Mendoza Domingo, 20 de mayo de 2018

El narcotráfico y su poder arrasador en palabras de Rafael Bielsa

El escritor santafesino presentará el jueves próximo su novela como parte del ciclo Grupo Planeta-Grupo América, en la Sala Cultural Malvinas Argentinas del departamento Las Heras

Es abogado. Fue ministro de Relaciones Exteriores de la Nación, diputado nacional, candidato a gobernador de Santa Fe y titular de la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha Contra el Narcotráfico (Sedronar). Y es, además, poeta y escritor. Se trata del multifacético Rafael Bielsa, que el jueves próximo llegará a Mendoza para presentar su novela Rojo sangre, sobre un tema que es -o debería ser- una de nuestras principales preocupaciones: el narcotráfico.

Bielsa llega como parte del ciclo de escritores Grupo Planeta-Grupo América, que desde hace tiempo acerca a los autores con sus lectores mendocinos. Este año, tras la presencia del autor de Rojo sangre, seguirán las presentaciones del historiador Felipe Pigna (jueves 31 de mayo), quien hará referencia a Mujeres insolentes, una colección de historias de mujeres a las que se les mezquinó la memoria de sus actos, y en el cierre del ciclo, el 8 de junio, Gerardo Tato Young presentará El libro negro de la Justicia.

Todas las charlas tendrán como moderador al periodista Andrés Gabrielli. El ciclo cuenta con la producción general de Franganillo/Comunicación y el auspicio de la Municipalidad de Las Heras.A días de su presentación, así charlaba Rafael Bielsa con Escenario.-¿Influyó tu experiencia al frente del Sedronar en esta novela?-El tema del mundo ligado con el narcotráfico siempre me interesó, porque se trata de una realidad geopolítica, independientemente de las manifestaciones de cada país. Luego está literatura: había leído muchos trabajos sobre esta temática, como por ejemplo, por citar al menos dos obras, El poder del perro, de Don Winslow, y La Virgen de los sicarios, de Fernando Vallejo. Era un tema que tenía en el radar de mis atenciones.

-Hay un desarrollo muy amplio también de lo que es la vida en las villas...-Es que ese es un viejo interés mío. Cuando era militante en los '70, lo hacía en una villa, era militante territorial. Y después vino el estallido de Rosario, que por lo menos en mi caso lo vi venir en el 2006-2007 y lo reflejé en una columna que escribí en el diario La Capital. En el problema de Rosario están metidos el narcotráfico, la policía y la política.-Algo que reflejás en tu novela...-Exactamente. Lo que pasó en Rosario puede replicarse en cualquier lado. Siempre recuerdo lo que me dijo Fernando Henrique Cardoso, quien fue presidente de Brasil: "Yo tuve muchos amigos consumidores que se curaron, pero jamás conocí un Estado al cual el narcotráfico haya entrado que se haya curado". Eso me quedó grabado, en el sentido de que cuando penetra la estructura estatal, después sacarlo es terrible, porque hay toda una red de complicidades.-Es real, pero desalentador...-Lo que yo creo es que los problemas viejos y complejos no tienen soluciones rápidas ni sencillas. Las que tienen que ver con el exclusivo abordaje represivo están condenadas a fracasar. La guerra contra las drogas ya fracasó, es una parte del aspecto preventivo represivo que tiene que existir, pero no es una solución, porque es un problema social. Hace unos días escuché las declaraciones del jefe de Policía de Buenos Aires y las del jefe de la Federal y señalaban un dato sociológico importantísimo: es la primera vez que hay tantos primerizos entre los delincuentes.-En tu novela hay una explicación a esto, porque antes trabajábamos por un sueldo y ahora después de un homicidio tenés una 4x4...-Sí, y después esto empieza a transformarse en una cultura, porque los atributos de identificación de los adolescentes tienen que ver con el narcomenudeo: las zapatillas, la gorra, la ropa, la moto...Cuando se transforma en un estereotipo cultural es mucho más complejo. Y hay que hablar con esos pibes de 14 años, porque tienen una vida emocional adulta. Son papás a los 15 años, se les mueren familiares... La muerte en ese ambiente se toma de otra manera, no como tragedia, sino como un elemento más.

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