Por Alejandro [email protected]
Además de ser un reconocido galeno a nivel local y nacional, destacándose en la especialidad del deporte como médico de varios clubes de fútbol, de la selección nacional de rugby, de la de hockey sobre patines y de las famosísimas Leonas, supo en el pasado trascender como uno de los pocos mendocinos en vestir la camiseta de Los Pumas, protagonizar con la Unión de Rugby de Cuyo las épicas victorias frente a Inglaterra, Francia y Escocia, salir en los diarios en un rapto de calentura, queriendo sopapear a un árbitro en el Torneo Argentino A, y traer a Mendoza al mismísimo hombre sin cabeza.
Liceísta, apolítico y muy amigo del gobernador Francisco Paco Pérez desde que tenían 11 años, con quien fue compañero en el General Espejo, enarbola por máxima una frase del Che Guevara, de quien no es seguidor ni conoce de él demasiado, salvo por la ya mítica expresión: “La única lucha que se pierde es la que se abandona”.
De verba convincente y una impronta propia de quien busca demostrar que estará en todos los temas, el nuevo ministro Matías Roby llegó a la silla eléctrica de la cartera de Salud con los tapones de punta, sin miedo al alto perfil mediático y queriendo mostrar un fuerte y ambicioso proyecto: “Tengo un plan. Sé lo que vengo a hacer y cómo lo vengo a hacer”.
Y sentencia sin más: “Quiero cambiar la historia de la salud mendocina. Poner en marcha el motor de un cambio estructural en el Ministerio de Salud y cultural, en cuanto a la prestación del servicio. Uno no se sube al barco para nada”.
Tras la adrenalinaAmante de los desafíos, el nuevo ministro ya desde la adolescencia demostró esa inclinación.
Una frase suya lo pinta de cuerpo entero: “Yo nunca estoy tranquilo, cuando empiezo a tener equilibrio en tal o cual cosa busco permanentemente algo nuevo, busco algo que me mueva la aguja, que me genere adrenalina”.
Y lo viene haciendo de jovencito nomás. Colgó el fútbol a los 16 años, cuando jugaba en la sexta de Godoy Cruz Antonio Tomba junto con el Gato Oldrá y los hermanos Almeyda, y se mandó a despuntar la fricción del rugby.
Ni la edad avanzada para dedicarse a la guinda ni la férrea competencia fueron para él un obstáculo.
En tres años fue preseleccionado para integrar Los Pumas, donde terminó jugando entre 1992 y 1996.
También a los 16 tenía claro que iba a ser médico. “Ya lo sabía, lo tenía decidido, sin ninguna influencia previa, ningún modelo. Soy el primer médico en mi familia”.
Terminados sus estudios, se formó en una especialidad casi inexistente en Mendoza: medicina del deporte.
Era un campo sin pronóstico para el futuro de la profesión y, por lo tanto, todo un desafío y Roby se animó.
Se fue a aprender a Buenos Aires y consiguió hacerlo con uno de los máximos referentes de la especialidad: “El doctor Roberto Avanzi, un número uno, quien fue médico del club Vélez Sarsfield y del Argentinos Juniors campeón del mundo. Él fue mi maestro durante cinco años. Él me tomó de la mano y me enseñó todo. Viví en su casa y recibí una formación de alto vuelo”.
También se especializó con Avanzi en traumatología y cirugía artroscópica y después, para engordar el currículum y el conocimiento, pasó dos años en el CENARD, el Centro Nacional de Alto Rendimiento Deportivo, trabajando con el doctor Néstor Lentini, quien preparó a Diego Maradona en su juventud y su vuelta al futbol y también a otras glorias deportivas. Todo esto le demostró que con el tiempo “cualquier cosa que te propongas la podés lograr, trabajando y preparándote duro y teniendo claro dónde querés llegar”.
El hombre sin cabezaEjerciendo en Mendoza, se encargó de la coordinación de un curso en cirugía traumatológica para formar cirujanos en el Hospital Central con aspirantes locales y del exterior, y que al día de hoy se sigue dictando.
La novedad no sólo fue el curso, sino que los aspirantes practicarían con cadáveres.
