Por Manuel de PazColumnista de UNO
Un nuevo sopapo se ha ligado esta semana la Dirección General de Escuelas (DGE) con lo de los libros “de contenido sexual explícito” que llegaron desde la Nación directamente a las escuelas secundarias locales.
Y, la verdad, el castañazo está bien puesto. La falta de gestión política tarde o temprano se paga.
Papando moscasHace muchos años que en el “gobierno escolar” se vienen haciendo los sotas para no hablar de sexo. Y si hay un período en el que precisamente hay que hablar de sexo es esa etapa de la vida que va de los 13 a los 17 años.
¿Cómo el Estado no va a propiciar que se eduque como corresponde a los jóvenes en el conocimiento de sus cuerpos, de sus despertares sexuales, y de las potentes transformaciones hormonales y psicológicas que experimentan en esa etapa?
Príncipes y mendigosNo faltará quien diga: ¡para eso están los padres!
OK. Pero todos sabemos que la mayoría de los padres arrugan cuando tienen que hablar de sexo con sus hijos. O no tienen los elementos de un profesional para abordarlo.
Lo concreto es que después es el Estado el que se debe hacer cargo (a través de sus hospitales) de los enfermos de sida o de los embarazos adolescentes.
Mire, veaLo concreto es que el Estado tiene la obligación de enseñarles a los jóvenes lo que es la enfermedad del sida y cómo hay que prevenirla.
El Estado, que –recordemos– está separado de las iglesias, tiene la obligación de enseñar por qué hay que usar preservativos o por qué hay que estar informado de todas las enfermedades de transmisión sexual.
No está pintadoEl Estado y los padres tienen la obligación de enseñar cómo evitar los embarazos no buscados y, sobre todo, el embarazo adolescente.
Si después la Iglesia Católica decide aconsejar a sus jóvenes fieles que no usen preservativos, algo monstruoso en épocas de epidemia de sida, es otro durísimo cantar, algo que el bienvenido Jorge Bergoglio debería animarse a revisar.
Populorum progressioEl Estado, a través de los gobiernos elegidos por el pueblo, es la instancia suprema de la civilidad y, en consecuencia, debe seguir los dictados de la ciencia, de la sanidad pública, del progreso humano.
Los “príncipes” de la Iglesia, como el propio papa Francisco, han llamado a los obispos por estar adormilados en la comodidad de sus diócesis tras haber recitado el dogma de que no hay que usar preservativos, no le van a ayudar a criar sus hijos a ninguna mamá adolescente, ni van a cuidar a un ningún chico enfermo de sida ni los van a auxiliar con plata.
CeroEn estas décadas de renacer democrático, el accionar político en materia de educación sexual ha sido lamentable.
En Mendoza, radicales y peronistas –los dos partidos que han ocupado la Casa de Gobierno– llevan casi idéntica cantidad de culpas por querer esconder la cabeza en lo referente a una sana sexualidad. Todo se ha reducido a un torneo de decir “estamos en eso” o “ya empezamos”, para luego comprobar que –otra vez– se rieron de la gilada, o sea, de nosotros, los que los votamos.
Para adultos Parte del escandalete vivido estos días con los famosos libros enviados desde la Presidencia –a través del Ministerio de Educación de la Nación– está enmarcado en esto de querer ignorar sobre temas sexuales.Si usted me dijera que los alumnos secundarios de Mendoza reciben en sus aulas la adecuada educación sexual, tal vez entonces eso les permitiría –no sólo a ellos, sino también a los profesores y directivos– acceder en mejores condiciones a expresiones artísticas como las de las historietas para adultos que están circulando en los colegios secundarios.
Contra/diccionesEs cierto que los adolescentes de esa edad de una u otra forma acceden –sobre todo vía internet o a través de lo que intercambian entre ellos– a expresiones eróticas o de sexo explícito o directamente de porno soft o duro.
El asunto es si un gobierno que se cierra a hablar de sexo como parte de la vida cotidiana, como forma de la sanidad adolescente o del lógico crecimiento, está a la vez en condiciones de hacerse el avispado para difundir entre sus alumnos expresiones artísticas que juegan con el erotismo y sus variantes menos amables, como la violencia, para lo cual hay que tener cierto basamento de comprensión.
Qué te puedo cobrarTriste es entonces enterarse de que, más que open mind, hay otras intenciones menos altruistas, ya que en el fondo todo se trataría de que alguien está haciendo un buen negocio. Y no tanto de mentes abiertas en el plano intelectual.
Esta semana se ha recordado –sin que nadie lo haya desmentido– que estos libros que ahora se reparten le costaron 18 millones de pesos al erario público nacional y que la mayoría de ellos son de empresas cuyos editores son amigos de la causa “nacional y popular” que defiende la Casa Rosada.
Habemus rarezas Pero, además, la DGE tendría que explicar por qué acepta que desde la Presidencia de la Nación la ninguneen con el envío de materiales y que estos libros que tanto revuelo armaron hayan ido a parar a determinadas escuelas mendocinas sin que las autoridades provinciales se hayan enterado del tenor de esos textos.
Es raro. El Gobierno nacional, que se ha especializado en concentrar poder, tiene a su vez estas actitudes de descentralizar determinadas cosas cuando le conviene.
Esto último es algo que va desde los libros “grotescos”, como los calificó injustamente el gobierno de Francisco Pérez a través de la DGE cuando se le armó el lío, hasta el envío de jugosos fondos que van directamente a los intendentes amigos, así sean éstos de la oposición o del oficialismo.
Redondeo: aquí no está en cuestión la calidad de los libros que fueron el centro del debate. Lo realmente “grotesco” es la gestión política.



