Franco Bianco embarcó el 24 de junio de este año en Veracruz (México)  con la promoción Nº143 de guardiamarinas en comisión. La noticia de su embarco lo tomó por sorpresa, ya que fue seleccionado entre 120 egresados.

El investigador mendocino a bordo de la Fragata Libertad

Por UNO

Su espíritu e inquietud por la exploración fueron la llave para adentrarse en el mundo de la navegación. Y no por casualidad fue en la Fragata Libertad, que integra a profesionales provenientes de universidades de nuestro país. Así, Franco Bianco, oriundo de Mendoza, embarcó el 24 de junio de este año en Veracruz (México) para realizar el XLIV Viaje de Instrucción junto con la promoción Nº143 de guardiamarinas en comisión. La noticia de su embarco lo tomó por sorpresa, ya que fue seleccionado entre 120 egresados que respondieron a esta convocatoria. Pero con el correr de los días asumió el desafío y se adaptó a su “segundo hogar”, como él mismo lo define, el que le permitió entre otras cosas mirar su interior y delinear un nuevo norte en su vida para cuando regrese a suelo mendocino.

–¿Cómo se enteró de esta oportunidad?–Me enteré por internet y que existía una sola vacante. La Universidad Nacional de Cuyo hizo una convocatoria a los egresados entre el 2008 y 2013 y además pedían una carta de motivación personal y profesional, como también los mecanismos de transferencia a utilizar para volcar la información a la universidad y a la población en general.

–¿Qué significa esta experiencia en lo personal?–Es como un desafío, una posibilidad de crecimiento. Tengo la oportunidad de ver in situ ciertos temas que aprendí, como por ejemplo navegación o sistemas tropicales. Me pareció apropiado postularme para poder conocer e interactuar con otras culturas de Latinoamérica. Realizar esta travesía es una oportunidad única que merecía ser priorizada en mi vida.

–¿Cómo recibió la noticia de que fue seleccionado?–Desde el instante en que me avisaron, el día 26 de marzo al salir del trabajo, la noticia me tomó por sorpresa. Realizar un viaje a bordo de la Fragata Libertad es realmente un orgullo, ya que es el buque insignia de la República Argentina, que nos representa en aguas internacionales y en cada puerto en el que recala, en simples palabras, es parte de nuestra soberanía nacional sobre el mar. También sentí responsabilidad, ganas de aprender, y a la vez, pensé mucho en mi familia por el tiempo en que iba a estar lejos de ellos.

–¿Cómo fueron los primeros días en la Fragata?–Fueron de adaptación a la vida a bordo y a la dinámica de los guardiamarinas, con quienes comparto gran parte del día. Al principio me costó adaptarme a los horarios y a las actividades, pero me ayudó mucho el grupo que me acompañó y aconsejó en todo momento.

–¿Cómo calificaría esta travesía?–La experiencia de navegar en la Fragata es única e irrepetible. Las sensaciones a bordo son muchas y muy diversas. Me siento muy a gusto con este viaje, me han ensañado cómo realizar cálculos astronómicos para la navegación, organización y maniobras en la Fragata.

–¿Es movilizante en lo emocional?–Las sensaciones diarias cambian en forma constante. La sensación de inmensidad se palpita al navegar por el océano, y de responsabilidad en cada puerto para promocionar y representar nuestro país. Una sensación que se mantiene en lo cotidiano es que siempre hay algo para aprender, de lo personal a lo profesional.

–¿Qué cosas le impactaron? –Una de las cosas que más me impactaron de estar embarcado en la Fragata es la de sentirme como en Argentina cuando recalamos en algún puerto extranjero. Cada vez que desembarco para realizar una actividad y regreso al buque me siento como en casa. Otro aspecto es el profesionalismo que se encuentra en cada persona de la tripulación.

