigo a la torre y me sorprendió su agilidad", recordó José.

El principal peligro para el funcionamiento correcto del reloj son las palomas, las decenas que se acomodan en el campanario.

"Se llena de plumas y de suciedad que hacen que se puedan trabar los engranajes", dice José.Además está el desgaste natural de los bujes, de cada pieza que ya tiene más de 100 años y que no se han detenido jamás.

"Ya no quedan especialistas. Yo por suerte aprendí y entiendo el funcionamiento y puedo repararlo. Hay torneros que me ayudan a mantener las piezas en condiciones, por ejemplo Misael Furlán, que siempre está dispuesto a resolver cualquier problema y jamás ha querido cobrar por su trabajo".

Es que el reloj y las campanas son del pueblo, de la gente que se ha criado con ellas.José Torres se jubila en noviembre. Busca heredero. El pueblo lo necesita.

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