Por Nacho Rodriguez Jardel@UnSanrafaelino
Al final la bandada dejó solo al pobre Paco. Ni las advertencias emitidas desde el centro del poder y en boca del propio Chueco Mazzón intimidó a los intendentes justicialistas quienes por miedo a perder lo que tienen decidieron nomás desdoblar las elecciones municipales y… que sea lo que Dios quiera.
Los americanos inventaron el “síndrome del pato rengo” para designar a quien ocupa un cargo electivo y cuando se asoma su final de mandato, hay otros que marcan los tiempos u otro que ya fue elegido para ocupar ese cargo. Ahí, el que manda no puede seguir su ritmo y se muestra como un patito al que le falla una de sus patas, cada día el poder se escurre más hasta que finalmente se desvanece.
Es lo que podría encuadrar perfectamente en el actual escenario mendocino. Pasa que al estar permitido que los intendentes sean reelectos y el Gobernador no, y ante una elección presidencial que pinta difícil para el oficialismo (la gobernación mendocina tampoco sería fácil para el PJ), los caciques territoriales son quienes definen la cosa y el Gobernador debe aceptar, sin mucho margen de maniobra, lo que marquen sus ‘compañeros’ aunque la decisión sea claramente perjudicial al poder del mismísimo Gobernador.
¿Adelantará Francisco Pérez la elección a Gobernador? Si eso sucediese el que sentiría el ardor sería el candidato oficialista a la presidencia. También sería la aceptación lisa y llana por parte del justicialismo de que las cosas están jodidas, sería lo mismo que prepararse para entregar el sillón de San Martín.
El enojo del Gobernador hace unos días por televisión, cuando estalló de furia contra Alfredo Cornejo en un acto que lo aleja de la templanza que debe practicar un hombre de Estado, escondería en realidad un dato que maneja Pérez y sus íntimos y que guarda bajo siete llaves: ningún candidato oficialista superaría hoy la intención de voto que tiene el intendente godoicruceño, cualquiera sea el candidato pejotista, cualquiera sea el escenario y la ventaja se habría vuelto –según esa encuesta pagada por el propio Gobierno- irreversible. Salvo que suceda una catástrofe, claro.