–¿Imaginó esta posibilidad en su vida?–Nunca imaginé que podría tener la posibilidad de navegar en la Fragata Libertad, hoy podría decir que es un sueño cumplido estar embarcado navegando en el buque insignia de la República Argentina, compartiendo la última etapa de formación de los guardiamarinas en comisión, y viviendo experiencias tan intensas que seguramente quedarán grabadas para toda mi vida. Con varios meses en la Fragata, hoy pienso y me cuestiono que estamos viviendo a bordo de un buque desde hace meses y que es inmensa la capacidad de adaptación que tenemos como seres humanos, ya que nunca imaginé vivir durante tanto tiempo embarcado.

–¿Como es un día en la Fragata?–Arranca muy temprano y durante el día las actividades son de distinta índole, como clases para guardiamarinas, pero también se trabaja en los distintos cargos que existen en la Fragata, donde los guardiamarinas completan su formación tanto en forma teórica como práctica. Por la tarde, hay tiempo de estudio y de esparcimiento.

–¿Cuál será su próximo desafío?–A mediano plazo realizar una campaña en la Antártida para desarrollar actividades de investigación sobre el cambio climático global, estado y conservación del sector antártico argentino, y seguir contribuyendo a la ciencia.

–¿Y cuando regrese a Mendoza?–Y a mi regreso a Mendoza, la idea es realizar la transferencia de la experiencia vivida a bordo de la Fragata a la comunidad educativa de la Universidad Nacional de Cuyo, y a la población en general, para que se difunda la importancia que tienen las actividades que realiza el buque insignia de la Argentina durante las navegaciones en el exterior.

–¿Y en lo profesional?–Regreso a Mendoza el 10 de noviembre y retomaré mis actividades laborales como investigador en proyectos del Instituto de Geografía- (FFYL-UNCuyo), consultorías sobre estudios de terreno y aspectos asociados a la reducción de riesgos y desastres; actividades en docencia en nivel medio, terciario y universitario.

–¿Esta experiencia en el mar marca un antes y un después?–El viaje es enriquecedor, estoy aprendiendo mucho sobre navegación, de lo teórico a lo práctico, ya que una de las funciones principales de la Fragata Libertad es la de ser un buque escuela de la Armada Argentina. Se ha convertido en nuestro hogar luego de varios meses de navegación y en el contexto de la inmensidad del mar, es imposible no mirar hacia dentro y realizar una autoevaluación. Pienso en el camino recorrido, pero principalmente hacia donde será mi norte, luego de este viaje, tanto en lo personal como en lo profesional.

–¿Le preocupa el tema del ordenamiento territorial?–Los escenarios de riesgo han aumentado, no sólo por una inadecuada planificación o la inexistencia de la misma en algunos casos, y se requieren profesionales especializados en estas temáticas, recursos humanos formados que trabajen en la investigación, análisis y diagnóstico del territorio, y así lograr alcanzar una adecuada planificación territorial.

–¿Cuál sería su aporte, su granito de arena?–Los escenarios de riesgo seguirán en aumento en muchos sitios de América Latina y otras regiones del planeta debido al cambio climático global, por lo cual el estudio de esta rama me interesa para poder realizar aportes a estos nuevos desafíos de reducción de riesgos que se están planteando en la actualidad y a futuro.

–¿Extraña mucho sus afectos?–Claro que sí, extraño mucho a mi familia y mis amigos. Existen muchos momentos que me gustaría compartirlos con ellos, pero la realidad es que un viaje de este estilo te hace valorar lo afortunado que uno es por tener una familia, amigos y gente que siempre te acompaña y está presente en lo cotidiano. Hay días que se hacen muy largos cuando la nostalgia invade, pero siempre hay alguien con quien charlar, que se encuentra en la misma situación que uno, y con los ojos firmes en la meta, el último puerto, que será la ciudad de Mar del Plata donde culmina este viaje de instrucción.

–¿Qué enseñanza le deja este viaje?–Podría resumir mis sensaciones en una sola palabra: aprender. Cuestiones teóricas y técnicas, pero también aprendo de la tripulación, sus historias de vida y experiencias. He crecido mucho durante este viaje, he madurado aspectos que quizás en la rutina diaria en tierra uno no se detiene a reflexionar. Esta experiencia la recordaré siempre, estoy muy agradecido de esta oportunidad.