El problema de la salud, un tema que los políticos no quieren o temen ver

Por UNO

Por Emilio AbagianosEl autor ha sido médico full time (neurocirujano) por 20 años en el Ministerio de Salud de Mendoza.

Tuvimos ministros de Salud en la provincia que eran contadores, arquitectos y otras yerbas, pero ninguno que se hubiera roto trabajando con enfermos y presentando trabajos de investigación reconocidos. Bastaba con ser conocido del político más próximo para lograr el cargo. Hace falta hacer una verdadera transformación del sistema.

Hay que analizar punto por punto, hay que empezar por la cabeza del problema, reconociendo que el ministro de Salud no sirve para conocer estadísticas, sino para conocer de medicina y a partir de ahí tener los conocimientos de sanitarista, con conocimiento de proximidad a los sistemas de salud en países desarrollados, sobre todo aquellos con reconocimiento social.

No alcanza con tener medalla de oro (si nunca vio un enfermo), tampoco si trabajó todos sus años defendiendo los intereses de una prepaga. No hace falta construir hospitales; primero hay que refuncionalizar los existentes, proveerlos de materiales necesarios. Eliminar el caro sistema burocrático de directorios, eliminar el cargo de director médico (generalmente, puntero político sin capacidad de gestión), remplazándolo por un director administrativo, de carrera, asesorado por los jefes de servicio de los hospitales, que son los que saben algo de medicina. Y centralizar en el ministerio las licitaciones, ya que sólo sirven para negocio de los directores políticos.

El médico es el principal eslabón del sistema de salud; trabajando tres o cuatro horas en un hospital se transforma en enemigo del sistema porque lo obligan a competir contra sus intereses, que están en otro lado. Un médico puede trabajar un poco en el hospital, en un sanatorio, y hasta hacer guardia y acompañar emergencias en ambulancia, en un solo día (trabaja en gres o cuatro lugares para poder subsistir).

El médico tiene que ser full time, trabajar en un solo lado de siete a ocho horas y luego retirarse a su domicilio para descansar, estudiar o participar de su familia. Para esto hay que remplazar los cargos de médicos que se jubilan por cargos full time y reducir la plantilla de médicos de los hospitales a menos de la mitad, en forma gradual, y los sanatorios tendrán que trabajar con sus propios médicos, estableciendo una competencia leal. Para que el sistema de médicos full time funcione en hospitales debe existir un sistema de estímulos de producción, que permita el crecimiento económico y profesional (prestigio) del médico. No puede tener un sueldo fijo, que queda en el olvido y termina desactualizado, obligando a la renuncia de los profesionales y terminando en el fracaso del sistema.

Actualmente hay un descontrol de aparatos médicos (resonadores, tomógrafos, angiógrafos, etcétera) instalados en forma caprichosa, sobre todo en el sector privado, que por lo general son aparatos desechados por obsoletos en su lugar de origen y no cumplen con los requisitos mínimos para hacer un buen diagnóstico. Esto hace que exista una sobreoferta, porque se calcula que la aparatología instalada en Mendoza en estos ítems es tres veces más de la necesaria, llevando a la sobreprestación o sobrefacturación, que es su equivalente, y la consiguiente claudicación del sistema de obras sociales. En los hospitales ocurre lo contrario: hay menos equipos de los necesarios, estando los mismos tercerizados y con dudosas participaciones de autoridades hospitalarias.

Con la regularización y el control del ministerio, de la instalación de este tipo de equipos se puede lograr optimización de recursos. El sistema de salud es caótico; lo sufren los médicos, los pacientes y el Estado con su presupuesto. Un sistema de médicos hospitalarios full time va a permitir no solamente el funcionamiento de la salud, sino también saber cuántos profesionales necesitamos formar en la universidad y qué tipo de profesionales en su especialidad.

Otro gran drenaje de recursos de salud lo constituyen los medicamentos. Está comprobado que un 30% de los medicamentos autorizados no tienen efectos sobre la mejoría del pariente, y los trabajos efectuados sobre su efectividad son por lo general hechos y distribuidos por los laboratorios o financiados por los laboratorios. Estos medicamentos son los más caros del mercado, siendo su costo –para un tratamiento de 30 días– mayor a $600.