Yo estoy asombrado con lo del bicharraco de Malargüe, el dinosaurio del que todos tienen algo que decir y cuyo descubrimiento ha dado la vuelta al mundo.
Pero mi asombro no es tanto con el mastodonte que pastaba en las tierras de Celso Jaque (con perdón) hace 86 millones de años.
No, qué va.
Lo que a mi me sorprende radica en que ese hallazgo y posterior comprobación científica tienen que ver con parámetros que hoy se usan muy poco, o que son escasamente dignificados.
"Hablo, me refiero" (como dicen los vendedores ambulantes con esa delectacción por el énfasis) al esfuerzo, al empeño, al rigor profesional de comprobar que todavía hay mucha gente que no hace las cosas a la bartola, de humanos que nunca apelarían al "sé gual".
Estoy hablando, como se decía antes y aunque suene feo, de la "contracción al trabajo".
Y cuando digo antes me refiero, por ejemplo, a ciertas etapas en que los alumnos no agarraban a trompadas a sus maestros y profesores ni los insultaban.
El Colossus
Y en este caso concreto de los descubridores del grandotazo sureño, me estoy refiriendo a esos apasionados que con una paciencia de santo se pasan meses limpiando un fémur adosado a una roca malargüina para, luego, mucho después, comprobar que era de un Notocolossus.
En suma, me refiero a las personas (sean paleontólogos, bicicleteros dentistas, enfermeros, músicos o cocineros) que trabajan con exigencia y respeto hacia ellos mismos y los demás.
Humanos cuyo más importante compromiso es el de ser honestos y serios con ellos mismos.
Sujetos que con esa honestidad construyen otro tipo de acción militante.
Uy, mirá lo que encontré
Uno no descubre un dinosaurio de 86 millones de años por casualidad.
Bernardo González Riga, el paleontólogo de la Universidad de Cuyo y del Conicet que estuvo al frente de un equipo que concretó el hallazgo, se pasó previamente 20 años de expedición y de campañas en la zona donde finalmente apareció el Grandote.
Hallar huesos no necesariamente es lícito para sacar chapa de descubridor.
Para que esos huesos luego fueran declarados un hallazgo científico debieron transcurrir 7 años.
En ese lapso hubo que efectuar una minuciosa interpretación científica y luego esperar dos años más para que las más respetadas publicaciones científicas del mundo lo sacaran a la luz, previo hacer éstas una auditoría a fin de determinar que esos mendocinos del fin del mundo no eran unos chantas.
Mire, vea
¿Cuántos de nosotros aceptaría pasar todo ese tiempo esperando la noticia?
Sobre todo, ahora que las cosas se obtienen al instante, ahora que todos reclaman por sus derechos (que está muy bien), pero que pocos están dispuestos a cumplir de la misma manera con sus obligaciones
Compare usted los tiempos, el rigor, el detallismo, la comprobación científica, o el estar fuera de casa , de esos investigadores que descubren el inicio de la vida en un sitio recóndito de Mendoza, y compárelo con otras actividades hechas a la marchanta.
Andá, chabón
¿Ha visto usted, por caso, a algunos de esos avivados que se autotitulan performers o artistas de "instalaciones"?
Sí, sí, esos que nos quieren asombrar con una obra de arte consistente en un cajón de manzanas de Furno, más una imagen de la Difunta Correa y otra de Yoko Ono, conjunto al que le adicionan unas 10 velas y un tul negro gastado que le sacaron a la abuela.
El año pasado llegamos al absurdo de que se presentara en uno de los principales museo de Córdoba "una operación artística" consistente en que en las salas no se exhibía nada, solo paredes blancas, y unas poltrones para sentarse a mirar las paredes a fin de descubrir el sentido el arte.
"Sublime, Teusó", como le decía el Doctor Cureta a su socio médico, cada vez que hacían un negocio turbio con la salud.
Pido disculpas a los muy pocos artistas de valía que hacen instalaciones y cuyas obras sí les han costado inspiración y transpiración.
Veamos, si no, a esa otra legión de avivados que se pavonean diciendo que son "curadores" de arte y que ahora tienen tanta o más chapa que los propios artistas a los que dicen curar.
Otra vez aclaro: no niego que hay profesionales serios que hacen eso que se llama curaduría de arte , pero son los menos.
El verdadero curador es una persona que "cuenta con la preparación para desarrollar propuestas de exhibición eficientes, que aseguren una exitosa relación entre los artistas y los espectadores (y, sobre todo, con los compradores), por medio de la obra y el modo en que esta es presentada", según explica Ricardo Ávila Ponce.
Pero son los menos. Hay mucho curador o curadora ladri.
Voy a esto
Lo de Gonzalez Riga y equipo es un ejemplo de esfuerzo y disciplina científica. Y eso no se consigue en dos días.
Además, el esfuerzo y la disciplina hoy no tienen rating.
Muy pocos quieren quemarse las pestañas estudiando ingeniería o sistemas. Para qué, si estudiar marketing o turismo es más fácil.
Hay estudiantes que hasta consideran un esfuerzo tener que buscar cosas en internet.
A mi me da risa cuando se critica que los pobres quieran vivir de un plan social, siendo que en la clase media se vive del subsidio a la luz y el gas, o de piratear películas o música vía internet sin pagarle un sope a ningún creador.
La corto. ¡Chapeau! para estos mendocinos que descubrieron el animalote de marras, y para todos aquellos y aquellas que siguen creyendo que las cosas no vienen del aire, sino que se consiguen con trabajo, con esfuerzo, con disciplina.
Pero no con el sentido de que eso es una condena divina ni que esa forma de actuar debe tener un tono de gravedad extrema y caracúlica, sino con la idea de que las cosas hay que hacerlas bien.
Y porque la vida es demasiado bella como para faltarle el respeto haciéndole trastadas.
