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Estreno. Cuenta con una larga trayectoria pero quiere concursar el cargo. Busca que el servicio sea “de referencia”. Proyecto. Entre los objetivos aspira a garantizar tratamientos adecuados y oportunos para cada enfermo.

El experto Adolfo Capo dirige Oncología del Central

Por Carina Luz Pérezperez.carina@diariouno.net.ar

Un poco en broma y otro poco muy en serio le dicen el Messi de la oncología mendocina. De igual modo, el doctor Adolfo Capo no se la cree y concursará por su cargo para estar al frente del Servicio de Oncología del Hospital Central, llevando sus intensos treinta años de experiencia a ese centro asistencial.

El dato no es menor en un contexto donde el sistema de ingresos en Salud está cuestionado, justamente porque en muchas áreas médicas el concurso fue dejándose de lado, dando paso a las incorporaciones de personal bajo distintas modalidades como los contratos temporales o por prestación.

Por eso, Capo aclara, con humildad, que por ahora es el jefe “interino” del servicio y que viene con un proyecto bajo el brazo para configurar “Oncología en un servicio claramente establecido, porque hasta ahora se parecía más a un policonsultorio”, indica. Y explica: “Esto es así porque la metodología de trabajo de los médicos tenía variables individuales y una de las cosas para medir la calidad de un servicio es restringir la amplitud de conductas. Por ejemplo, si tengo cinco procedimientos diferentes para la misma situación es porque no existe un tratamiento estándar para el caso o porque cada uno hace lo que considera”, dice el hasta ahora director médico del Centro Oncológico de Integración Regional (COIR).

El objetivo descripto por Capo se traduce para el paciente con o sin obra social, en una garantía para acceder a un tratamiento adecuado.

Las metas

Con trabajo en equipo, acuerdos terapéuticos y los recursos necesarios, el flamante jefe quiere que “el Central sea un hospital de referencia en oncología, no sólo por su ubicación física sino a partir de sus prestaciones.

Un hospital puede tener más o menos pintadas las paredes, pero si no tiene un perfil que genere una opinión líder en el medio no tiene razón de ser. De modo tal que mi objetivo, teniendo en claro que es un proceso no un acto de decisión puntual, es transformar Oncología en un servicio líder, para que todos los que quieran consultar tengan la tranquilidad de que es un servicio con peso institucional y profesional propio”.

Entre reuniones con todos los miembros del área, la intención es desarrollar tres ejes de trabajo: trabajar en red con otros hospitales, profundizar la tarea en cuidados paliativos, y abrir un espacio específico para encarar la prevención del cáncer con estrategias de largo plazo.

En su visión, la prevención es una deuda pendiente de los profesionales de la salud y del sistema sanitario en un sentido amplio, desde la formación en la universidad hasta las campañas puntuales contra algunas patologías.

Él especialista fue formado en la universidad pública, hizo sus residencias en el Central y señala como una falla en la instrucción de los profesionales el poner el acento sobre la enfermedad y el tratamiento y no sobre la prevención de las patologías.

El cáncer, los precios de los medicamentos y el derecho

Una realidad subyacente a la especialidad oncológica es la enorme cantidad de medicamentos que crea y renueva en forma constante la industria farmacéutica. Industria que tiene estrategias de promoción destinadas a direccionar las elecciones profesionales en detrimento de los productos genéricos. Como consecuencia, es frecuente que los pacientes pidan estos nuevos productos porque tienen expectativas sobre los mejores resultados.

Capo no esquivó el tema y reflexionó en varios sentidos: “Antes de los años ’70, la utilidad de un tratamiento médico era medida de forma empírica, luego se instrumentaron los ensayos clínicos. Al tiempo se sumó el costo para ese paciente en términos de calidad de vida. Ahora, a todo esto se suma la farmacoeconomía, que ofrece el modo de averiguar si el medicamento es aplicable en un país”.

Agregó que “un médico puede indicar sin malicia algún procedimiento válido desde el punto de vista médico, pero el financiador no lo puede costear. Ése es un debate que aún nos debemos, es decir, si el médico debe pedir algo que no se puede financiar o si lo pide y luego se busca cómo pagarlo”, concluyó.

De todos modos, Capo dejó en claro que un hospital debe tener un vademécum propio, lo que no significa que ante un nuevo descubrimiento la negativa a incorporarlo sea cerrada. “Es positivo fijar límites, pero también ser suficientemente flexibles para traspasarlos”, concluyó. 

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