Pero Matías Roby y el laboratorio que dictaba el entrenamiento no tenía aún cuerpos disponibles de la morgue mendocina, ya que estaba en pleno trámite de autorización.
Ni esperaron ni perdieron tiempo. Importaron un puñado de cadáveres de Estados Unidos por única vez, un puñado de cuerpos que llegaron sin cabeza a Mendoza, para horror de los que no están acostumbrados a ver cadáveres.
Los enviaron así por cuestiones sanitarias y fueron tapa de los diarios, poniendo el curso en boca de los principales medios de prensa.
Política ceroEn ese tren de desafíos, Matías Roby jura y perjura que nunca se imaginó terminar en la política y mucho menos ser ministro de Salud.
Comenta una y otra vez en todas partes que no le interesa para nada la política y avisa contundente: “No soy político, soy un técnico cumpliendo una función pública, no tengo apetencias, esto termina cuando se vaya Paco”.
Incluso aclara que aceptó el ministerio y el desafío sólo porque su amigo Paco es gobernador y tiene la garantía de que cualquier decisión que tome “va a ser bancada por él”.
Incluso, su amistad de hace años y cercana con el gobernador Francisco Pérez no lo motivó para tomar de entrada la conducción de la cartera.
“En setiembre de 2011, hablando los dos solos, le dije que si me tenía apuntado no contara conmigo. No me sentía preparado para esa tarea. En cambio, ahora sí”.
Está claro que no se lo habrá imaginado antes, pero cuando Pérez llegó al sillón de San Martín, Roby lo meditaba, al menos por la negativa.
Pero evidentemente las intenciones de Pérez eran tenerlo cerca para algún proyecto futuro.
Quedó muy claro cuando, siendo Paco ministro de Infraestructura (en la gestión de Celso Jaque), puso a Roby como asesor de su ministerio con una de las clases más altas del escalafón, hecho denunciado públicamente y cuestionado por la oposición del radicalismo.
Matías Roby ya está en el timón de Salud, con horizontes altos y queriendo imprimir un fuerte liderazgo, con el que pretende cambiarle la cara a la salud mendocina.
De entradaEn 72 horas de gestión, Matías Roby se empeña en mostrarse como un líder, como el capitán del barco al que dice que se ha subido.
Lo refleja en el modo de hacer sus declaraciones públicas, siempre contundentes y con tono firme: “No me van a ver en el despacho, voy a andar en la calle viendo cómo funciona el sistema”. También en la postura de no mostrar fisuras en cuanto a dudas que naturalmente puedan presentarse y hasta en las batallas que en breve están por venir con las paritarias, en las que, con el estilo propio de los viejos zorros de la política, afirmó sin dudar: “Soy amigo de la Chabela (Isabel del Pópolo) y la Raquel (Blas)”, las líderes gremiales de AMPROS y ATE en el sector de la salud, garantizando que cerrará con diálogo lo que habitualmente se define con conflicto.
Cuando se le pregunta si su paso por el Liceo Militar o el rugby le dieron herramientas para liderar, el nuevo ministro objeta: “El liderazgo es algo con lo que se nace, ya viene marcado en la personalidad. Después el medio en el que te movés te ayudará para ir para adelante o para atrás”.
Sin embargo, admite que el deporte (el rugby, sobre todo) y el Liceo le dejaron enseñanzas de vida: “En el Liceo me enseñaron a sobrevivir, a arreglármelas solo, y en el rugby aprendí que uno vive como juega”.
PerfilNació el 9 de octubre de 1967
Edad: 46 añosProfesión: médicoEstado civil: casado con Gabriela RomoliHijos: Santiago (18), Federica (14), Camila y Macarena (13).Su carreraRugby: integró Los Pumas.
Estudios: hizo la secundaria en el Liceo Militar Espejo. Siguió la carrera de Medicina en la Facultad de Ciencias Médicas de la UNCuyo. Se especializó en Medicina del Deporte, Traumatología y Cirugía Artroscópica en la Ciudad de Buenos Aires, bajo la dirección del doctor Roberto Avanzi.



